Opinión

Albert Camus en América

AL PASO

Juan José Solozábal | Martes 12 de diciembre de 2023

La aparición de la versión en inglés del libro de viajes a América de Albert Camus , en español se publica en 2021 , ha causado un buen revuelo, a juzgar por las reseñas, bien largas, recientemente aparecidas en The Review of Books (New York y London). En el libro se traspone el diario del escritor francés que emprendiera sendos viajes a América del Norte y varios países de América del Sur, en 1946 y 1949. Son viajes de descanso, pero también de promoción editorial y trabajo. Cuando lleva a cabo el primero acaba de publicar El extranjero y está también sobre La peste, que aparecerá un año después. No busque por tanto el lector en este libro un tratado de filosofía existencialista, pero tampoco lo desdeñe como una obra menor. Como se sabe la gravedad de los asuntos de que se ocupa Camus no le convierte en un metafísico, sino en guía para la conducta de los ciudadanos o el hombre común que tienen que verse con su circunstancia concreta y que han de ser felices en ella, en su ambiente. En el caso de Camus: las ciudades argelinas, las ruinas romanas, el desierto, el cielo, el sol y sobre todo el mar, “la llamada de la vida y la invitación a la muerte”. Como escribió Susan Sontag en un ensayo de 1962 el mejor Camus es el que se despoja del bagaje de la cultura existencial y habla de su propia persona. En el viaje a América lo hace con intimismo inusual (Adam Shatz, en The London Review of Books, Octubre 2023). Imposible desatender para la comprensión del libro su condición de enfermo, expuesto a los ataques de su tuberculosis en progreso, y su situación sentimental, especialmente durante el segundo viaje, con la crisis matrimonial y su enamoramiento de la actriz María Casares. Puede sorprender la frialdad de Camus ante el universo social y político americano que muchos compartimos en la juventud: América era la libertad, o sea, el rechazo de la dictadura y el totalitarismo; pero también la negación del estado intervencionista y nivelador que muchos queríamos. Era el ideal de la Resistencia y de su época de influencer desde Combat. Como le manifestó a su antiguo maestro M. Germain, su viaje a América le ha enseñado muchas cosas que no tienen porqué pormenorizarse. “Es un gran país fuerte y disciplinado en la libertad pero que ignora muchas cosas y en primer lugar a Europa”.

A la entrada de Nueva York, Camus registra: Espectáculo formidable a pesar o a causa de la niebla. “El orden, el poder, la fuerza económica se encuentran ahí. El corazón tiembla ante tanta admirable inhumanidad. Es un país en el que todo el mundo parece salir de una película de serie”. La deshumanización es completa, diríamos estructural, salvada la excepción de la población negra. “Solo los negros dan vida, pasión y nostalgia a este país, al que colonizan a su manera”. De regreso a Nueva York de un viaje , anota, “Impresión de estar cogido en la trampa de esta ciudad y de que podría liberarme de los bloques que me rodean y correr durante horas sin encontrar otra cosa que no fuesen nuevas prisiones de cemento y la esperanza de una colina, de un árbol de verdad o de un rostro descompuesto”. Una vez no puede evitar pensar en lo arbitrario de su rechazo a Nueva York. “ Mi curiosidad por este país ha cesado de repente. Como me pasa con algunas personas de quienes me aparto sin explicaciones y sin mayor interés”. Recapitulación en la hora del regreso a Francia : se está haciendo largo este viaje de vuelta. Las noches en el mar y ese paso del sol poniente a la luna son los únicos momentos en que el escritor siente sosiego. Al lado de las vanidades del mundo, al lado del siglo, Camus tiene una regla: el mar y todo lo que en este mundo se le parece. “ Oh dulzura en las noches cuando todas las estrellas oscilan y se deslizan por encima de los mástiles y ese silencio en mí, ese silencio por fin que me libera de todo”.

El viaje a Sudamérica tiene lugar en el verano de 1949. Predominan asimismo en los diarios las impresiones anímicas sobre las reflexiones generales o políticas. Puede decirse que un aire de desasosiego, tanto político como psicológico, corre a través de los diarios (Adam Shatz). Los regímenes de los países que visita Camus son dictaduras y la tentación del suicidio no le abandona fácilmente: también le abruman los deberes académicos a cumplir y le incomoda la observancia de los protocolos. Su pasión amorosa, el recuerdo de la Casares, le hace sufrir. Aunque hay una proximidad que no se da en su estadía en la América del Norte: en Brasil, en especial Río y Sao Paulo, la pobreza de sus barrios le recuerda la Argelia de su infancia , “el aire de mi Africa, pobreza y abandono cuyo inmenso poder de seducción conozco”, y la ordenación de la elite que visita se parece al orden colonial, que el conoce y que quizás aprecia más de lo que admite. Hay dos ideas políticas insinuadas. La inmensidad brasileña le hace presentir un futuro político en el que los sujetos serán los imperios y no las naciones. Atravesando la montañas que rodean Rio con el historiador Lucien Febvre, Camus piensa que “cuanto más rápido va el aeroplano menos importancia poseen Francia, España, Italia. Son naciones, provincias, y mañana serán aldeas del mundo. El futuro no está de nuestro lado y nada podemos hacer contra esta tendencia irresistible”. Pero el abigarramiento de la población que las ciudades sudamericanas muestran tiene un efecto destructivo innegable. La modernidad era solo un esmalte superficial que no podía imponerse a las fuerzas naturales y primitivas. “El edificio era atacado por las termitas que operaban lentamente, bocado a bocado, hasta el momento final del colapso sin remedio”. En realidad el pesimismo de Camus, contra el que nada servían las atenciones de las personalidades que lo acogieron (los Ocampo, Bergamín, Andrade, etc..) era una manifestación de la melancolía y el sufrimiento que le causaban su enfermedad y su situación amorosa, y que ya de vuelta a París le retendrían apartado obligatoriamente varios meses…