En octubre, la Feria Internacional del Libro de Monterrey, estado de Nuevo León, le rindió un homenaje adelantado al poeta Gabriel Zaid (Monterrey, 1934) por sus próximos 90 años, que abrió un periodo de reconocimientos al poeta vivo y lúcido más importante que tiene México después de Octavio Paz. Muy dado a la discreción y renuente inclusive a que sus fotografías se publiquen, Zaid se mantiene al día sobre la literatura, está en contacto vía correo electrónico y sigue escribiendo con una lucidez sorprendente por su profundidad en temas variados: política, economía, historia, sociedad, poesía, ensayos y vida cotidiana.
La revista digital El Mollete Literario, dirigida por el autor de esta columna Weltpolitik, dedicó su edición número 10 de este mes de noviembre a tomar el camino de la FIL de Monterrey y adelantó un homenaje a Zaid. Carlos Ramírez hace un repaso de viñetas sobre la vida intelectual de Zaid en México desde mediados de los años 60 y presenta un perfil socrático del poeta y ensayista a partir del criterio de que es más amigo de la verdad que de Platón en “La parresia de Zaid”, el escritor y editor Eduardo Mejía aborda la poesía de Zaid, el politólogo César Cansino lo enfoca como intelectual y el periodista Oscar Dávalos recoge lo que se dijo del poeta en el homenaje de la FIL En Monterrey.
Muchas historias --género superior al de la mera anécdota circunstancial-- definen el carácter --también como intelectual socrático-- de Zaid; una de ellas, sin duda, exhibió la más importante en la relación de los intelectuales y el poder: en 1971, un grupo paramilitar controlado por el gobierno federal y la administración priista de la Ciudad de México atacaron con palos y violencia una manifestación estudiantil; el grupo era conocido como ”Los Halcones” y el suceso que todo en la historia mexicana de las represiones como el halconazo. Todos los dedos señalaron como responsable hacia el presidente Luis Echeverría, quien había sido ministro del Interior durante la represión estudiantil de 1968, pero con habilidad el político había seducido a dos jefaturas de grupos intelectuales que dominaban el ambiente cultural: Carlos Fuentes y Fernando Benítez y los usó como escudos humanos para repeler las acusaciones de responsabilidad represiva.
Fuentes había hecho por aquel entonces una declaración que sacudió el medio intelectual: “los intelectuales estarían cometiendo un crimen histórico si no apoyan al presidente Echeverría” y Benítez, sin pudor, lo resumió en un dilema: “Echeverría o el fascismo”. Después del halconazo, el presidente Echeverría prometió una investigación exhaustiva y Carlos Fuentes avaló con el argumento de que se había tratado de una conspiración de la derecha, suponiendo que la demagogia Echeverría era populista y representaba algún tipo de izquierda.
Zaid escribió una carta pública a Fuentes y le planteó un desafío: que fijara fecha perentoria de apoyo al presidente y definiera una ruptura en caso de que no se diera a conocer el resultado de la investigación. En esa carta, que fue censurada y no publicada en el famoso suplemento progresista La Cultura en México de la revista Siempre por decisión de su director Carlos Monsiváis, Zaid le recordó a Fuentes su frase de “crimen histórico”, pero se la regresó como argumento político muy directo: “el único criminal histórico es Luis Echeverría”. Se trató de una acusación muy severa contra el presidente de la República en turno que ya había dado muestras de autoritarismo represivo; y fue Octavio Paz, como director de la revista Plural, quien publicó la carta sin censura.
Zaid se enfrentó a la intelectualidad progresista que pululaba alrededor de una corriente gelatinosa y pantanosa conocida como cultura del nacionalismo revolucionario del PRI, es decir, a una crítica tibia y desde dentro –en el modelo caracterizado por Mario Vargas Llosa en 1991 como “dictadura perfecta”: los disidentes dentro del régimen--, frente a posicionamientos sin disfraces de Octavio Paz y Plural.
Zaid denunció esos dobleces intelectuales. En 1974, el presidente Echeverría hizo una gira América Latina y cargó en un avión a más de 100 intelectuales y académicos --muchos de ellos que se decían críticos-- para mostrar su fuerza cultural; Zaid y Paz, en Plural, se burlaron de ese gesto y Zaid jugó con una figura política priista solo entendida en México: la forma en que los políticos acarreaban a campesinos, lo subían a camiones de carga y los llevaban a mítines a gritar vivas y dijo que algo parecido había pasado con los intelectuales; sólo en México se entiende la referencia a esos camiones como de redilas, tomando en cuenta que las redilas son tablas de madera en la zona trasera de carga con espacios entre tabla y tabla, y se acredita al escritor humorista Jorge Ibargüengoitia –fallecido, por cierto, en un accidente de aviación en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, en 1983-- el señalamiento de que ese avión de intelectuales había sido un “avión de redilas” equiparando a los intelectuales acarreados con campesinos ignorantes a quienes le pagaban un emparedado, un refresco y unos pesos para hacer bola en los mítines públicos.
Zaid tuvo un enfrentamiento brutal con la izquierda progresista del nacionalismo revolucionario priista de la revista nexos, del escritor Héctor Aguilar Camín, con un ensayo que publicó en la revista Vuelta titulado “Colegas enemigos. Una lectura de la tragedia salvadoreña“ (julio de 1981). Zaid se dio a la tarea académica de hacer fichas de personalidades y filiaciones políticas de la principal élite en El Salvador y se encontró que un momento dado la derecha se fusionaba con la izquierda y la izquierda avalada a la derecha mostrando una pérdida de autoridad moral de la política. Aguilar Camín solo alcanzó a contestarle a Zaid con el argumento tipo Castro de que sus argumentos eran los del Departamento de Estado de EU.
Como poeta, Zaid tuvo aportaciones seminales, como su libro Omnibus de la poesía mexicana (1971) y Asamblea de poetas jóvenes de México (1980) y su propia Antología poética. Como empresario cultural, Zaid ha dejado huella de una tarea emprendedora y promotora de otros empresarios. Como escritor, Zaid es dueño de una pulcritud lingüística que presenta sus poemas como lo más superior que existe en la poesía actual mexicana.
Como parte del puente cultural de España hacia México, Zaid representa hoy en día la mejor carta para el Premio Cervantes, que por cierto recibió Octavio Paz en 1981, y que representa una especie de Nobel en lengua española.