En estos días que corren, vísperas de Todos los Santos y Fieles Difuntos, nos acordamos de aquellos actores de nuestro teatro y nuestro cine, con los que pasábamos los días grises y lluviosos, en que era mejor refugiarse en un teatro o un coliseo de aquellos, disfrutando en su patio de butacas de películas y dramas que forman parte de nuestros recuerdos, acaso soñando con las vidas imaginadas por literatos, cineastas y dramaturgos, las vidas de repuesto, que diría el maestro José Luis Garci. Fueron aquellas las vivencias de nuestra infancia y nos daba la sensación de inmortalidad en un día de aburrimiento y nostalgia. El teatro y el cine son salas misteriosas que defienden siempre lo mejor del alma humana, que se burlan del tiempo y de la autoridad competente, y cuyos lampos de luz jamás se apagan, entrada la madrugada.
¡Cuántas vidas caben en un actor! Casi una humanidad, esa que está siempre en discusión y de la que tenemos ideas muy dispares, aunque todos coincidimos en que es manifiestamente mejorable. Por eso, entre otras cosas, este “desempolvamiento” de recuerdos cuando volvemos a ver un largometraje o un estreno, o de alumbramiento de cosas nuevas que es la dramaturgia, que permiten siempre, gracias a nuestros intérpretes, el repaso lento y caricioso de nuestra propia existencia. Los actores, las actrices, ponen unas ideas en discusión y nosotros tenemos que reconstruir un escenario, una historia, un relato, en definitiva. Vienen otras épocas, pero el recuerdo de los grandes permanece, entre las solemnes columnas que jalonan un escenario o asomados entre la neblina del celuloide, aurificados con el recuerdo cariñoso de aquella tarde, cuando esperábamos impacientes a que llegara la chica, guarecidos en el vestíbulo grecolatino, donde ya se habla de arte, se palpa y se huele, los nervios, la precipitación, los paraguas... Nunca se nos olvidarán estos nombres, aunque el avance de la desmemoria colectiva amenace con llevárselo todo por delante.
Por eso, esta noche celebramos la fiesta anual de AISGE y la Fundación AISGE, que preside el grandísimo intérprete y paisano Emilio Gutiérrez Caba, en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid, en reconocimiento a las actrices Enriqueta Carballeira –inolvidable en La tía Tula y Tiempo de amor–, Lola Cordón –rostro televisual y eficacísimo de aquellos Estudio 1–, los actores Antonio Medina –Quevedo antes que Juan Echanove–, Jack Taylor –habitual en wésterns y cintas de serie B y de terror a la española–, Nerea Camacho y Marcos Ruiz –jóvenes talentos–, los actores de voz Maife Gil y Juan Antonio Gálvez, y la bailarina y coreógrafa Carmen Mota –reinventora de la danza española–, que han recibido su merecido Premio Actúa. Los galardones institucionales HazTuAcción han recaído en las fundaciones Pasqual Maragall y Pequeño Deseo, además de en la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), que se ha alzado con el Premio Pilar Bardem. Así se convirtió, por el esfuerzo de AISGE, el olvido y el abandono de los grandes de la escena y la gran pantalla en reconocimiento y cuidado, haciendo que estas figuras de nuestro “arte y espectáculos” se asomen de nuevo a la grada alegre, desde donde aparecían las primeras coristas, donde las generaciones de intérpretes, frescas y recientes, se renuevan, el nuevo pan para las miradas.
Siempre sonreímos cuando volvemos a ver una película con José Isbert, Emma Penella, José Luis López Vázquez, Julia Caba Alba, María Luisa Ponte, María Isbert, Alfredo Landa, Francisco Rabal, Terele Pávez, Agustín González, Cassen, Amparo Soler Leal, Fernando Rey, José Calvo, Lola Gaos, Tony Leblanc, Manolo Gómez Bur, Manolo Morán, José Suárez, Manuel Alexandre, Carlos Larrañaga, Rafaela Aparicio, Lina Canalejas, Fernando Fernán Gómez, Alberto Closas, Juan Diego, Luis Peña, María Asquerino, Félix Dafauce, José Luis Ozores, Ismael Merlo, Alfredo Mayo, Antonio Vico, José Sazatornil, Antonio Garisa, José Bódalo, Aurora Bautista, Carlos Estrada, Gracita Morales, Laly Soldevila, Lola Gaos, Antonio Casal, Mary Carrillo, Irene Gutiérrez Caba… La lista sería interminable; su memoria viva se mantiene gracias a AISGE –sus premios, conferencias, presentaciones, libros, charlas, el clásico cinefórum…–, el último baluarte del culto a la ficción representada, en aquel mismo escenario que reluce estrenos justamente allí, al fondo de la infinita sala, donde aún refulgen las ascuas vivas de nuestros actores, nuestro cine.