Jordan Henderson no es un futbolista del montón. Nació en Sunderland y se apuntó a la cantera de este club a los ocho años. Por aquel entonces entrenaba también en las montañas de la región con su padre, un ex policía y futbolista amateur. Debutó a los 18 años en la Premier League y fue cedido al Coventry City de la Championship (Segunda División inglesa). Cuando volvió a su club nunca bajaría de Primera. Le compró el Liverpool y pasó en Anfield 12 temporadas. Allí se convirtió en el capitán indispensable, aunque vistiendo la camiseta 'Red' se fue a ver al Sunderland en la final de la Copa de la Liga que perdió contra el Manchester City (en 2014). Una Liga de Campeones, una Premier League, dos Copas de la Liga, una FA Cup, un Mundial de Clubes y dos Supercopas -inglesa y europea- lucen en su palmarés.
Pero su importancia en la sociedad británica va más allá. Desde que tomó el relevo de Steven Gerrard como capitán del Liverpool, en 2015, asumió esa responsabilidad con determinación y responsabilidad tanto dentro como fuera de las canchas. En 2020, durante lo más duro de la pandemia de Covid-19, promovió una reunión con el resto de capitanes de los equipos de la élite del fútbol inglés para crear un fondo que recaudaría millones de libras para el sistema sanitario público británico. La idea fue que todos los futbolistas de la Premier League aportasen a ese fondo para invertir en los servicios de urgencias.
Ese mismo año se erigió como un símbolo de la lucha por los derechos LGTB al apoyar públicamente la causa. Activo en redes sociales, prestó su ánimo y comprensión a un aficionado que publicó que el Liverpool le había ayudado a gestionar la presión por su orientación sexual durante su adolescencia. "Todos son bienvenidos en el Liverpool", expuso el capitán del club 'Red'. Palabras mayores que fueron interpretadas como una rotunda declaración de respaldo contra la homofobia en el Reino Unido. Y, por otro lado, Henderson dio un paso adelante alineándose con la voluntad de los aficionados contra la creación de la Superliga europea. Lideró la iniciativa y buscó organizar a todos los capitanes de los clubes de la Premier para plantar cara. Alzó la voz, como representante de la plantilla, alegando esto: "No nos gusta y no queremos que suceda (...) Esta es nuestra postura colectiva. Nuestro compromiso con este club de fútbol y sus aficionados es absoluto e incondicional".
Su implicación con las causas que van más allá del fútbol, como su participación en reuniones con autoridades sanitarias y políticas para combatir el coronavirus, le han valido un reconocimiento en todo el país. No en vano fue condecorado como miembro de la Orden del Imperio británico "por sus servicios al fútbol y a la caridad, sobretodo durante la pandemia del Covid-19". Sin embargo, su reputación ha sufrido una erosión para parte de la población británica desde este verano. Porque decidió abandonar Liverpool y embarcarse en una nueva etapa en Arabia Saudí. Firmó un contrato de tres años con el Al-Ettifaq FC de la localidad saudí de Dammam. Allí le entrena, curiosamente, Steven Gerrard. Y con 33 años cobra cuatro veces más que en el Reino Unido. En torno a 800.000 euros semanales.
Esa barbaridad económica le convenció. Y no le ha apeado de la selección inglesa, con la que ya ha jugado 79 partidos oficiales. El pasado viernes volvió a Wembley para disputar el amistoso que Inglaterra desarrolló ante Australia. Fue titular en el triunfo de su seleccionado y le suplió Kieran Tripper en el minuto 62. Como siempre, fiel a su estilo, peleó todos los balones como si fuera el último y corrió hasta dejarse la piel. Una noche más en la oficina, de no ser porque le llovieron silbidos desde la tribuna. ¿El motivo? Su marcha al fútbol saudí. En su tierra no se entiende bien que se haya marchado a jugar a un Estado que precisamente no defiende los derechos de la comunidad LGTB. Y se lo hicieron saber. No le ayudó tampoco el vídeo de presentación de su fichaje publicado por el Al Ettifaq, en el que tiñeron de blanco y negro las imágenes en las que Henderson portaba el brazalete arcoíris de capitán.
El seleccionador inglés, Gareth Southgate, mostró su sorpresa tras el partido. "Realmente no lo entiendo. Es un jugador que ha jugado 79 partidos con Inglaterra y su compromiso y lo que ha aportado a Inglaterra es excepcional. Su rol en el grupo, dentro y fuera del campo, es extraordinariamente importante (...) Es un ejemplo brillante para todo el grupo por su profesionalidad y su forma de actuar". "Hay gente que decide abuchearle y no entiendo a qué viene eso (...) ¿Qué tiene que ver eso (que se haya ido a jugar a Arabia Saudí) con apoyar a un tipo que lleva la camiseta de Inglaterra? No sé muy bien hacia dónde vamos con todo", reflexionó el entrenador. Y dejó claro que seguirá contando con el futbolista para tratar de clasificarse para la próxima Eurocopa.
Este lunes ha mostrado su opinión el protagonista. Henderson ha explicado su lectura de lo ocurrido en una entrevista para 'The Telegraph' en la que ha confesado que "no es bonito que te abucheen tus propios aficionados". "Amo jugar para Inglaterra. Lo he hecho durante muchos años y es por lo que sigo aquí (...) Todo el mundo va a tener una opinión sobre mí jugando en Arabia Saudí y ya he hablado en el pasado sobre mis razones. Si la gente las cree o no, es su decisión", ha indicado. Y se ha mostrado comprensivo, tal y como marca su personalidad: "No me han sorprendido (que le piten en su país) porque puedo entender las razones de lo que dicen. Yo lo veo desde otro punto de vista, obviamente, pero puedo entenderlo y tengo que aceptarlo".
"Eso no cambia la persona que soy (...) No soy político y no voy a meterme en política. Lo único que he hecho siempre es concentrarme en mi fútbol e intentar ayudar a la gente que me ha pedido ayuda. Cuando salgo al campo me dedico a jugar al fútbol, a intentar mejorar la liga, a intentar mejorar a mi propio equipo y a intentar ganar partidos de fútbol. Hago lo mismo que cuando vengo aquí (a Inglaterra)", ha expuesto. Y ha dejado este mensaje: "Quiero seguir jugando y seguir luchando para que Inglaterra logre éxitos". Aunque le abucheen sus compatriotas.