Daniel Viaña publica en el diario El Mundo una información sagaz que carece de desperdicio. Según el autor, “España lidera la Eurozona en deuda pública y en déficit”. Frente a la verborrea gubernamental; frente a las manipulaciones y exageraciones; frente al intento permanente de engañara la opinión pública, Daniel Viaña recoge datos oficiales y contrastados que demuestran la realidad económica española, en relación con las naciones de la Unión Europea.
“Las cifras concretas durante la pandemia son las siguientes -según Viaña-: España pasó de tener una deuda del 98,2% del PIB a cierre de 2019 a un máximo del 125,7%. Un incremento de 27,5 puntos. Y en el primer trimestre del presente año la cifra se redujo al 112,8% del PIB, lo que supone un aumento de 14,6 puntos. Incluso si se tiene ya en cuenta la revisión del INE, que arroja una deuda del 111,2% a cierre del segundo trimestre, el incremento alcanza los 13 puntos del PIB. Muy por encima de todos los demás países salvo de la economía francesa”.
El Gobierno, sin embargo, no toma medidas para reducir la deuda pública. Y precisamente por la inoperancia del sanchismo se puede afirmar que nuestra nación seguirá ocupando lugar destacado en en ese factor esencial. Con un agravante. La deuda deberá ser pagada, con los intereses correspondientes, por las nuevas generaciones. Gastar hoy, en fin, para mantenerse en el poder y que tallen otros cuando no se pueda estirar más ni el poder ni la deuda.
A Pedro Sánchez, la realidad de un sector de nuestra economía le entra por un oído y por el otro le sale sin romperlo ni mancharlo. En 1947, José María Gil Robles e Indalecio Prieto, ambos en el exilio, coincidían en considerar que el centro derecha y el centro izquierda deberían concordar los aspectos relevantes de la economía española, si bien manteniendo las razonables discrepancias derivadas de ideologías políticas distintas. Así lo hicieron constar en el llamado Pacto de San Juan de Luz.
Sirvan, en fin, estas líneas de paréntesis cuando el Congreso de los Diputados ha votado mayoritariamente por segunda vez contra la opción representada por Alberto Núñez Feijóo, el político que, a pesar de la derrota, ha salido reforzado como presidente del Partido Popular y jefe de la oposición.