Opinión

Kissinger, rasgos de un rostro del poder

TRIBUNA

Carlos Ramírez | Miércoles 06 de diciembre de 2023

Después de haber participado en el bloque político que prohijó el golpe de Estado contra el presidente constitucional chileno Salvador Allende para interrumpir el proceso de un socialismo por la vía electoral,el estratega Henry Kissinger aterrizó en México en 1974 ya como secretario de Estado del Gobierno de Nixon y tuvo un acercamiento con el presidente populista y tercermundista Luis Echeverría Alvarez.

En aquel entonces, yo era reportero del periódico El Día, de corte progresista, en donde encontraron refugio muchos de los radicales combatientes latinoamericanos y españoles que huían de las dictaduras de sus países –y en cuyas páginas escribía Eduardo Haro Tecglen-- y dirigido por el excomunista Enrique Ramírez y Ramírez --sin ningún parentesco conmigo-- y fui designado a cubrir parte de la visita de Kissinger en la casa presidencial de los pinos y sobre todo en el tiempo que tuvo para hacer cierto turismo histórico.

En su visita a las pirámides de Teotihuacán, Kissinger, ya obeso, pasó dificultades para caminar en las escalinatas de la zona arqueológica y al bajar de una de ellas ayudado por dos agentes del servicio secreto,uno de cada lado, su jefe de escoltas le preguntó de qué lado del automóvil blindado quería subirse:

--Left (izquierda) o right (derecha).

Y con una sonrisa medio pícara, Kissinger le contestó:

--Right, of cuorse (derecha, por supuesto).

En una conferencia de prensa que aceptó a regañadientes, Kissinger fue escogiendo a los reporteros que queríanpreguntarle miles de cosas, y me dio la impresión de que tenía una muy especial sensibilidad para detectar las preocupaciones de los periodistas con solo mirarlos a la cara. Una compañera reportera de mi periódicoEl Día, Teresa Gurza, era conocida por algo quele daba mucho éxito en sus incursiones profesionales y que debería determinar el perfil de todo periodista: la imprudencia. Pero Teresa era una mujer guapa que destacaba entre toda la presencia de comunicadores y dos o tres veces noté que Kissinger estuvo a punto de darle la palabra, pero por alguna razón desviaba hacia otro reportero.

Después de un rato, el secretario de Estado hizo una especie de mueca tolerante y le cedió la palabra a mi compañera. No recuerdo con exactitud la pregunta, pero sí el tono y el contenido: el intervencionismo imperial de Estados Unidos en América Latina y lo que entonces se conocía como la política del big sticko del gran garrote que era el uso de la fuerza para imponer la voluntad y los intereses norteamericanos en los gobiernos.

Kissinger sonrió, tolerante y dueño del escenario, y dijo más o menos: “ya sabía yo que me iba a arrepentir de cederle la palabra, pero decidí correr el riesgo”. La respuesta del funcionario fue diplomática, eludió cualquier confrontación ideológica, además de que no tenía datos de la militancia de izquierda socialista de mi compañera y amiga.

Estas anécdotas revelan un poco el tono que estuvo siempre el estilo de Kissingerpara intentar siempre seducir a la prensa; varios libros se escribieron sobre la forma en que Kissinger establecía relaciones profesionales con periodistas mujeres jugando un poco con la seducción que, según él, tenía el ejercicio del poder. Lo detectó con claridad el periodista de seguridad nacional del New York Times Hedrick Smith en un perfil que publicó el 19 de enero de 1971, donde recordó aquella frase que formó parte de la personalidad de Kissinger:

--El poder es el gran afrodisíaco.

De entre todas las entrevistas juguetonas que Kissinger otorgó a mujeres periodistas sobresalió la que tuvo en noviembre de 1972, entonces consejero de seguridad nacional de Nixon, con la periodista italiana Oriana Fallaci, ya la que el funcionario aceptó conversar por una entrevista que ella le hizo al general Giap, el cerebro comunista de la ofensiva de Tet. En esa charla, Kissinger no ocultó su estilo político de succionar información de los periodistas que entonces tenían acceso a los grandes personajes del poder, a cambio de que él respondiera con frivolidad a buena parte de sus preguntas. Ante la insistencia de Fallaci, Kissinger dijo que no tenía “ningún asomo de maquiavelismo” en el ejercicio de su tarea como estratega de seguridad nacional, pero excepto que ha asociado al poder había buena parte de mecanismos de control de audiencia.

En esta entrevista le costó a Kissinger un enojo muy sonado del presidente Nixon, porque el funcionario dijo que la razón principal de su popularidad y fuerza política estabaen “el hecho de haber actuado siempre solo. Esto les gusta mucho a los norteamericanos (y él había nacido en Alemania y llegado a Estados Unidos sin hablar una palabra de inglés). Les gusta el cowboy que avanza solo sobre su caballo, el que voy que entra solo en la ciudad, en el poblado, con su caballo y nada más. Tal vez sin revólver porque no dispara.Él actúa y basta; llega el lugar oportuno en el momento oportuno. Total, un western”.

Fallaci sabía que Kissinger entendía que su tarea como funcionario era dejar la impresión de ser un poder en sí mismo y recordó el chiste que escuchó en Washington durante su estancia: “imagina lo que sucedería en Estados Unidos si muriese Henry Kissinger: Richard Nixon se convertiría en presidente de los Estados Unidos”. Jugando a negarlo, Kissinger tenía clara su cercanía al presidente y su influencia en cualquier tipo de toma de decisiones, al grado de que en los pasillos del ala oeste de la Casa Blanca se hablaba de Nixinger.

Kissinger fue un hombre de poder, para el poder y por el poder, y se lo dijo a Fallaci: “algunos creen que yo proyecto cuidadosamente cuáles serán, de cara al público, las consecuencias de una iniciativa o de una empresa mía. Creen que no puedo quitarme de la cabeza esa preocupación. Sin embargo, las consecuencias de lo que hago, me refiero en el juicio público, no me han atormentado nunca. No he perdido popularidad, no la busco. Inclusive, por si le interesa, no me importa nada la popularidad. No me da pizca de miedo el perder a mi público”.

--Usted es un nombre muy frío --le dijo Fallaci.

--En la práctica, no en la estrategia.

--¿Cómo se las arregla para conciliar la tremenda responsabilidad que tiene y la frívola reputación de que disfruta?, ¿cómo consigue que le tomen en serio personajes como LeDucTho(negociador comunista de la paz en Vietnam, y receptor, con Kissinger, del premio nobel de la paz en 1973) y luego se le juzgue como un despreocupado tenorio, mejor dicho, un playboy?

--En absoluto. Por qué tiene que molestarme cuando voy a negociar con Le Duc Tho. Cuando hablo con él sé lo que tengo que hacer con Le Duc Tho, y cuando hablo con las chicas sé lo que tengo que hacer con las chicas.

Y sobre su reputación de seductor, Kissinger fue muy sincero:

--Lo que importa no es hastaqué punto es cierta o hasta qué punto me dedico a las mujeres. Lo que cuenta es hasta qué punto las mujeres forman parte de mi vida. Para mí las mujeres son solo una diversión,un hobby. Nadie dedica tiempo excesivo a los hobbies.

Y sin decirlo, dejó entrever que las relaciones de pareja son como el poder:

--Cuando se es una persona seria, como yo, convivir con otra persona y sobrevivir a esa convivencia es muy difícil. Las relaciones entre una mujer y un tipo como yo son inevitablemente muy complejas… y hay que andar con cuidado. Me resulta difícil explicar estas cosas. No soy una persona que se confíe a los periodistas.