AL AIRE LIBRE

LOS MISMOS PERROS, IDÉNTICOS COLLARES

Luis María ANSON | Lunes 20 de noviembre de 2023
Aplastado en las elecciones autonómicas y municipales el pasado 28 de mayo, Pedro Sánchez reaccionó...

Aplastado en las elecciones autonómicas y municipales el pasado 28 de mayo, Pedro Sánchez reaccionó desplegando una considerable sabiduría política. Convocó elecciones generales en la semana más vacacional y tórrida del año. Pactó de forma inmediata su permanencia en el poder con los partidos secesionistas, se burló de las torpezas de Núñez Fijóo y en la primera semana de agosto lo tenía todo atado y bien atado. Ahora ha puesto en marcha el Gobierno que le convenía. Como todo le ha ido bien, los mismos perros con idénticos collares. Ni la deuda pública abrumadora ni el alarmante déficit le han conducido a reducir el gasto público, empezando por ministros, secretarios de Estado, subsecretarios, directores generales y el tsunami de asesores, colaboradores y paniaguados. Todo igual.

Bueno, no todo. Su mayoría parlamentaria se asienta sobre dos partidos catalanes, ERC y Junts, que se odian abiertamente; sobre dos partidos vascos, PNV y Bildu, que se llevan a matar; y sobre Sumar, un partido del que se puede desgajar Podemos porque Pablo Iglesias es un político de envergadura al que no se debe agriamente ningunear.

Pedro Sánchez lo tiene difícil en la legislatura que ahora comienza, pero desde su derrota el pasado 28 de mayo no ha podido hacer mejor las cosas desde el punto de vista de sus intereses personales. Su desafío inmediato consiste en que la opinión pública se trague una Ley de Amnistía como bálsamo para sanar los desmanes secesionistas de un sector de Cataluña, cuando la realidad es que se trata de un do ut des, de la compra descarada de los 7 escaños que el líder socialista necesitaba para la investidura.

Una parte de la Europa Unida, la mayoría de jueces y fiscales, los partidos liberal conservadores, sectores relevantes de la Guardia Civil y la Policía Nacional, y tal vez del Ejército, el grueso del empresariado, las profesiones liberales y un sector creciente de la opinión pública están que braman. O mejor dicho, están bramando. El nuevo Gobierno, además de con los obstáculos propios de cualquier gestión, debe enfrentarse con una situación límite que nadie sabe en qué puede derivar.