Opinión

Dunbar

PÁLIDA CONDENA

Miguel Ángel Gómez | Viernes 17 de noviembre de 2023

Dunbar, diario y guerra, búfalos que te pondrán en dificultades si no tienes cuidado. Dunbar, siendo rico con amigos. ¿Por qué resucitar a los muertos? ¡Mira a los que viven! Ah el lobo que necesita afecto sin preguntas embarazosas. Hay un lobo en la mañana que nos sobrevivirá a todos, hay un lobo que te hace haraganear a su manera. El cielo no es la historia de siempre, las estrellas no están mucho más al corriente que nosotros. La muerte se nutre de la guerra. La muerte, esa paloma que cruza con rápidos pasos la hierba. La muerte, en sus horas libres, vuelve a su habitación y descansa. Gritos despeñándose en el papel como si hubieran estado hechos para nosotros. Digamos caballo blanco, intruso que se pregunta dónde estamos.

Hay mañanas de cavar tierra y enterrar la artillería. Dunbar, aullido del viento, mano con bandera, visión que ansiamos. Oleadas de sensaciones bailando con un lobo, donde los huesos se articulan. Llevar un buen tiempo solo, tu cabeza y tu tronco, tu cuello quemado por la soga. Cómo crecen los silencios hondos proclamando tu propio luto. Dunbar, aullido del viento, dando café sin un patetismo extraño. Suena humano en todos los sentidos. Con bigote, sin bigote, andando a tientas por las tierras desconocidas. Quiere cerrar el pico hasta que lleguen los Sioux. Dunbar, rifle que no quiere hacer nada demasiado pronto, pero aquí está. Hay un indio con profundos sentimientos y desvelos, hay peligros insidiosos de diversos tipos, chaqueta que probar, santuario de un pájaro. Dunbar, John J. Dunbar, esquiva lo que le irrita. Coloca su pluma encima de su cuaderno, ajustando con precisión el uno con el otro.

El fuego, el rifle, el fuego que trae el dolor en las articulaciones. Paseas por las llanuras, sí, con el lobo amigo, Calcetines, los dos perdidos en vuestros pensamientos. En la tarde fría comprendes lo que es el ruido selectivo. No sé. Te afeitas para no asomarte por los espejos mientras llenas de aire fresco los pulmones. Sientes un gran anhelo, estás colado por En Pie con el Puño en Alto. La ternura y el instinto te impulsan a correr a casa, a tu nueva casa. Abrigas tu cuerpo completamente quieto con su cuerpo completamente quieto. El tiempo quiere marcharse tras despedirse mil veces. La hostilidad del hombre blanco y el temor a que os sorprendan desprevenidos son, naturalmente, de pesadilla. Sonrisa niña, hermosa y solitaria, diosa blanca. La belleza es la tarea de escribir que nunca cesa. Picos escarpados, el romanticismo trata de endulzarlo todo. Quieres escaparte con ella y te sientes como un potrillo salvaje. El presente hace que, lo antes solitario, se comparta.

Las palabras es como si nos estuvieran observando desde un escondrijo. Son como rostros contorsionados por el resol. Las palabras son destempladas, roncas, desconcertantes. A veces se irritan, porque detestan que se haga una injusticia. Quieren que la gente lo sepa. Las palabras son un caballo que sacude la crin, hombres corpulentos, con la chaqueta abierta y sin ni siquiera sombrero. Las palabras pueden ser un reino de ficciones. Aparecen en la noche, nos arañan durante media hora.

Amigo Dunbar, vivimos una confusión con estallidos. La gloria es una tarea de locos. La gloria habla en exceso. Las ausencias están aquí ante nuestros ojos. Dunbar, impoluto, dificultad si no tienes cuidado. Sientes curiosidad por saber más sobre los ángeles peleones. Qué encuentro, dado que no tienes nada que perder. Ya acudes al horizonte superando cada límite. Dejaste en este viaje casi una vida dirigiéndote al campamento del que nunca habías oído hablar. El fragor ocupa el asiento del pasajero. Te ves fuera del mundo anterior, sin estar artrítico. Quieres besarla y abrazarla, cada noche desde hoy. Tienes el permiso de la congregación para ataviarte con sus antiguallas. Basta de flotar en la oscuridad incapaz de encontrarte con las personas que necesitabas.