Opinión

"Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión"

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 07 de octubre de 2023

Este el título de la Asamblea General ordinaria del Sínodo de los Obispos, que el Papa abrió el pasado día 4, festividad de San Francisco de Asís, con una Eucaristía oficiada en la Plaza de San Pedro. Una Asamblea, que es la decimosexta de carácter ordinario que se organiza en el Vaticano desde que fuera creada por san Pablo VI en 1965, siguiendo la propuesta del Concilio Vaticano II de dar continuidad a la Asamblea mediante reuniones periódicas de los obispos en representación del mundo entero.

Pero, ¿cuál es el fundamento de este Sínodo?. Pues nada más y nada menos que abrir un tiempo de escucha y discernimiento, que en palabras del Pontífic, favorezca la comprensión de la sinodalidad como dimensión constitutiva de la Iglesia, y ayude a todos a vivirla como hermanos y hermanas que dan testimonio de la alegría del Evangelio”. La clave prioritaria es que conduzca a una reflexión real dentro de la Iglesia, de forma que el documento final que firmará el Papa en 2024 afronte las inquietudes expresadas por todo el “pueblo de Dios” consultado, y que han dado como fruto un documento de trabajo, o “Instrumentum laboris”, que es el punto de partida para la reflexión de los participantes en la Asamblea, y en el que figuran una serie de preguntas sobre los desafíos de la Iglesia y en el que se evita dar afirmaciones o tomas de posturas y que refleja los resultados de más de dos años de consultas en todos los continentes. Entre muchos otros temas, además de los que aparecen más señalados en los medios de comunicación, por ser los más sensacionalistas, como la ordenación de mujeres o el tratamiento de la iglesia a las personas LGTBI, propone preguntarse “¿cómo impulsar la especial participación de los laicos en la evangelización en los diversos ámbitos de la vida social, cultural, económica y política?· o por ejemplo,”si la Iglesia consigue dar testimonio de la posibilidad de concordia más allá de las polarizaciones políticas”.

Por lo pronto ya tenemos algunos resultados o acuerdos, como es el de la formación en los seminarios. Así se ha puesto de relieve la necesidad de la participación de los seminaristas en la vida comunitaria y en que tengan experiencias con los más pobres. El objetivo es que los futuros sacerdotes sean animadores de la vida eclesial desde su experiencia, vida misionera y testimonio de vida sinodal, haciendo hincapié en el necesario desarrollo de una mística de la sinodalidad, de una Iglesia en salida, de una formación enraizada en las realidades de las que proceden los seminaristas

Y ya hemos introducido la palabra “sinodalidad”, o lo que es lo mismo, crear una nueva cultura en la Iglesia, un nuevo modo de hacer, un estilo de la Iglesia para el siglo XXI. El Sínodo de la Sinodalidad supone un impulso hacia una Iglesia más fraternal y misionera en la que, como en toda comunidad, existen formas distintas de pensar, pero que con la escucha recíproca en el afán de comprender y aprender unos de otros, se puede llegar a implicar a toda la Iglesia en la reflexión sobre sus prioridades para facilitar la meta de la Evangelización.

La palabra “sínodo” significa caminar juntos, y se ajusta perfectamente al Sínodo sobre la Sinodalidad entendida como actividad del Pueblo de Dios. Los Sínodos ayudan al Papa en el gobierno de la Iglesia y en el fondo es lo más parecido a un “miniconcilio”, un foro de encuentro y de reflexión, que suele concluir con la votación de un documento final de sugerencias al Papa. No son asambleas decisorias, pero el contenido ayuda al Pontífice a estudiar a fondo el tema abordado que, además, suele convertirse en documentos de magisterio, como ocurrió, por ejemplo, con la Evangelii Nuntiandi en 1975, de san Pablo VI; la Christifideles laici en 1988, de san Juan Pablo II, o la Evangelii gaudium en 2013 de FRANCISCO.

464 personas participan en este Sínodo, aunque el número de miembros con derecho a voto es de 365. Hay 81 mujeres y de España asisten 21 personas,17 hombres y 4 mujeres. Todos ellos nos llevarán hasta el final de la reunión, en los últimos días de octubre.

Un mes que también ha amanecido con la gran noticia de la nueva exhortación del Papa Francisco “Laudate Deum”. Un texto dirigido "a todas las personas de buena voluntad sobre la crisis climática" y que es una continuación o puesta al día de la Encíclica “Laudato si”, que FRANCISCO publicó hace ocho años.

Un importantísimo texto del que hoy solo voy a recoger este párrafo, ya que FRANCISCO destaca que: ”La decadencia ética del poder real se disfraza gracias al marketing y la información falsa, mecanismos útiles en manos de quienes tienen mayores recursos para incidir en la opinión pública a través de ellos. Con la ayuda de estos mecanismos, cuando se piensa iniciar un emprendimiento con fuerte intervención sobre el ambiente y altos efectos contaminantes, se ilusiona a los pobladores de la zona hablando del progreso local que podrá generarse o de las posibilidades económicas, laborales y de promoción humana que esto significará para sus hijos. Pero en realidad no parece interesarles de verdad el futuro de estas personas, porque no se les dice con claridad que detrás de ese emprendimiento quedarían una tierra arrasada; unas condiciones mucho más desfavorables para vivir y prosperar; una región desolada, menos habitable, sin vida y sin la alegría de la convivencia y de la esperanza; además del daño global que termina perjudicando a muchos más”.

Mi aplauso una vez más al Papa, mientras otros han estado unas pocas horas mirando la Alhambra de Granada.