Opinión

Mutantes

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Domingo 19 de noviembre de 2023

En los cómics publicados por Marvel, un mutante es un organismo en posesión de un gen llamado Gen-X, que le permite desarrollar poderes y cualidades sobrehumanas. En la España actual, llamamos mutantes a los socialistas que antes del 23-J dijeron digo y después dicen Diego. El mutante mayor de todos es Sánchezgruppenfuhrer, que muta de opinión un día sí y otro también. Lo hace en busca de poderes, no sobrehumanos, que para él se quedan chicos, sino más bien divinos. Cada día que pasa, el sanchismo huele más a una pseudoreligión.

Recién investido, Sánchez ya está en condiciones de alumbrar un nuevo cosmos. Se nos viene encima una mutación constitucional y de régimen. La Ley de Amnistía es la gran obra de la creación sanchista. Con ella, Pedro Sánchez superará a Pedro Sánchez. Y la Constitución mutará en prostitución. Como aquella Ley de Reforma Política de 1976, que aceleró un cambio de régimen, pasando de una dictadura a una democracia, con la nueva ley que será engendrada por la ambición de poder y el odio a España, transitaremos por el camino inverso, retrocediendo de una democracia a una dictadura. Porque no puede haber democracia cuando el gobierno está en manos de un millón y medio de votantes que representan el 6% del censo. La España que emergerá será muy distinta. Otra mutación más. Una España a dos velocidades, la de vascos y catalanes, que serán más ricos, y la del resto de españoles, que seremos más pobres.

“¿Dónde están las banderas de la igualdad y la solidaridad?” pregunta algún ingenuo en Ferraz. “Han mutado”, responden al unísono Pachi López, en vasco e Illa, en catalán. “Si hubiéramos sacado 200 diputados como González, exclama Page, completamente demudado, ahora Puigdemont estaría detenido”. Cerdán le espeta al de Toledo, “Muta Page, muta y no te vengas arriba cuando debemos estar arrodillados”.

Ahí fuera no debe haber mutantes. En las calles y plazas de España debemos perseverar en la fidelidad y lealtad a la Constitución, al Rey y, por supuesto, a España. Porque la amnistía es traición de sus autores e impunidad para sus beneficiarios.