El fútbol actual, con su hacinamiento de partidos, ofrece la oportunidad casi automática de alcanzar la redención. En esas se descubrió el Real Madrid esta tarde en su estadio, todavía dolorido por la debacle defensiva padecida en el derbi del Metropolitano el pasado domingo. Tres días más tarde del patinazo, su primera derrota del curso, regresó el favorito al Santiago Bernabéu para tratar de recuperar el liderato liguero. Así de rápido se pasan las depresiones en este deporte. Los merengues sólo tuvieron que superar al particular Las Palmas para sanar de inmediato.
El bloque canario, aunque esté bordeando los puestos de descenso según muestra la tabla clasificatoria, es un equipo muy bien trabajado. Se mueve en torno a la brújula del Barcelona de Pep Guardiola. Palabras mayores. Juegan a tener la pelota, a asociarse y a mandar. Ese es el predicamento de su entrenador, Xavi García Pimienta. Pasó 15 años en La Masía, estuvo tres temporadas a los mandos del Barça B y cuando sonaba para suplir a Quique Setién en el primer equipo culé, fue despedido.
Llegó en enero de 2022 a Gran Canaria para devolver al club a Primera. Y lo logró a la segunda. Por eso, y porque su paleta combinativa rima a la perfección con la cultura futbolística de su hinchada, se cree con devoción en esa manera de competir. La realidad evidencia que sólo Madrid y Barcelona le superan en posesión de balón, y son los menos goleados del campeonato. Entonces, ¿dónde está el problema? Arriba. Carecen de un goleador que no les haga pagar las contraindicaciones del estilo 'blaugrana' en plantillas menos fuertes.
Esa fue su perdición en este atardecer madrileño de rotaciones. Carlo Ancelotti dejó en el banquillo a Kroos, Modric y Bellingham -al fin le dio descanso-, y esperó para volver a dar minutos a los recuperados Carvajal y Vinicius. En consecuencia, debían tirar de la ofensiva nombres como Joselu y Brahim Díaz. Ellos dos recibieron la alternativa y rindieron como se esperaba: gran despliegue, buenos movimientos, trabajo, capacidad de amenaza... y una sequía goleadora de impresión. La tribuna madridista les trata con ánimo y confianza, aunque las fallen de todos los colores. Sabe el socio que les va a necesitar en esta larga temporada.
Quiso el preparador italiano que buscaran los desmarques de ruptura y en profundidad para superar a la adelantada zaga canaria. García Pimienta fue coherente con su aviso y jugó "de tú a tú" contra el 14 veces campeón de Europa. Presión, juego de toque y valentía. Por eso Alaba y Rüdiger no dudaron en buscar los balones directos hacia la espalda de los centrales visitantes. Y ahí se toparon los delanteros locales con el fuera de juego, primero, y con el meta Álex Vallés, después. Al descanso la tarjeta fue la siguiente: 18-4 en remates y 8-0 en tiros a puerta.
Jugaron los capitalinos con buena actitud, pero se estrellaron en su ausencia de pericia para finalizar. Con Brahim Díaz y Fede Valverde como desestabilizadores destacados, el asedio arrancó con una volea centrada de Rodrygo a las manos del portero -minuto 7, tras una de las múltiples pérdidas cometidas por la zaga visitante-. Y prosiguió con una tenebrosidad creciente de la ofensiva madridista. Joselu perdonó dos manos a manos con el arquero y Brahim otro más -siempre con chuts al centro-. Vallés se fue tornando grande ante la falta de contundencia rival, acumulando paradas cómodas.
Aceleraron Valverde y compañía antes del intermedio y cuando parecía que su respingo iba a quedar en nada -Rodrygo, Joselu y Nacho perdonaron al borde del área pequeña-, un mal despeje visitante le entregó la pelota a Lucas Vázquez -relevo del lesionado Alaba- y el lateral centró atrás con astucia para que Brahim, que una mezcla de calma y dudas, esperar el momento para anotar desde el punto de penalti. Restalló la sensación de alivio en Concha Espina, camino a vestuarios. El trabajadísimo 1-0 subió al electrónico en la última jugada del primer tiempo. Tierra prometida.
Ordenó García Pimienta asumir algo más de riesgo en la reanudación, ya con Kirian en el campo (realizó siete modificaciones el técnico con respeto a la victoria isleña del pasado fin de semana). Hasta ese momento fue fiel a su identidad: 48% de posesión, ni un tiro a puerta -son el equipo que menos centra al área y remata de LaLiga-. Así que sus jugadores dieron un paso al frente, con Jonathan Viera y un subrayado Javi Muñoz a los mandos. Pero se toparon con el anverso del plan y Joselu firmó el 2-0 en el minuto 54. Rodrygo se escapó con más espacios y dibujó un centro aterciopelado para el testarazo cruzado e imparable del gallego.
La rabia con la que Joselu festejó su diana, golpeando al césped con el puño varias veces, ejemplifica el mal que le aqueja -también lo padece el voluntarioso Rodrygo-. Está seco de goles. Y la ovación del respetable describió las ganas de ver a esta plantilla crecer. Aprovechó el Madrid que los canarios viajaron sin colmillo para recuperar sensaciones en casa, sin seducir a nadie, en una suerte de catarsis que festejó la vuelta de Dani Ceballos y, sobre todo, de Vinicius. Su baja de cuatro partidos se ha vuelto un mundo para sus compañeros. No obstante, fabricó 80 goles en los dos cursos precedentes. A este sí que le van a necesitar.
0- Las Palmas: Álex Vallés; Sinkgraven (Cardona, min, 45), Saúl Coco, Curbelo, Julián Araújo; Javi Muñoz (Perrone, min. 78), Mfulu (Kirian, min. 45), Jonathan Viera (Loiodice, min. 78), Munir, Cristian Herrera; y Sory Kaba (Marvin, min. 57).
Goles: 1-0, min. 48: Brahim Díaz; 2-0, min. 54: Joselu.
Árbitro: José Luis Munuera Montero. Sin amonestaciones.
Incidencias: partido correspondiente a la 7ª jornada de LaLiga, disputado en el estadio Santiago Bernabéu (Madrid).