Opinión

A lo hecho, cohecho

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 01 de noviembre de 2023

Ahora mismo el fútbol es un deporte achicado en emociones y no tanto por esa ancestral costumbre de patear al balón, sino por las dimensiones de ciertos despachos en donde se cuecen las habas del vil metal. Hay veces que el tamaño sí importa y cuanto más grande sea la oficina del mandamás, mayor se supone la responsabilidad y la marca que éste representa.

Lo del fútbol y las masas no deja de ser más que un simple tratado para recreo de pasiones y suelta de bilis. Otra cosa es la cara B, o sea, el otro fútbol, el de los grandes y opulentos despachos como he referido. Aquí lo de juego limpio puede ser anecdótico y dar pie al clientelismo con sus preceptivas cadenas de favores. Nada diferente a otros escenarios socioeconómicos en donde el poder adquiere una fuerza patrimonial de gran envergadura.

De este simple razonamiento nace la sospecha de lo lícito y lo contrario. A mayor despacho mayores negocios. No puede ser igual el despacho de Joan Laporta que, por ejemplo y dicho con total respeto, el del presidente del Cataollas, Club de Fútbol. De ello se desprende aquello de “burro grande, ande o no ande”; si bien a veces lo más pequeño guarda el misterio. De tal manera que el nivel del poderoso está y estará asociado al volumen de dinero que haya en juego.

El Fútbol Club Barcelona es ahora ejemplo por estar investigado judicialmente ante una posible irregularidad tan gravísima que de confirmarse en sentencia firme vendría a socavar las estructuras del llamado deporte rey. Vaya por delante la presunción de inocencia, pero el supuesto delito continuado de cohecho que instruye el juez del caso Negreira, ante las posibles prácticas ilícitas con el club catalán, no deja en buen lugar a los altos mandatarios de Can Barça.

Así pues, con estos mimbres nada de extrañar que de vez en cuando salten al terreno de la justicia sospechas de anómalas actuaciones. Y como todo ha de ser supuesto no cabe otra que acudir a lo anecdótico. Por ejemplo, el señor Xavi Hernández no tardó en dictar su personal sentencia: “Nunca he tenido la sensación de que los árbitros nos hayan beneficiado” Lo comprendo. Según la RAE, sensación es la impresión que percibe un ser vivo cuando uno de sus órganos receptores es estimulado.

Y digo que lo comprendo porque un servidor tuvo sensación parecida creyendo que Marilyn Monroe se había fijado en mí. Pero fue solo eso, un simple estímulo cuando ella, tan explosiva como rubia, miró fijamente hacia donde yo estaba. Creo recordar en la butaca 27 de la fila 10 viendo la película “Con faldas y a lo loco” Allí fue donde comprendí la diferencia entre fantasía y realidad.

Siendo breve y abusando de reducidas nociones en psicología, diré que el proceso de captación de sensaciones es relativamente simple y muy automático, es decir, los receptores sensoriales se activan o no en función de la presencia de estímulos. Por eso la Guardia Civil, guiada por su vivificante estimulación, ha aumentado ahora a 7,6 millones de euros la cifra pagada por el Barça al señor Negreira, por servicios prestados al club entre los años 2001 y 2018, siendo el aludido beneficiario vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. O sea, raro y poco alentador para eso del jogo bonito.

Todo ello nos conduce a presuntos delitos de cohecho y vayan ustedes a saber el verdadero alcance de tramas o contubernios, que en tirando de mantas hay veces que los perdones no llegan a tiempo y el resuello de los hechos dan certeza a la justicia. Y en este mar de pesares y presuntos por doquier, se guarda en deporte ese otro fútbol, el de correr detrás de un balón como si en ello estuviere la verdad de todo lo que se guarda en el Juzgado de Instrucción hasta que un árbitro, también llamado juez de la contienda, -curiosa semejanza- siga en sus trece de que “los pagos realizados por el FC Barcelona al señor Negreira satisfacían los intereses del club, de tal manera que debió existir una desigualdad en el trato con otros equipos y la consiguiente corrupción sistémica en el conjunto del arbitraje español”

En fin, todo a expensas de que el juez Joaquín Aguirre, con su toga y su VAR justiciero, resuelva sobre si la dudosa jugada entre el Barça y Negreira fue dentro o fuera del área. Ya saben, penalti y expulsión o simple error de apreciación.