A pesar de los juegos malabares de Yolanda Díaz Iscariote; a pesar de las enmascaradas manipulaciones; a pesar de la crecida artificial del funcionariado público; a pesar de la camelancia de los fijos discontinuos, las cifras son muy tenaces y el Gobierno se ha visto obligado a reconocer que en las oficinas de empleo se produjo durante el mes de septiembre un aumento de 19.768 personas más en el paro.
Ante la imagen deslumbrante que el Gobierno sanchista se esfuerza por mantener, la realidad es que el paro en España le dobla el pulso a Europa y que en las alambradas del desempleo Yolanda Díaz Iscariote se está dejando muchos jirones de sus elegantes vestidos de marca.
Desde el año 2018 no se producía un dato tan malo en el mes de septiembre. Aparte de la alta crecida del desempleo, la contratación indefinida disminuyó al 19,6% en el último año, lo que supone el 44,8% del total. La excusa de que el Gobierno está en funciones no parece sólida. La verdad es que, cuando el desempleo debería galopar hacia las cifras medias de la Europa unida, sigue manteniéndose en unas proporciones alarmantes, que tal vez serían más alarmantes todavía si se trabajara sobre cifras objetivas sin las trampas de los fijos discontinuos y otras camelancias.
El Gobierno frentepopulista del sanchismo no inspira confianza. Y como el paro depende en gran parte de la confianza del empresariado en el sistema, porque son las empresas las que crean empleo, la situación permanece estancada y no avanza lo que la’ pospandemia debería acreditar.
No se trata de un factor más en la economía española. Se trata de un capítulo sustancial que radiografía la situación económica de España. Y es necesario que todos, políticos, sindicalistas, empresarios, trabajadores se ocupen de coordinar los esfuerzos para instalar el país en el camino por el que avanzan nuestros competidores europeos.