La mayoría de los periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales llevan varios días clamando contra la amnistía. Una cosa es el indulto, que está reconocido en la Constitución, y otra muy diferente la amnistía. Aunque los beneficiados del proceso no cumplieron con los requisitos que la ley exige, Pedro Sánchez, haciendo uso de sus facultades, propinó un sonoro cachete al Tribunal Supremo y concedió el indulto a los condenados por el grave delito del 1 de octubre de 2017.
La amnistía es otra cosa. Supone afirmar que no hubo delito, que el Tribunal Supremo se equivocó y que España no es un Estado de Derecho sino un Estado opresor. Conceder hoy la amnistía, en contra del espíritu de la Constitución, constituiría una gravísima ofensa al Tribunal Supremo y fragilizaría la entera armadura del Estado de Derecho. Por eso, no sólo los políticos del centro derecha, sino los más destacados políticos del centro izquierda han levantado sus voces para rechazar la tropelía que el PSOE sanchista está a punto de cometer.
Junto a la mayor parte de la clase política, la casi totalidad de juezas, jueces, magistradas y magistrados que han alzado sus voces, lo han hecho para rechazar una ley que no se promulga con el objetivo de sosegar la situación catalana, sino para que Pedro Sánchez obtenga los siete escaños que precisa en su investidura, los escaños de los que dispone el prófugo y golpista Puigdemont en el Congreso de los Diputados.
Interesante relato el que expone y desarrolla OK Diario. A juicio de este periódico digital, si los históricos del PSOE encabezados por Felipe González se movilizaran no habría amnistía, Pedro Sánchez carecería de fuerza para llevarla adelante.
El PSOE socialdemócrata que lideró Felipe González se convirtió en una agrupación de alto prestigio en toda Europa. La posición del expresidente del Gobierno y de sus colaboradores supone todavía hoy un peso específico atronador en la opinión interna del PSOE. Por explicables razones de lealtad, los barones felipistas hablan, pero no parecen dispuestos a actuar. Son muchos los socialistas a los que encantaría que, además de opinar, el mundo felipista ejerciera alguna acción real en el seno del partido. Entregar España a la extrema izquierda antidemocrática y a los partidos que anuncian su voluntad de despedazar nuestra nación, constituye un objetivo que los antiguos líderes, respaldados por algunos de los nuevos más prestigiosos como Emiliano García-Page, podrían evitar si se movilizaran contra Pedro Sánchez, el cual, por un plato de lentejas, por un puñado de escaños, puede hacer un gravísimo daño histórico al PSOE y también a España.