Opinión

Ir al carajo

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 27 de septiembre de 2023

Como no soy millonario mucho me temo que me quedaré en Tierra. (En mayúscula por tratarse el asunto del sistema planetario) Mi condición económica no me da para tener cohete propio ni tampoco posibilidad de viajar en vehículo espacial de los reservados solo para los inmensamente ricos. Yolanda Díaz nos ha desvelado el secreto mejor guardado: “Las élites tienen un plan para huir de la Tierra en cohetes, si nos vamos al carajo” Al parecer, cosa que da por hecho la ministra de Trabajo en funciones merced a lo señalado por los grupos ricachones más selectos de que, literalmente, nos vamos todos al hoyo, menos los que tienen diseñado un “plan B” para escapar en cohetes ya preparados.

Por mi condición económica, como antes apunté, me tendré que conformar con huir de este planeta en coche de línea. Tengo abono transporte gratuito gracias a doña Isabel Díaz Ayuso, que no es poco y Dios la conserve muchos años. Otra cosa bien distinta es irse al carajo, que se antoja lugar de difícil acceso y tal vez aún habitado por salvajes. No me gusta visitar lugares inhóspitos y mucho menos hablar con desconocidos por mucho que te presentes al jefe de la tribu dominante diciendo que llegas de parte de Yolanda Díaz. Hoy en día, tanto el carajo, como la isla Sentinel y las islas Andamán, de la India, han sido declarados como los lugares más peligrosos del mundo. El carajo con mayor motivo, e insisto, por mucha recomendación de la Vicepresidenta segunda de un gobierno entregado al engaño y a la traición constitucional. Además que para mejor comprensión y según la RAE lo de “irse al carajo” significa estropearse o tener mal fin. De manera que ir allí para nada, es tontería.

Me hago cargo de la situación tan complicada por la que atraviesa doña Yolanda. Alguien que pretende brillar a golpe de estilismo, fondo de armario y demás cucamonas, como si el encanto sensual que fascina formara parte de los contratos de trabajo de los cerca de 700.000 fijos discontinuos, que el día que abandonen el seno materno las oficinas de empleo se convertirán en zonas catastróficas. Y no digamos lo de su encuentro con Puigdemont, ambos grandes divos de haute coiffure en medio de Waterloo. El grupo ABBA nos dejó semblantes del municipio belga en su exitosa canción, quizás recordando el final de aquella batalla tan perjudicial para Napoleón, pero un servidor, aplicando algo de imaginación y unos ligeros retoques de adaptación a su letra, el epigrama puede quedar resultón:

Waterloo, menos mal que escapé de España

Waterloo, ahora regreso a Cataluña,

Vuelvo en Falcon, con soberanos honores,

Rodeado de amnistías y aclamaciones.

Waterloo, después de mi tamaña hazaña,

Vuelvo como caudillo de España.

Gracias, Yolanda. Tu glamur y roncerías

Me han devuelto la armonía.

Y aquí estamos, doña Yolanda, esperando no se sabe qué, mientras la élite tiene cohetes privados y usted, antes o después, también se ciscará por hacer lo contrario a lo que dictan las exequias de la vida, que no es otra cosa que dejar de aplicar el jarabe democrático a quienes huyen escondidos en el maletero de un coche saliendo por pies del procés. Pero Sumar, es decir usted, se anticipa a la justicia y defiende la amnistía sin complejos para pasar página y cargarse España. Pues prepárese que los okupas también quieren absolución para lo suyo y también se reivindican como afectados por haberse apropiado de lo ajeno haciéndolo propio por la cara. O sea, una vez que se abre el melón de la desintegración del estado de derecho pues manga ancha para ocupar casas sin ningún miedo legal o penal. Es decir, la versión inmobiliaria del “Sólo Si es Si” con sus ofrendas a los inculpados y el castigo para los afectados.

En fin, Saturno y Marte para los ricos que allí estarán esperando los Gucci, Louis Vuitton, Armani y los Tiffany & Co. Un servidor se queda en la Tierra. Soy más de marcas blancas.