Opinión

Cabeza a cabeza y en la recta final

TRIBUNA

Roberto Alifano | Jueves 26 de octubre de 2023

En el argot hípico se suele decir que un caballo gana la carrera apenas por una cabeza cuando supera a sus rivales con hartas dificultades. Expresión apropiada para referir la puja política de la Argentina después de las elecciones presidenciales del pasado domingo, que aún no está definida y obliga a ambos oponentes a poner toda la carne sobre el asador.

Queda menos de un mes hasta la inquietante segunda vuelta, y a Sergio Massa, el candidato oficial, le faltan algo menos de 14 puntos para ganar, y a Javier Milei, el libertario de ultra derecha, algo más de 20 puntos para desplazarlo. En esa recta quedan por dividir un 3 por ciento de una izquierda opaca que casi no cuenta y un 7 por ciento de un candidato provincial; pero, sobre todo del 24 por ciento de la coalición Juntos por el Cambio, que son, en definitiva, quienes resuelven la elección.

La izquierda es imposible que vote por Milei, el impulsivo candidato libertario de ultra derecha, que los desprecia y agravia. Y Schiaretti, el hombre moderado de la provincia de Córdoba (en cierta medida otro triunfador de la elección, que casi duplicó sus votos después de las PASO, en especial gracias a los dos debates, que lo hicieron conocido nacionalmente, y abrió su discurso tras saberse los resultados honrando a una de las Madres de Plaza de Mayo; victimizándose a sí mismo por la persecución sufrida durante la última dictadura militar, lo que lo hace menos compatible con el discurso negacioncita de La Libertad Avanza de Milei), hace que la gran duda cabalgue en cómo se divide ese 24 por ciento de Juntos por el Cambio con una Patricia Bullrich deslucida y desalentada.

Sin embargo, lo que es cierto es que La Libertad Avanza vino a mostrar la falta de consistencia de la unión de partidos más o menos progresistas como la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica con el PRO, que los agrupa y aún lidera el deshilachado ex presidente Mauricio Macri y tiene como candidata a la señora Bullrich, ideológicamente más a la derecha, que la casi inexistente izquierda. Pero claro, el análisis es muy simple, no se ganan elecciones proponiendo ajustes ni retando al votante y, todavía menos, desconociendo sobre todo, el voto joven. Juntos por el Cambio es una coalición envejecida (o, mejor aún, de viejos), con una líder que se muestra autoritaria, exageradamente dura, hasta patotera, y poco seductora.

El Partido Radical, que la acompaña, cada vez más decadente, tampoco se agiornó y le da a Juntos por el Cambio la imagen menos de una fuerza política moderna que de una agrupación de jubilados. Imposible, por consiguiente competir con un Peronismo con reservas electorales, que puede sacar debajo de la manga y siempre dispuesto a otorgar prebendas a sus votantes. Sergio Massa y Axel Kicillof, en medio de la debacle económica, con una casi hiperinflación, mediante “planes platita” y el voto cautivo del peronismo comandado por los “varones de la Provincia de Buenos Aires y algunos señores feudales del interior, superan cómodamente el 30 por ciento del electorado, brindando un mapa político, que también incluye a un nuevo peronismo que da comienzo a una nueva era, que puede cristalizar en Massa como nuevo presidente.

La decadencia argentina, seamos sinceros, lleva ya casi un siglo y lo presente no sorprende a nadie. Esto indica, con una fácil lectura, que seguirá igual, quizá con algún serrucho o con nuevas alianzas, pero con la misma tendencia general ya hecha carne e instalada en la circulación social. Si la caída no fue más veloz es porque, por periodos, las riquezas naturales las han ido atenuando: una buena cosecha y se avanza un paso que luego los malos gobiernos despilfarran y hacen retroceder tres. Si bien la Argentina es conservadora en un sentido filosófico, no muestra signos de producir cambio alguno. Y. parafraseando a Borges, “como el espacio es infinito seguirá cayendo infinitamente”, o voluntariamente como se quiera, según decisión de mi lector.

¿Qué queda ahora por delante? Muy simple un juego de alianzas según conveniencia de los interesados y una ciudadanía que legitimará en otra pasada por las urnas a una política catastrófica que seguirá llevando a un desgraciado país en caída libre con pocas o ninguna alternativa. Los problemas estructurales persisten y una expresión de deseo de la vieja política no cambiará nada. Pido perdón por mi pesimismo tan cercano al admirado Nietzsche, pero a pocos metros de la llegada uno se resigna al “es lo que hay”. En cuanto al futuro, “solamente para Dios”, como afirma en un verso la poeta mejicana Sor Juana Inés de la Cruz.

¡Oh, casualidad, cuando concluyo estas líneas tocan al portero eléctrico de mi casa y es una pobre mujer con dos niños de la mano, que pide comida y ropa usada para sus hijos! ¿Señores políticos argentinos, hasta cuándo, hasta cuándo…?