La rendición de Pedro Sánchez ante los separatistas catalanes ha sido total. Ha concedido la amnistía para los condenados por el 1-O, incluidos los terroristas de los CDR, ha condonado 15.000 millones de euros de la deuda de la Comunidad, ha traspasado la gestión de los trenes de cercanías, ha reconocido a Cataluña como nación, ha admitido la intervención de un mediador. Y ya está en marcha, se decidirán los términos en las “mesas de diálogo”, la celebración de “un referéndum del pueblo catalán” por “el conflicto entre la legalidad popular y la constitucional”. Soterradamente, o no, se ejecutará la expulsión de la Guardia Civil y la Policía Nacional. En buena parte, pues, Cataluña ha logrado la independencia.
Nada más firmar con Bolaños el acuerdo entre el PSOE y ERC, un eufórico Junqueras declaraba que “hoy, Cataluña ha ganado”. Y, por goleada. Ha derrotado y humillado a Pedro Sánchez. Pero también, ha debilitado a España.
Por pura indignidad, el presidente en funciones se ha plegado a todas las exigencias de los separatistas con el único propósito de amarrar el poder. Y, así, ha asestado un golpe mortal a la democracia española, al Estado de Derecho y a la propia Constitución. No ha podido caer más bajo. Su sometimiento ha sido total. Será presidente del Gobierno. Pero la inmensa mayoría de españoles le despreciarán por haberse plegado cobardemente ante los partidos que sólo quieren destruir nuestra nación. El líder socialista lo pagará caro. Y pasará a la Historia como un fantoche de la política, pues se verá obligado a gobernar con más y más cesiones a los comunistas, los separatistas y los proetarras que le conducirán a dinamitar el principio de legalidad y la igualdad entre los españoles. Se convertirá en la marioneta de ERC, Junts, Bildu y Sumar. Hoy cree, sin embargo, que ha ganado por haber pactado su investidura. No sabe que ha sido derrotado y humillado como un pelele.
A Pedro Sánchez sólo le queda enviar el Falcon a Bruselas para la vuelta de Puigdemont a España como un héroe. Pues el “president” de una nación, que así le llama con pleitesía el líder del PSOE, debe ser tratado como se merece: con honores de jefe de Estado. De la República independiente de Cataluña.