AL AIRE LIBRE

ÉXITO EXTRAORDINARIO DE NADIA CALVIÑO

Luis María ANSON | Lunes 11 de diciembre de 2023
Solo los cicateros podrán negar el éxito extraordinario que se ha apuntado Nadia Calviño...

Solo los cicateros podrán negar el éxito extraordinario que se ha apuntado Nadia Calviño al ser aceptada en Europa como presidenta del BEI, que se encuentra entre los bancos de inversiones más importantes del mundo. La coherencia ideológica, la seriedad en el trabajo, la capacidad profesional y la habilidad política han confluido para que la vicepresidenta del Gobierno español haya encontrado acogida en la cúspide europea. Se podrá coincidir o se podrá discrepar de Nadia Calviño, pero habrá que convenir la presencia positiva que siempre ha tenido en los foros internacionales.

Frente a la sumisión de Yolanda Díaz a las consignas del partido comunista, Nadia Calviño se ha esforzado por mantener la línea tradicional del PSOE en Europa. Se trata de un partido socialista de posición socialdemócrata, adulterado en los últimos años por una extrema izquierda que zarandea la posición democrática adoptada durante los catorce años que Felipe González gestionó la política española como presidente del Gobierno de la Monarquía parlamentaria, encarnada por Juan Carlos I. El tirón de Yolanda Díaz, a la que algunos llaman Yolanda Díaz Iscariote por su traición a Pablo Iglesias, se ha visto contenido, aunque no anulado, por la presencia y la serenidad de Nadia Calviño.

Y no es que la vicepresidenta juegue a favor de la empresa. Más bien se convirtió en una incómoda china en el zapato empresarial. Tal vez para no ahondar la división en el Gobierno de Pedro Sánchez, Nadia Calviño ha encontrado una fusión necesaria con la empresa general y con las empresas de ciertos sectores en particular. Ahora se clarificará la verdadera cara de la vicepresidenta cuando, al frente de un banco clave, tenga que tomar decisiones de alto relieve.

En todo caso, justo es aplaudir el éxito de Nadia Calviño, mirando al futuro con esperanza. Caer en el estúpido error de no reconocer el éxito ajeno, sobre todo cuando favorece a las empresas de España, significaría caer en el sectarismo inútil y en la contraproducente cicatería.