Los Lunes de El Imparcial

Robert MacFarlane: Los hechizos perdidos

Poesía

Domingo 10 de diciembre de 2023

Ilustraciones de Jackie Morris. Traducción de Andrés Catalán. Nórdica. Madrid, 2023. 240 páginas. 29,50 €.

Por David Lorenzo Cardiel



Tengo la casa edificada en libros. Aparecen por todas partes. Unas torres aguardan mi absoluto hedonismo lector, pacientes de que el trabajo me consuele con alguna pequeña tregua que me permita entregarme enteramente a ellos. Otros castillos, mucho más apremiantes, reúnen guarniciones de libros por trabajo, muchos de los cuales disfruto y otros, no tanto. Y entre el deber y el placer sucede el fenómeno que da pleno sentido a cualquier crítico literario sincero: encontrar los títulos emocionantes, capaz de enamorar y de quebrar el inicial esbozo de escepticismo.

Una de las maravillas que he descubierto recientemente ha sido Los hechizos perdidos. Al escribir estas palabras, siento que insultan la grandeza de esta propuesta literaria por la dificultad que tiene el lenguaje para expresar con plenitud lo inabarcable sin caer en el cliché. Pero comenzaré por el principio. Los hechizos perdidos es un canto de amor a la naturaleza. A modo de un divertido juego, el escritor británico Robert MacFarlane ofrece una serie de poemas dedicados a una especie concreta de planta o de animal. Es decir, los hay dedicados a aves (como la lechuza o el arrendajo), a mamíferos (la liebre, el zorro rojo), a insectos como la polilla y las mariposas y, por supuesto, a flores, plantas y árboles, como es el caso del roble. Los poemas son descriptivos, persiguen mantener una grata rima y una fonética fiel al original en inglés en esta versión en castellano, y más allá de estas cuestiones estilísticas ofrecen una belleza hermenéutica: cada uno de ellos describe con inmensa sensibilidad y ternura la fisionomía, las costumbres o el movimiento de cada ser. El lenguaje, además, no es rebuscado, persigue que cada pieza se lea con calma, atendiendo a la ilustración que le acompaña.

Porque esta es otra de las grandes virtudes de este libro: su hechizo no se esconde detrás de la palabra, sino en su alegre conjunción con el extenso catálogo de bellísimas y coloridas ilustraciones que de la mano de la artista Jackie Morris se convierten en compañeras indiscutibles durante la lectura del poemario. Voy aún más lejos, y que me disculpe MacFarlane por el atrevimiento: podría leerse el libro sólo mirando, embobado, sus imágenes. Confío en que uno de los poemas basten para subrayar lo que digo: «¡Pájaros, no dejéis de dar vueltas!/ Vosotros que sembráis el caos/ y buscáis emoción pura,/ vosotros que nos traéis la alegría,/ heraldos primaverales/ que os deslizáis en el viento/ y dormís en pleno vuelo…// ¡Y ahora imagina, imagina!/ La distancia y la premura/ del vuelo de esos vencejos/ para llegar aquí; la ruta/ los desiertos que surcaron/ sin detenerse, los mares/ que atravesaron, las montañas/ que una tras otra cruzaron…». Al final del libro se reúne un pequeño catálogo con las sesenta y cuatro especies invocadas.

¿Aparecerán súbitamente ante el lector? Salvo los gorriones que, alegres, saltan por las calles de mi ciudad en busca de algún grano que llevarse al buche sólo he conseguido hacer aparecer cada uno de los animales enumerados en mi imaginación. Porque Los hechizos perdidos propone, en definitiva, un rutilante paseo por la naturaleza para el lector que sea capaz de despertar en su interior. La belleza cotidiana que se esconde en los campos, en los jardines y en los bosques europeos fragua su esencia en la mente de quien recorra las páginas de este libro. A la generosa belleza de Los hechizos perdidos hay que sumar el grandioso y pulcrísimo trabajo editor que ha realizado Nórdica.

No sólo la traducción de Andrés Catalán es impecable, sino que el sello madrileño se ha esmerado en crear ejemplares de la más alta calidad, en tapa dura, con una maquetación absolutamente meticulosa y revisada, unas cortesías que adelantan la belleza del interior del libro y cálidos detalles como un ex libris al inicio. Todo ello concentrado en un tamaño reducido, que se acomoda bien entre las manos, de poco peso y ocupando poco más de doscientas páginas. El trabajo que ha realizado Nórdica bien merece uno de los premios al libro mejor editado o al mejor libro del año de los que se conceden en castellano.

Créanme si les afirmo con total rotundidad que Los hechizos perdidos es uno de los libros del año en castellano, el regalo perfecto para cualquier niña o niño curioso, adulto apasionado de la poesía y persona, en general, a la que le guste la belleza. Si es el caso, esta lectura les entusiasmará.

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