Opinión

La movida madrileña que sobrevive

Antonio Hualde | Miércoles 29 de octubre de 2008
A principios de los años 80, un puñado de grupos sin complejo alguno comenzó a hacerse un hueco en el panorama musical madrileño. Mamá, Los Secretos, Nacha Pop, Pistones y Glutamato Ye-Ye entre otros hicieron las delicias de toda una generación. Su música aún perdura, y canciones como “La chica de ayer” de Antonio Vega, o “Déjame”, del malogrado Enrique Urquijo, son ya por derecho propio himnos inmortales de la música española. Todo este talento se congregaba en un puñado de locales bien definidos: Argüelles y sobre todo Malasaña le pusieron altavoz en garitos de la talla de La Vía Láctea, Penta o el mítico Rock Ola, cuyo lugar ocupa hoy un supermercado. El progreso necesita víctimas.

A Dios gracias, la descomunal herencia de “la movida” ha seguido los pasos de un buen vino, apreciándose con el tiempo. Pero ¿Qué queda de entonces? Hoy, a modo de catas arqueológicas, podemos vislumbrar apenas 4 sitios de lo que fue uno de los fenómenos culturales más importantes de la historia contemporánea de nuestro país. “100x100”, en Santísima Trinidad, llamado así porque sólo se pinchaba música cien por cien española. El “Penta” sigue abierto, pero ya no es lo que era; quedará para siempre en la letra de “La chica de ayer”, eso sí. No obstante, hay dos emblemas que siguen impertérritos al pie del cañón. Uno es “La caleta”, en Joaquín María López, lugar de culto para quien empezaba –y aún sigue- con sus primeras cañas, donde Pedro y Elías consiguen desde hace más de 20 años imprimir ese sello personal que sólo los elegidos poseen.

El otro “emigró” a Pozuelo, y es en su Avenida de Europa donde está “La Frontera” del mejor pop español. Allí Scottie, último gurú del sonido, sigue poniendo la que sin duda es la música con más calidad de todo Madrid. Si alguien quiere ver al bajista, o al guitarra, o al batería de “tal” grupo –son muchos, y sería imperdonable olvidar alguno-, no tiene más que dejarse caer por allí. Y del resto, el recuerdo. Como los desaparecidos “Jácara”, Oh Madrid”, “Four Roses” o “1900”. Qué curioso que de todo este tema, y coincidiendo con el bicentenario de 1808, donde más se hable sea en dos restaurantes franceses, “Le Petit Bistrot”. Uno en la Marina Española y otro en Ponzano; Centro y Chamberí, dos de los barrios donde más se zurró a los gabachos, y en los que hoy sus bisnietos nos ofrecen lo mejor de la gastronomía gala, en un ambiente que, de haberse vivido hace dos siglos, seguro que las cosas habrían sido bien distintas. Un restaurante frecuentado por músicos…sólo en Madrid es posible.

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