Opinión

Carta abierta al PSOE de la Transición

TRIBUNA

Gabriel Albendea | Viernes 24 de noviembre de 2023

Hay contertulios que niegan que haya un PSOE bueno y otro malo, el de Sánchez, sino que del PSOE han provenido todas las desgracias de España desde su fundación. Sin entrar en una polémica que no es el objeto de este artículo, generalmente esta aseveración proviene de una visión demasiado partidista de la historia de España. Y aunque sólo fuera por razones prácticas, yo sí creo muy necesaria ahora la distinción entre ambos PSOES, uno bueno, el de La Transición, y otro pésimo, el de Pedro Sánchez, al que incluso me niego a llamar PSOE ni socialista por fundadas razones, sino sanchista, chavista, madurista, peronista o algo parecido, ni siquiera comunista, porque no creo que ningún comunista haya mentido tanto ni haya llevado a su nación al borde del abismo de la desintegración con la gran mentira de que es un demócrata y se preocupa por España. La primera urgencia de que vuelva el PSOE de la Transición, desaparecido el supuesto socialismo del autócrata Sanchez, deriva de que para que el Congreso no se convierta en una sopa de letras ingobernable es imprescindible que haya dos partidos potentes que puedan alternarse en el poder, como ocurre en todas las democracias, uno conservador y otro más propenso al cambio, no lo de progresista, que es un camelo ideológico que ya no cuela, entre otras cosas porque es muy discutible en qué consiste el progreso, para unos será una cosa y para otros otra.

El PSOE de la Transición, con Felipe González al frente, consciente de la peligrosa situación a la que el sanchismo ha llevado a España y la deriva inquietante a la que parece conducirla, al fin ha reaccionado, pero débilmente, después de reunirse más de una vez para tratar del acuciante problema planteado por un sanchismo irresponsable, megalómano y egoísta. Sin embargo, no han llegado a tomar decisiones prácticas que impliquen a la mayoría del antiguo PSOE. No puede ser que el apego histórico y sentimental a unas siglas os haga retroceder a la hora de tomar decisiones que pueden ser fundamentales para la supervivencia de la nación. En esta circunstancia gravísima que vive España la duda sobre cosas como el monarquismo o el republicanismo, algo accesorio en este momento, no os pueden hacer dudar de la necesidad de vuestra urgente apuesta por una democracia que desaparece por obra de Sánchez y por vuestra participación política por encima de la lucha partidaria, en parte artificial, entre izquierda y derecha, porque se trata de salvar a España de una involución antidemocrática y existencial que no sabemos si nos llevará de nuevo al enfrentamiento, a la tragedia, a la desaparición de la Patria y al estercolero de la historia. No, expresidente González, ya no está Sánchez a tiempo de volver atrás, porque ha ido demasiado lejos en sus concesiones y mentiras y la concesión de una amnistía que dictan los propios delincuentes y que el 9N, fue pactada. Y menos aún ya cuando ha sido investido por los enemigos de España. A todo socialista de bien le debe repugnar instintiva y racionalmente la conducta de Sánchez, que es cualquier cosa menos democrática y constitucional. Si lo hubierais expulsado en su momento del PSOE, razones había para ello, no estaríamos en esta situación. Pero aún estáis a tiempo, aunque oficialmente no sirva, pero sí para hacerle el daño que se merece. No os deis de baja en un partido que os pertenece como acaba de hacer Javier García Page entre otros. Es él el que tiene que darse de baja y llamarse partido Sanchista.

El intento de reescribir la historia con leyes de “memoria histórica y democrática” es negarse a ver la verdad palmaria de que la República perdió la guerra y un intento patético y arriesgado, guerracivilista, porque son los historiadores los encargados de investigar la historia y no ninguna ley partidaria que olvida la reconciliación que supuso la Constitución del 78, que Zapatero y Sánchez con su “diarrea legislativa” quieren ignorar poniendo en peligro la paz social y el progreso económico de casi medio siglo.

Los socialistas de la Transición sois muchos más y mejores que los sanchistas de ahora mismo, ni vuestra edad es un obstáculo si se tiene la cabeza en su sitio, además de que muchos jóvenes os seguirán. Tampoco podéis contentaros con vivir de los recuerdos del pasado. No tengáis miedo de que desaparezca el mejor socialismo porque desaparezca el sanchismo, lo peor que le ha ocurrido a España en 50 años.

En la gravísima circunstancia que vivimos en la que España se juega su ser, y no sólo democrático, creo que tenéis dos opciones claras. La primera recuperar las siglas que un Sánchez mentiroso y su camarilla de impresentables os ha robado para desprestigiarlas por completo. La segunda oponerle un nuevo partido socialista o socialdemócrata que haga inviable la continuación de Pedro Sánchez en el poder. Lo ha sugerido Paco Vázquez recientemente. Dada la calaña del personaje, creo que os será muy fácil ganarle en las urnas. Comprendo que recuperar las siglas que el partido sanchista, no socialista ni obrero ni español, ha hundido, sentimentalmente os resulte más atrayente, sin embargo, la urgencia del momento el tal que creo que exige que os pongáis manos a la obra y fundéis otro partido. Siempre tendréis tiempo de recuperar las siglas centenarias, si es vuestro deseo, de un partido realista y utópico a un tiempo. Realista en cuanto atenido a la circunstancia nacional e internacional tan problemática que padecemos. Utópico en cuanto, como dice Karl Popper: “Si el marxismo científico está muerto, su radicalismo moral continúa estando vivo y es tarea nuestra conservarlo con vida” (La sociedad abierta y sus enemigos). O como dice sabiamente E. Bloch:” En el terreno de lo utópico hacen acto de presencia las líneas de fuerza de la historia, las expectativas incoercibles de los pueblos, el sufrimiento insoportable de los individuos, las esperanzas y los deseos frustrados, la rebelión contra el poder permanentemente humillada, el vigor de las convicciones propias, la compasión liberadora, los sentimientos vitales, los sueños de felicidad y la generosidad no legalizada” (El principio esperanza)