Opinión

El feminismo radical es antiecológico y antiestético

TRIBUNA

José María Méndez | Viernes 06 de octubre de 2023

El siguiente diálogo está tomado del artículo Respeto, publicado por Alfonso Ussía en 'El Debate' de 2 septiembre 2023. Llamamos La otra a la interlocutora de Ussía.

La otra: ¿qué pasa que me cedes tu turno por ser una tía. Ussía: No se lo cedo por ser una mujer. La otra: Pues me quedo en mi sitio y tú en el tuyo, que no necesito favores de ese tipo. Ussía: Y yo le pido perdón por haberla confundido con una señora. La otra: Idiota.

Ussía usa el usted y La otra el tú. Cuando ésta toma el cortés ofrecimiento de un desconocido como ofensivo, Ussía hace notar la diferencia entre mujer y señora. Una mujer es sólo una hembra, un animal humano de sexo femenino. Una señora supone reconocerla como persona y tratarla como tal. Al final La otra empieza a insultar y Ussía se calla.

Salta a la vista el valor ético del Respeto en Ussía la falta de respeto en La otra. Pero sobre todo, el diálogo sirve para poner de relieve la diferencia entre el feminismo valioso y el feminismo radical.

El feminismo valioso consiste en la reivindicación de derechos negados injustamente a las mujeres. No podían votar, no podían optar a cátedras universitarias, etc., etc. Pero este feminismo valioso no renunció nunca a los valores estéticos propios de la feminidad. Pedían justicia donde no la había, pero no pensaron nunca en abolir toda diferencia entre la mujer y el varón. Evito usar la palabra hombre por los equívocos que suscita su doble sentido.

Una excelente presentación del feminismo valioso se encuentra en el reciente libro dirigido por Cristina Hermida del Llano y titulado “Mujeres con alma española/iberoamericana.” (Ed. Dykinson 2023). En la página 7 figuran estas palabras de Clara Campoamor, que lo dicen todo. Sólo aquel que no considere a la mujer como un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y de los ciudadanos no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre”. Con terminología más precisa, diríamos persona en vez de ser humano. Negar a la mujer derechos iguales al varón es lo mismo no reconocerla como persona.

Este feminismo es valioso porque está respaldado por el valor ético del Respeto a la persona, que denomino “Paz”. Y más concretamente por el primero de sus subvalores, al que doy el oportuno nombre de “Igualdad”. Como personas, mujeres y varones son absolutamente iguales. Pues ante ellos se abre la misma la escala de valores éticos a realizar.

Los jurisconsultos romanos acuñaron el lema neminem laedere, no agredir a nadie. Pensaban exactamente en lo mismo que aquí denominamos Respeto a la persona o Paz. No se hablaba en aquellos tiempos de Ecología o Respeto a la naturaleza en general. Ni se habló después hasta tiempos muy recientes. Sólo en la década de los 60 del siglo XX empezaron a sentirse los letales efectos de la contaminación ambiental, que ahora está tan en el candelero. Por eso dividimos el gran valor del Respeto en Respeto a la naturaleza o Ecología y Respeto a la persona o Paz. Y comprendemos el orden entre ambos subvalores respecto a su cumplimiento. Primero es la Ecología y luego la Paz. Si no se respeta la naturaleza, no se respeta la persona. La Ecología es condición sine qua non para la Paz.

La reivindicación de las injustas discriminaciones contra la mujer se sitúa en el valor de la Paz o Respeto a la persona. En cambio, la pretensión de abolir in toto la diferencia entre mujer y varón choca de lleno contra naturaleza y el valor de respetarla o Ecología. Por eso el feminismo radical es antiecológico.

La mujer no nace, se hace, decía Simone Weil. Pero el sexo distingue entre mujer y varón desde el acto mismo del nacimiento y hasta la muerte. El sexo humano entra dentro de lo que entendemos por Naturaleza. Weil niega la evidencia.

En efecto, el feminismo radical carece de toda lógica y racionalidad. Lo cual no ha sido obstáculo para que sus falacias se hayan difundido por los medios de comunicación hasta el aberrante fanatismo que sufrimos en nuestra época. El apasionamiento ciega la inteligencia hasta ese punto. Y no sólo en las personas singulares, sino también en las masas. Se llega a negar cualquier diferencia entre el día y la noche.

Por otra parte, el feminismo valioso ha creado todo un mundo de valores estéticos propios de la mujer. Basta recordar a las niñas saltando a la comba y cantando Mambrú se fue a la guerra, o tantas otras melodías igualmente bellas y poéticas. Basta ver a una mujer haciendo encaje de bolillos. O a las majorettes desfilando. Por no hablar de la moda en el vestir y el ornato del cuerpo. El hecho de que la palabra esthéticien designe una profesión es bien significativo de que estamos en el terreno de lo bello o lo pulcro en la vida de la mujer.

La naturaleza ha hecho a la mujer más débil físicamente que el varón. No reconocer este hecho elemental ha llevado a ver ahora a mujeres trabajando de bombero, de soldado o de minero. Invadiendo estas actividades, renuncian a ser mujeres de primera y se degradan a varones de segunda. El feminismo radical promueve un lamentable complejo de inferioridad, que obviamente no existe en el feminismo valioso. Este siempre hace gala de las cualidades propias y distintivas de la mujer, y que la engrandecen como persona. En cambio, las feministas radicales se avergüenzan de ser mujeres y quieren imitar a los varones. Prefieren los pantalones a las faldas. O vemos a las niñas que juegan al fútbol mezcladas con los niños en los colegios. Salta a la vista su inhabilidad para un deporte eminentemente masculino.

Así pues, el feminismo radical induce a las mujeres a renunciar a aquello para lo cual les ha dotado la naturaleza, y a dedicarse a lo que harán siempre peor que los varones, también por simple ley de la naturaleza. En cambio, no vemos niños saltando a la comba. No parece que los varones sufran del complejo de inferioridad en cuestión. Y por otra parte, el lenguaje agresivo y los malos modales, que caracterizan a las feministas radicales, se explican como el socorrido recurso para disimular el complejo de inferioridad ante los demás, y sobre todo ante sí mismas.

El Respeto a la persona está detrás de las muestras de deferencia y cortesía, con que la galantería ha tratado siempre de endulzar la desventaja física de la mujer. Se echa de ver incluso en los piropos. Dejando de lado los soeces, encontramos en ellos belleza o valiosidad estética. Por ejemplo, olé, las que no tienen concolé, dicho ante una nariz algo chata, pero que resulta atractiva o con gracia precisamente por eso. Concolé quiere decir con qué oler. Aparte de su valor estético, detrás de un piropo con salero están los valores éticos del Respeto a la persona y del Respeto a la naturaleza o Ecología.

Así pues, el feminismo radical es doblemente antivalioso. En ética, porque pisotea la Ecología o Respeto a la Naturaleza. Lleva a parecidas letales consecuencias que contaminar las aguas, echando residuos industriales a los ríos, o degradar el aire con los humos sin reciclar de las chimeneas.

Y es por segunda vez antivalioso en estética. Destruye el enorme tesoro de valores culturales y enriquecedores de lo genuinamente femenino, acumulado a lo largo de tantos siglos por el feminismo valioso.

En conclusión, la igualdad como personas entre mujeres y varones es valiosa. En cambio, su forzada igualdad contra naturam es odiosa.

NOTA. Con terminología más rigurosa, uso en mis libros la palabra fisiodulia en vez de ecología. Se trata de respetar la naturaleza -doulos- y no de conocerla -logos-. Y no se limita a respetar el medio ambiente -ecos-, sino que incluye el sexo y el soma humanos, que también forman parte de la naturaleza -fisis-. Con todo, ecología es el término que todo el mundo entiende.