Economía

España, excluida de los principales foros internacionales y económicos

ni en el g-20, ni en el Comité Monetario y Financiero Internacional, entre otros

Domingo 02 de noviembre de 2008


La quijotesca aunque legítima cruzada emprendida por el presidente Zapatero para participar con voz y voto en la próxima cumbre de Washington, esconde una realidad bastante amarga. Ya sabemos que España no forma parte del foro convocado por George Bush para remodelar el sistema financiero internacional. Pero es que existen, al menos, una docena de “grupos” plurinacionales dotados de estrechos vínculos con el sistema financiero y monetario mundial, de los que España también está ausente.

El más importante y en el que están representados todos los continentes y los países “que cuentan” es el Comité Monetario y Financiero Internacional (CMFI), presidido en la actualidad por Italia, y que vigila la gestión y la adaptación del sistema monetario y financiero, los procesos de ajuste, la evolución de la liquidez, el desarrollo de las perturbaciones monetarias y la trasferencia de recursos a los países en desarrollo.

Le sigue el llamado Comité de Desarrollo que preside Colombia, y que es en realidad un comité ministerial conjunto del Consejo de Gobernadores del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, encargado de la trasferencia de recursos reales a los países en vías de desarrollo.

Ni en el G-7, ni en el G-8, ha sido invitado España a participar. Se entiende. Pero tampoco lo ha sido en el G-10, que es un grupo de una decena de países que han decidido poner sus recursos a disposición del Fondo Monetario Internacional para hacer frente a necesidades suplementarias en el terreno financiero y monetario. Parecería normal que España no sea miembro del G-15, del G-24, o del G-77que reúnen a los principales países en desarrollo de África, Asia y América Latina, pero sí podría haber estado en el G-20, que es un foro de concertación en el que están, además de los miembros del G-7, otros 12 representantes de grandes países emergentes y un representante del país que preside la Unión Europea, si no es miembro del G-7.

Tampoco formaba parte España del G-22, creado en 1997, y que fue ampliado un poco más tarde para formar el G-33. En éste último grupo sí participaba España, pero su vida fue efímera y acabó transformándose por motivos de eficacia en el actual G-20. Esta es la amarga realidad que tanta rabieta produce en el ocupante de turno de La Moncloa, y que no se resuelve con gesticulaciones.

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