El pasado 7 de noviembre el contratenor Franco Fagioli, nacido en la provincia argentina de Tucumán, cautivó al público madrileño con su recital "Anime Immortali", para el que ha recuperado la música de los roles de castrato de varias óperas de Mozart. Una cita ansiosamente esperada desde que en la pasada temporada se viera obligado a cancelar su participación en la ópera Achille in Sciro de Francesco Corselli, estreno que en realidad se había programado para la primavera de 2020, pero que tuvo que ser suspendido debido a la pandemia por Covid.
Franco Fagioli, reconocido por su amplísimo rango vocal y virtuosismo y especializado sobre todo en roles barrocos, ha dejado una marca imborrable en el mundo del bel canto en las dos últimas décadas, que justo se cumplen ahora desde que en 2003 ganara el concurso Neue Stimmen que lo lanzaría internacionalmente (fue el primer cantante de su registro vocal en ser admitido en el célebre certamen).
En el recital “Anima Immortali” que el pasado martes presentó en el coliseo madrileño, Fagioli alternó su canto de piezas de Wolfgant Amadeus Mozart (1756-1791) con composiciones orquestales de Franz Shubert (1797-1828); es decir, que el recital aunó a dos célebres compositores austríacos, separados por una barrera temporal no tan grande como pudiera parecer por los estilos distintos que representan, dado a los seis años de la muerte del primero, nacía el segundo. La parte instrumental corrió a cargo de la Orquesta Capella Cracoviensis, formación a las órdenes del director de orquesta y organista polaco Jan Tomasz Adamus.
El recital se dividió en dos partes. En la primera, la orquesta acompañó al cantante e interpretó, alternándolos con las apariciones de Fagioli, los cuatro movimientos de la Sinfonía nº 5, D 485, del prolífico compositor vienés. La segunda estuvo dedicada a una de las obras maestras de Mozart: el Quinteto Stadler, una composición para clarinete y cuerdas en La mayor, KV 581, que deleitó por la calidad de su ejecución a manos de la formación polaca.
El contratenor emocionó en todo momento con las arias de Mozart, procedentes de La finta gardiniera (1775), Lucio Silla (1772) y La Clemenza di Tito (1791). Sin embargo, pese a las impecables técnica y emotividad con que interpretó cada pieza mozartiana, se pudo echar en falta que no puliera suficientemente la pronunciación del italiano (en concreto, en las oes y aes, que no tenían la definición necesaria), algo que se hizo más que evidente en la famosa aria de La Clemenza di Tito, “Parto, parto, ma tu, ben mio”-. La expresión vocal de Fagioli, de por sí encomiable, ganaría aún más si el cantante acentuara el italiano, máxime cuando lo que interpretó, a excepción de la pieza final, es en verdad ópera italiana.
Sin embargo, las anteriores observaciones no pueden opacar el brillo de la actuación de Fagioli. En “Ah se a morir mi chiama” y en “Deh, per questo istante”, ambas de la ópera Lucio Silla, exhibió una magnífica messa di voce y una perfecta mezcla de la voz de cabeza con la de pecho -algo muy característico suyo extrapolable a todo el recital-; y es que, como el mismo cantante ha reconocido en más de una ocasión, es en el centro de su registro donde se siente más cómodo, una cualidad que él sabe explotar muy bien aportando una profundidad destacable a sus interpretaciones.
Fagioli concluyó el recital, no con ópera, sino con el famosísimo "Exsultate Jubilate", KV 165 (para los no iniciados, el célebre “Aleluya” de Mozart). Fue sin embargo en su segundo bis donde se lució especialmente con el aria “Voi che sapete” de Las Bodas de Fígaro (pieza que se nota mucho más rodada y en gola que el nuevo repertorio clasicista), y tras la que consiguió arrancar la ovación prácticamente general del público del Teatro Real.