Opinión

El Papa Francisco y el catalanismo (y II)

TRIBUNA

José Manuel Cuenca Toribio | Sábado 25 de noviembre de 2023

El reconocimiento de la inmensa influencia del catolicismo en la forja de la identidad catalana es históricamente obligado por la trayectoria milenaria y su fruto sazonado en todos los aspectos del gran pueblo de aportaciones ingentes y múltiples a la civilización y cultura españolas, en todo comparable a las de la antigüedad grecolatina, como legítima y fecunda heredera de Grecia, Roma y… Jerusalén. Todo esfuerzo realizado en tal dirección no solo será provechoso para el presente del Principado si no también -y en igual medida- para el conjunto de la gran patria española.

Naturalmente, un respeto mínimo a tan grande y noble realidad debiera cortar de raíz cualquier instrumentalización de herencia tan envidiable, librándola de todo intento de manipulación o falseamiento. Por desgracia, hodierno no es así. En días de ayer se dieron desdichadamente ciertos ejemplos de ello, incluso en el periodo grandioso de la Renaixença; pero en modo alguno equiparables a los de nuestra desgraciada actualidad.

La recepción vaticana del President de la Generalitat, Sr. D. Pere Aragonés, comediado el otoño del ya declinante 2023, semeja, ciertamente, haber marcado un punto de inflexión en las a menudo peculiares relaciones entre la Santa Sede y los sectores catalanes reivindicadores a tambor batiente de los fuertes y seculares lazos entre ella y sus hijos del Principado catalán. La entrada en una escena siempre tensionada y a menudo crispada del mismo Pontífice Francisco ha terminado de ascender dicha tensión a un extremo del que es difícil imaginar que se soslaye y dé paso a una coyuntura más halagüeña y propicia al futuro del país, hoy, en verdad, muy aborrascado.

Ante dicho encuentro en la Ciudad Eterna, el conjunto de la opinión nacional y casi todos los estratos de nuestra sociedad reaccionaron con reluctancia y, a las veces, con airado rechazo. Empero, la actitud pontificia se ha ajustado en todo a su papel de favorecedora del entendimiento entre los litigantes, con palabras suscribibles por toda persona de buena voluntad y entrañado sentimiento cristiano en sociedades democráticas y pluralistas.

La discrepancia ha surgido, y con fuerza, de la oportunidad del gesto del no muy españolista Papa Francisco al ejecutar una acción que, con argumentos de indudable entidad, cabría juzgar de muy inoportuna, y, por ende, encaminada a sobredimensionar un conflicto per naturam

harto sensible en todos los estratos de la nación española. ¿Un desliz de la diplomacia pontificia? ¿Una decidida intervención de Francisco en pro de los políticos catalanes proclives a una ruptura más o menos encubierta con la patria que albergó y alimentó los estadios más enaltecedores de su pasado, en unión siempre con los destinos de un pueblo protagonizado en no pocas parcelas y momentos por los hijos mismos del Principado?

Sin duda la respuesta se tendrá de aquí a meses no muy lejanos de un calendario tormentoso. En todo caso y en última instancia, semeja ser un gesto poco alentador para la relación entre el Papa Francisco y las esferas predominantes del catolicismo español.