José María Cernuda | Lunes 04 de febrero de 2008
Hace unos días, el Real Automóvil Club de Catalunya hizo público un estudio sobre la siniestralidad de los peatones en las ciudades españolas. Un estudio donde se evidencia que España es uno de los países con mayor número de atropellos en nuestras ciudades. Un tercio de los fallecidos en accidente de circulación son peatones. Y el 97 por ciento de los peatones atropellados en ciudad lo fueron fuera de los pasos señalados o cuando los semáforos no les otorgaban la prioridad.
Este hecho trágico e incuestionable ha sido contestado por la entidad Ecologistas en Acción que se declara “perpleja” por el estudio del RACC, afirmando que la razón de tan alto número de atropellos es el excesivo número de automóviles y la velocidad a la que circulan estos vehículos.
La entidad, cuya competencia en aspectos ecológicos no ponemos en duda, adopta la técnica de culpabilizar al río cuando se ahoga un bañista.
Es cierto que en nuestras ciudades (y en todas las del mundo) se circula muy frecuentemente a más de 50 kilómetros por hora. Pero incluso aunque se circulase a 30, si un peatón irrumpe en la calzada, sus posibilidades de supervivencia son muy remotas. Y por reducción al absurdo, podríamos eliminar los atropellos prohibiendo circular.
No es verdad que las víctimas son un tributo al progreso. Son sólo un ejemplo más de la inexistente formación en aspectos de seguridad ( y no sólo vial) en el proceso educativo y formativo de nuestra sociedad. Habrá menos atropellos cuando estemos mejor formados, porque para que la gente no se ahogue, lo mejor es enseñarles a nadar y no prohibir los baños.
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