A los políticos se les llena la boca con aquello de que el pueblo es soberano y que ellos son meros transmisores de su voluntad; pero amigos, los partidos políticos temen que el pueblo se pronuncie más que a una vara verde.
En nuestro periodo democrático, que yo recuerde, se ha convocado al pueblo, en referéndum, solamente para votar la Constitución, para decidir la permanencia en la OTAN y para aceptar la entrada en la Unión Europea.
En el caso de la permanencia en la OTAN, además de su transcendencia, había otro ingrediente. El PSOE, en el gobierno, había cambiado de postura y de defender la salida pasó a defender la entrada. Acordaos de aquel rompecabezas: “De entrada no”.
Para tener tanta fe en el buen juicio del pueblo parece muy escaso el número de referendos. Ya vemos que si lo dejamos en manos de los partidos solo habrá referendos cuando la Constitución los haga inevitables.
Pero creo que motivos hay en abundancia, como cuando ocurren circunstancias o hechos de importancia o cuando, como ahora, el partido en el gobierno va a tomar decisiones que, gran parte de la población, cree que contradicen los postulados de su programa electoral.
¿Por qué no votar sobre asuntos importantes, para la buena marcha de la sociedad o sobre asuntos en que está dividida? Y no por decisión del gobierno, sino de la propia sociedad, mediante la recogida de un número de firmas, a establecer como necesarias, para la pertinencia de convocatoria del referéndum.
Limitaríamos así la manipulación de los partidos a la sociedad pues esta habría de pensarse bien la conveniencia de la solución a tomar en problemas que le afectan y cuyos efectos solo se podrían revertir, caso de ser negativos, mediante la convocatoria, por el mismo sistema, de otro referéndum.
Naturalmente los partidos políticos se oponen a esta idea que puede ser un camino por donde verían escapar su poder de manipulación.
Como siempre, tengo que referirme a Suiza, nación en la que el avance de la democracia directa es tan efectivo que apenas deja lugar para la lucha de partidos.
Allí reservan cuatro domingos al año para agrupar en cada uno de ellos varios referendos pendientes sobre cuestiones que la sociedad ha decidido, mediante este sistema de firmas. Y deciden cuestiones que les afectan, esperan las consecuencias de sus decisiones y si se equivocan convocan otro referéndum para rectificar. Así de sencillo.
Como ejemplo del tipo de referendos que celebran, elijo uno de gran calado y que nuestros partidos políticos nunca dejarían en nuestras manos: En 2014 el pueblo suizo decidió la no pertinencia de la subida del salario mínimo. Atendieron la opinión: “los gremios patronales y los partidos conservadores se oponían a la medida por considerar que PERJUDICABA A LOS QUE PRETENDÍA PROTEGER y alertaban de que provocaría la destrucción de empleos”. Un argumento que caló entre los votantes. ¿Acertaban? ¿Se equivocaban? No es este el acertijo que os propongo. Lo que me interesa es dejar claro que en sus manos y solo en ellas, estaba la decisión. Y si se equivocaban, también estaba en sus manos rectificar. Por su propio interés.
Pero amigos, los partidos políticos huyen de escuchar la voluntad del pueblo y no les interesa que se manifieste, si no está previamente manipulada a su favor, no convenciéndola con sus razones, sino haciendo que odien las del contrario.