Con la sencilla serenidad que le caracteriza, Felipe VI ha cumplido con su deber constitucional, tras las complejas elecciones del 23 de julio. Hizo bien desde la neutralidad que vertebra la Monarquía parlamentaria, al proponer como candidato a Alberto Núñez Feijóo, que representaba al partido más votado y al que sólo le faltaban cuatro escaños para alzarse con la mayoría absoluta. Superó el Monarca la crítica de un sector de la izquierda que deseaba una actitud del Rey contraria a Feijóo.
Hizo también lo que debía hacer Felipe VI, cuando, fracasada la investidura de Feijóo y consultados los diversos partidos, quedó claro que el candidato con posibilidades de sumar la mayoría es Pedro Sánchez. Algunos representantes de partidos de la derecha radical la han emprendido contra el Monarca vaticinando su quiebra a corto plazo. En la Casa del Rey se sabe mucho de ciertas maniobras. Con el dictador Franco hubo un sector que desencadenó voluminosas campañas contra la Monarquía, denigrando a su titular que era Don Juan y vapuleando a su hijo el entonces Príncipe de Asturias, Don Juan Carlos
Felipe VI ha cumplido con su deber en una situación compleja y extraordinariamente difícil. Las decisiones del Monarca han respondido a lo que la Constitución le tiene encomendado. Y la Constitución fue abrumadoramente aprobada por la ciudadanía en 1978 a través de la voluntad general libremente expresada.
La neutralidad de la Monarquía parlamentaria ha quedado otra vez de relieve. Frente a tarascadas de diversos sectores a izquierda y a derecha, el Rey ha sabido salvaguardar la neutralidad de la Corona, el equilibrio de la Monarquía parlamentaria. En el año 2017, como hizo su padre en 1981, el Rey Felipe VI cumplió con su deber pronunciando un discurso memorable en favor de la unidad territorial de España y en contra de los que habían pretendido fracturarla.
Juan III, el hijo de Alfonso XIII, el padre de Juan Carlos I, afirmaba siempre que el error de su progenitor consistió en no defender la Constitución frente el golpe de Estado de Primo de Rivera. En febrero de 1981, Don Juan sólo hizo una recomendación a su hijo: “Cumple al milímetro lo que la Constitución te exige”. Si viviera, Don Juan se sentiría orgulloso de la seriedad y la forma serena con que su nieto Don Felipe encarna los valores de la Monarquía parlamentaria. En la relación de la ONU sobre las naciones del mundo por su calidad de vida, por la libertad y la prosperidad figuran, entre las diez primeras, siete Monarquías parlamentarias.