Aún invencible, con 13 puntos de 15 posibles en este inicio de liga y camino de su reestreno en la Liga de Campeones, el miércoles contra el PSV Eindhoven, el Arsenal solventó un partido que pareció un enredo toda la primera parte y más allá, con la irrupción de un futbolista más suplente que titular en el esquema de Mikel Arteta, pero indiscutiblemente crucial desde su llegada mediada la temporada pasada.
El 0-1 fue la recompensa. A la hora de partido, la posesión era abrumadora del Arsenal, un 77 por ciento. En ese momento, la ofensiva ya era total, lanzado a por el gol de la victoria, rebelado contra el empate sin goles que expresaba el marcador, pero no el terreno de juego, por más que el equipo londinense tampoco disponía de tiros a portería, nada más un remate de Martin Odegaard repelido por Pickford al inicio del segundo tiempo.
Insistía. Lo intentaba. Centros, remates contra los cuerpos rivales, pases sin destino... Una vorágine en torno al área del Everton, que resistía. Era la mejor señal para el equipo de Liverpool, acostumbrado a cotas menores, al sufrimiento hasta última hora, a la agonía para alcanzar la permanencia en las campañas más recientes. Lo solventaba bien... Por entonces.
Salvo en el gol anulado en el minuto 19. En la misma jugada, el Arsenal lamentó la decisión del VAR y la lesión de Martinelli. Primero, el extremo definió a la perfección, a toda velocidad, con un efecto perfecto con el pie derecho, imparable para Pickford. La revisión tecnológica detectó la posición ilegal previa de Nketiah cuando se desató la jugada. Lo invalidó. Ya había sentido la lesión al internacional brasileño en la tensa espera.
El vertiginoso futbolista se tocó el muslo, conversó, no se percibía bien del todo. Después, se lanzó al suelo, fue atendido sobre el césped y tomó el camino del vestuario. Con el reestreno de los 'Gunners' en la Liga de Campeones a la vista el próximo miércoles, es una mala noticia para Mikel Arteta y para el brasileño, pendiente de las pruebas que determinen la dimensión de la dolencia muscular.
Pero el equipo londinense tienen muchos recursos. A Martinelli lo reemplazó Trossard, que marcó la diferencia sobrepasada la hora del encuentro, con el pase atrás de Bukayo Saka y el remate incontestable de la zurda del atacante, fichado el Brighton por 24 millones de euros y una pieza sustancial para Arteta: en los 26 duelos a sus órdenes, 12 como titular, ha producido trece goles. Tres como definidor (dos esta campaña) y diez como pasador.
La forma con la que abrió el pie izquierdo para conectar un remate nada simple, primero, y colocarla, después, al otro palo, inalcanzable para Pickford -incluso golpeó en el poste el balón antes de tocar la red-, agrandó los méritos del goleador para derribar al Everton, con el que su equipo había perdido en cuatro de sus últimas cinco visitas. No ganaba en Goodison Park desde 2017. Y sólo había vencido en once de sus once visitas más recientes.
David Raya fue el elegido para la titularidad en la portería del Arsenal. Su debut como 'gunner'. Apenas tuvo trabajo. El Everton fue un equipo intenso, resistente, pero prácticamente inofensivo. Sólo tiró una vez a portería en más de hora y media de enfrentamiento. En cuatro de sus cinco encuentros, no ha marcado ningún gol.
Es antepenúltimo en la clasificación, con un punto de quince. Y sólo ha logrado dos victorias en sus últimos 16 partidos en esta competición, entre las once finales de la pasada temporada y las cinco de la actual.
Ya con cinco jornadas jugadas de la Premier League, con tan solo una victoria, es indudable que el Chelsea aún no funciona ni siquiera con la llegada de Mauricio Pochettino ni con la transformación de la plantilla ni con la inversión de 462 millones de euros; de nuevo en evidencia con un empate a nada contra el Bournemouth para quedarse a diez puntos del liderato del Manchester City con 15 disputados.
Ese es el mejor resumen de la diferencia entre las expectativas y el actual Chelsea, que sólo ha ganado hasta ahora en la competición liguera al Luton, pero cuya crisis no es nada nueva, viene de atrás, de una temporada horrorosa cuyo fin es hoy por hoy imperceptible. Hay datos sonrojantes para él: sólo ha ganado dos de sus últimos 17 partidos en la Premier o ha sido derrotado en cinco de sus siete salidas más recientes en ese torneo.
No sólo eso, sino que, de no ser por dos paradas de Robert Sánchez, el diagnóstico y el resultado de su visita al Bournemouth (decimoquinto, el Chelsea es decimocuarto) habría sido aún peor. También, igualmente, de no haber sido por Neto, el guardameta en la otra portería, podría haber ganado, sobre todo en una volea de Cole Palmer dentro del área.
Porque siempre juega al filo del precipicio. De la victoria y de la derrota. Mientras ajusta sus piezas, dentro del rompecabezas aún nada concluyente construido en el primer tramo de esta temporada (se presentó en el estadio Vitality tras dos derrotas en cuatro citas de la 'Premier'), con el tiempo que eso requiere cualquier proyecto, el margen se acorta. Un empate no alimenta la paciencia. Sólo ganar. Y el Chelsea apenas gana.
Su puesta en escena fue prometedora. Un remate de Gallagher, capitán; el tiro de Nico Jackson al poste al principio o la movilidad de Sterling invitaban al optimismo 'blue', aún en proceso de lograr todo lo que quiere. Está lejos todavía de ello, de ser el equipo que pretende Mauricio Pochettino, de reencontrarse con sí mismo, tras el caótico último curso.
El remate de Outtara, superado el cuarto de hora, fue un aviso para el conjunto londinense; todo lo contrario a lo sucedido antes: un alivio para el Chelsea, sostenido por la fantástica parada de Robert Sánchez, insuperable para el extremo del Bournemouth, para trasladar el choque a una igualdad absoluta sobre el terreno, alterada por otro tiro de Gallagher, a la que contestó magnífico Neto con reflejos, con la mano derecha, para frustrar el tanto.
Una ocasión inigualable, que, en condiciones normales, un equipo como el Chelsea y un centrocampista como él, llamado a un papel crucial en el esquema de Pochettino, deben transformar en mucho más que la estirada meritoria del guardameta contraria. Su posición, dentro del área, centrado, quizá algo forzado para el remate, tampoco es una excusa para un lanzamiento tan centrado. De ir a cualquier lado, habría sido imposible para Neto.
No hubo apenas noticias ni de Enzo Fernández, en esa posición más adelantada, ni de Mudryk. Un problema para el Chelsea. Los necesita. La demostración es la única aparición pujante del ucraniano en todo el encuentro, con la velocidad con la que sólo fue alcanzado por una falta al borde del área. El lanzamiento posterior de Sterling, preciso, imparable, se estrelló en la escuadra, botó sobre la línea... Y lo remachó Colwill a gol, en fuera de juego.
Era el minuto 50. Aún demasiado poco con todos los recursos que dispone el Chelsea, aún insuficiente para superar al Bournemouth, también con respuestas por mucho que no haya ganado aún ningún partido en la 'Premier' en la era iniciada este verano por Andoni Iraola, con su tercer empate en cinco jornadas, aún fuera de las posiciones de descenso, con el matiz de que su calendario lo ha enfrentado ya a Liverpool, Tottenham y un Chelsea menor.
La fuerza en el medio campo de Lesley Ugochukwu, el futbolista de 19 años e internacional sub'21 francés fichado al Rennes por 27 millones de euros, era entonces el mejor argumento del Chelsea. Había jugado 7 minutos este curso en la Premier hasta su titularidad de este domingo. No estaba disponible Moisés Caicedo, por unas molestias derivadas de los partidos internacionales de la selección ecuatoriana de la última semana.
Su ofensiva creció. Nada del otro mundo. Sin alardes. Por empuje. Neto intervino para parar otro remate de Nicolas Jackson y otro rechace a Colwill, multiplicado entonces, con más trabajo casi en un instante que en todo el duelo, entre la intención del Chelsea, un equipo desesperante en los últimos metros. En cada incursión en el tramo final, cada futbolista visitante eligió casi siempre mal. O ejecutó mal el pase, el centro o el tiro que se propuso, como lo hizo Cole Palmer, que conectó una volea centrada, sin oposición. Debería ser gol.