Opinión

La castidad (II)

TRIBUNA

José María Méndez | Viernes 27 de octubre de 2023

La “fuerza” de Hartmann resuelve los conflictos entre valores. Si es imposible cumplir dos valores a la vez, hay que violar el valor menos fuerte para salvar el más fuerte. Este conflicto puede darse entre Genodulia o Respeto al sexo humano y Biodulia o Respeto al soma humano.

María Coronel fue una mujer de extraordinaria belleza y acosada por eso por el rey Pedro I de Castilla. Huyendo de él, llegó a una cocina donde había una sartén con aceite hirviendo. Sin dudarlo se roció el rostro con él, y quedó tan desfigurada que el rey renunció a sus lujuriosos deseos.

Sea leyenda o no, esta conducta parece inconcebible en los tiempos actuales de permisividad sexual. Y sin embargo se ajusta exactamente al esquema bidimensional de la “altura” de Scheler y la “fuerza” de Hartmann..

Ya dijimos que Fisiodulia se divide en tres escalones. El más bajo es Ecodulia o respeto al medio ambiente. El segundo es Genodulia o respeto al sexo humano. Y el tercer escalón es Biodulia o respeto al soma humano.

El respeto al sexo de los animales se incluye en la Ecodulia. Es lo que ahora llaman bienestar animal. El sexo humano exige de entrada el mismo respeto que los animales. Pero hay que añadirle un nuevo motivo de respeto por su vinculación con el espíritu pensante y volente, la persona. Por eso surge la Genodulia.

Igualmente, el respeto al soma humano es de entrada el mismo que el debido al cuerpo de los animales. Pero hay que añadirle un respeto suplementario en el caso del ser humano, y entonces aparece la Biodulia. En todo caso, el escalón que primero debe subirse es obviamente Ecodulia.

Justifiquemos ahora el orden entre Genodulia y Biodulia. Los valores de respeto se jerarquizan de acuerdo con la naturaleza. Hay que respetar el orden que vemos en ella. El orden axiológico sigue al previo orden ontológico.

Antes es la vida de la especie, o sea el sexo, que la vida individual o soma. Los virus sólo viven en colonias. No pueden subsistir como individuos separados. La vida individual aparece más tarde con las bacterias. Un perro guardián ladra al intruso siempre la misma manera, como un miembro de la especie canina y no como un individuo.

En el ser humano también el sexo precede al soma. Las células sexuales del padre y la madre tienen 23 cromosomas. Sumadas, dan los 46 cromosomas del soma del hijo. Así pues, Genodulia es el valor más bajo y fuerte, y Biodulia el más alto y menos fuerte. Y por eso mismo, el aborto, violación máxima contra la Genodulia, es peor que el asesinato o violación máxima contra la Biodulia.

Dicho esto, volvamos a los conflictos entre valores. La regla general establece la prioridad a favor del valor más bajo y fuerte. Supongamos que la situación es tal que no se puede cumplir con los dos valores a la vez. No hay más remedio que violar uno para vivir el otro. El caso más conocido es la legitima defensa. En condiciones normales yo respeto la vida ajena y la mía propia. Pero si me van a matar, tengo derecho a defenderme, e incluso a matar antes que ser matado.

Del mismo modo, si el conflicto se da entre Genolulia y Biodulia, la prioridad está a favor de la Genodulia. Es justo lo que hace María Coronel. Viola la Biodulia para cumplir con la Genodulia.

Comprendo que este razonamiento ponga los pelos de punta a quien lo lee en la época actual, en que se defiende hasta el lesbianismo y el cambio de sexo. Pero le invito a que ofrezca un discurso razonado, y no un mero sentimentalismo, que es lo único que está detrás del apelo voluntarista a la permisividad sexual.

Pasemos al segundo valor ético que aquí consideramos, el Respeto a la persona o Paz.

Don Juan trata a la mujer como mera cosa u objeto al servicio de su placer sexual y de su orgullo de conquistador. No trata a la mujer como persona. Por eso hicieron bien Tirso de Molina y Mozart en mandarlo al infierno. Si Zorrilla lo envía al cielo, es porque en el romanticismo los sentimientos se pusieron por encima de lo racional y del sentido común. Lo mismo que ocurre ahora, por cierto.

El cliente de un club de alterne es un tenorio en pequeño y sin aires de conquistador. Tampoco respeta a la mujer como persona y la trata como mera cosa. Busca su propio placer y nada más.

Por último, la mujer que vende su cuerpo por dinero es ella misma la que viola el respeto a su propia persona. Este es el exacto sentido del verbo prostituirse. Ahora, la píldora anticonceptiva facilita a la mujer la prostitución ocasional.

Persona es el ente que posee los operadores lógicos. Eso implica dos facultades: una inteligencia que razona y una libertad positiva capaz de hacer el bien y el mal. Por ambos motivos, el primer valor que tiene delante la persona es la verdad. Y tras la verdad aparece todo el arco de los valores-fines, éticos, estéticos y religiosos. De cualquiera de ellos cabe preguntarse si verdaderamente es un valor o no. Las personas son iguales en derechos y dignidad, porque ante todas ellas se abre el mismo arco de valores-fines, los que dan sentido a nuestra presencia en este mundo. El Respeto a la persona implica ante todo reconocer la fundamental igualdad entre ellas.

Ya vimos que la institución jurídica del matrimonio se apoya en el valor de la Fisiodulia o Respeto a la naturaleza. Ahora añadimos que también el valor de la Paz o Respeto a la persona respalda la figura jurídica del matrimonio. En el acto sexual dentro del matrimonio, y abierto en principio a la procreación, varón y mujer se enriquecen como personas y se tratan mutuamente como tales al cumplir con los valores de Fisiodulia y Paz. Tanto es así, que la Iglesia ha elevado el matrimonio a la dignidad de un sacramento. La religión y el derecho objetivo han ido de la mano en este tema. La institución civil del matrimonio ha sido reforzada siempre con el carácter sagrado de lo religioso. Derecho civil y religión convergen para caracterizar el matrimonio como la estable unión entre un varón y una mujer, que garantiza públicamente que ambos cuidarán de sus hijos hasta su mayoría de edad. Entonces los entregarán a la sociedad civil como un nuevo miembro de ella. Por eso afirmaba Cicerón que la familia es seminarium reipublicae. Y la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU (1948) afirma que la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del estado (Art. 16.3)

La mejor aportación a la comunidad es entregarle un nuevo miembro, que ha sido engendrado y criado por la familia hasta su mayoría de edad. Y con mucho sacrificio por cierto. Por eso he propuesto más de una vez que la sociedad debiera entregar a la madre que cuida de sus hijos hasta la mayoría de edad una cantidad equivalente a la que ganaría si trabajase veinte años como ingeniero o médico con éxito profesional. Entonces sería reconocido en plenitud su verdadero mérito axiológico ante la sociedad civil.

Pasemos ahora al tercer valor ético en este tema, o sea, la siempre llamada virtud de la castidad. En nuestro esquema se trata de un subvalor dentro del Autodominio. Nos remitimos a nuestro artículo “Valor ético del Autodominio” (El Imparcial, 08/06/23). Aunque en aquel trabajo no se mencionaba expresamente la castidad, es obvio que lo que allí se dice es enteramente aplicable a ella.

La castidad sensu stricto consiste en autocontrolarse, poniendo siempre el sexo al servicio de los restantes valores que lo afectan. Puede vivirse en el matrimonio abierto a la procreación, o en la abstención del sexo por algún motivo que lo justifique.

En estos artículos sobre la castidad mi preocupación mayor es reclamar un mínimo de lógica al razonar y un mínimo de rigor en la significación de los conceptos. Por esta razón en el Autodominio, dentro del cual se enmarca la castidad, hay que distinguir con precisión tres conceptos, que constantemente se suelen mezclar y confundir, produciendo no pocos equívocos y malentendidos.

Instinto es la tendencia meramente ontológica con que el cuerpo humano, tanto a nivel fisiológico como psíquico, presiona al espíritu, dejando aparte si es hacia el bien o hacia el mal. Aquí lo llamamos instinto de reproducción.

Pasión es esa misma tendencia cuando ocasionalmente está orientada hacia el mal. En rigor habría que referirse también a los impulsos espontáneos hacia el bien. Pero el problema es obviamente el de las tentaciones contra la castidad. Lo llamamos líbido.

Antivalor es el consentimiento de la libertad positiva en la realización del mal. Como antónimo de castidad uso el término procacidad.

El instinto de reproducción es algo bueno en sí mismo. El placer sexual tiene la finalidad de engañar, por así decir, a los humanos, para que procreen y eduquen a sus hijos sin pensar en el esfuerzo que eso supone.

Tampoco la pasión o líbido es mala en sí misma. Más bien es buena y forma parte del estado de prueba. Incita al mal, desde luego, pero también da la oportunidad de tener éxito en la prueba. En correr el riesgo y en superar la prueba está la gloria de la libertad positiva, el máximo regalo de Dios al ser humano.

El antivalor de la procacidad, como todo pecado, viene exclusivamente de la libertad positiva, de ser capaces de crear el mal ex nihilo. El hombre es culpable exclusivo del mal que hace. Procede de él y sólo de él.

Pero también es suyo el mérito de los valores que realice. Esta es la miseria y la grandeza de ser libres en sentido positivo. Esta es la esencia del estado de prueba y ser por tanto dueños de nuestro destino eterno.