Reunir a más de 60.000 personas en una plaza madrileña y sus aledaños no es tarea fácil para ningún partido político. Gran éxito de Alberto Núñez Feijóo. También de José María Aznar, que tomó la iniciativa, y de Mariano Rajoy.
Me aseguran que el presidente del Partido Popular tiene guardadas en la manga algunas cartas que amargarían la gestión política de Pedro Sánchez, suponiendo que no se produzca una sorpresa mayúscula esta semana.
La indignación de un considerable sector del pueblo español contra el presidente en funciones, que estuvo contenida durante el verano, ha vuelto a crecer. Caer de rodillas ante un prófugo de la Justicia e implorar su ayuda resulta incompatible con la dignidad de España. Pedro Sánchez ha pisoteado la imagen de la nación por el plato de lentejas de siete votos fugaces que pertenecen a un partido secesionista, democristiano y de derechas.
En el Congreso de los Diputados, en el Senado, en las Autonomías y Municipios, en los programas audiovisuales y también en la calle, Feijóo debe abrir un frente incansable que sitúe al PSOE sanchista ante sus rendiciones y sus vergüenzas. Una parte sustancial del PSOE, del socialismo auténtico, no oculta su indignación por la situación a la que la ambición de Sánchez ha llevado al partido que engrandeció Felipe González.
El éxito de la manifestación del domingo demostró que si no se amontonan las torpezas, la moderación del centro derecha, la moderación del centro izquierda, ganarán el órdago que el Partido Popular ha lanzado. La Transición significó el fin de las dos Españas a garrotazos; representó el triunfo de la concordia y la conciliación, dentro de las discrepancias naturales en una sociedad democrática.
El éxito popular de Feijóo el domingo mostró esa cara esperanzada que nutre el ejercicio de la igualdad. Es la realidad histórica iniciada en 1812 y que está en vigor todavía. La Constitución del 78 significa el reconocimiento de que todos los españoles son libres e iguales ante la ley. Y que la soberanía nacional en ellos reside.