Jorge Fernández Díaz, que escribe a diario un excelente artículo en La Razón, dedica el de hoy a recordar un hecho olvidado por casi todos. En el año 2016, el secretario general del PSOE engañó a Felipe González al modificar la posición socialista con relación a Rajoy. González, que estaba en América, declaró en la radio: “Me engañó y no tenía por qué hacerlo”. Maniobró en Ferraz y Pedro Sánchez fue expelido de su cargo, iniciando una carrera de aciertos que le ha llevado al punto actual: será investido por 178 diputados, tras ponerse de rodillas ante el rebenque separatista de catalanes y vascos.
Pero lo que sagazmente ha desenterrado Jorge Fernández, ahí está. Hace sólo 7 años que el PSOE juzgaba a Pedro Sánchez y lo enviaba al destierro político. El presidente en funciones, por el plato de lentejas de 7 votos, está decidido a proclamar que el Gobierno democrático de 2017 fue opresor, que arrolló la democracia, y que los jueces condenaron sin motivo, porque no había delito, a los responsables del intento de golpe de Estado, despedazador de Cataluña, de la unidad territorial de España consagrada en la Constitución.
Carlos Puigdemont, el golpista prófugo, recibirá la amnistía sin renunciar a proclamar en su día una declaración de independencia unilateral. Juan Carlos Girauta ha escrito: “Ha sido claro en este punto, sólo que sin delito de sedición en el Código Penal y con la fatal circunstancia de que todo lo que condujo al golpe de 2017 será lícito”. Y añade Girauta: “Es esto consecuencia de la amnistía, este anular la fuerza de las leyes y el poder de la Justicia, lo que simulan no entender, los socialistas convencidos de ser demócratas, esos que siempre habían sostenido que la amnistía era inconstitucional”.
Y por añadidura, Pedro Sánchez formará el Gobierno del despropósito con los 15 partidos de Sumar, entre ellos Podemos y el Partido Comunista. Para la mayoría parlamentaria precisará además de los escaños separatistas o proetarras de otros cuatro partidos: Bildu, ERC, Junts y PNV. Conviene no olvidar que para mayor inri del despropósito sanchista, dos de esos partidos -Junts y el PNV- son nítidamente de derechas, lo que hace tambalear el cacareado “gobierno progresista” de la propaganda de Sánchez.