Sin la contundencia de un pasado reciente, la que en numerosas ocasiones asegura el hambre de gol de Erling Haaland, de nuevo ausente, el Manchester City firmó un batacazo sonoro. Por la diferencia de calidad, pero, sobre todo, por las circunstancias del duelo. Ante un Crystal Palace mermado, con bajas importantes, que aguantó en pie el apabullante dominio del campeón y lo castigó en los veinte minutos finales, en los que sacó a relucir de nuevo preocupantes carencias defensivas para Pep Guardiola.
Y eso que no estaba Odsonne Edouard, el hombre gol del Crystal Palace, al frente de una larga lista de ausencias. Lo que por momentos parecía que se convertiría en su suplicio, acabó siendo la sorpresa de la jornada. No sorprende con Roy Hodgson al mando. Sus equipos se le suelen atragantar a Guardiola que buscará razones que expliquen como su equipo dejó escapar el triunfo en un partido en el que vencía por dos goles. Con el 74% de la posesión y hasta 19 remates.
Porque el Etihad asistió a un monólogo en gran parte del encuentro. Un City que atacó con paciencia a una defensa de cinco. Con Julián Álvarez como 9, avisando ya a los cinco minutos con un testarazo de lo que le esperaba a Henderson, salvador con una mano derecha firme salvadora.
Tal era el dominio del City que uno de los jugadores que más peligro creó fue su mediocentro Rodri, cerca del gol hasta en tres ocasiones. Buscando la escuadra con el exterior, pisando área para rematar centros laterales de un equipo que añoró en banda izquierda el desborde de Jérémy Doku. Aunque la brillantez en los metros finales era cosa de Foden, el encargado de poner luz donde no había espacios en las dos líneas juntas del Palace. Apareció al borde del fuera de juego Grealish para definir con disparo ajustado a los 24 minutos y cambiar el paso del partido.
Nadie imaginaba la reacción de un equipo que apenas era capaz de armar un ataque. perseguía sombras, corriendo tras el balón y salvado por Henderson, en dos ocasiones ante Gvardiol y al latigazo de Foden ajustado al poste.
Los 367 pases del equipo de Guardiola por los 136 del Crystal Palace al descanso, dibujaban un partido en el pese a estar anulado, la única acción de peligro del primer acto, en una carrera de Mateta, pudo acabar en roja a Ederson. Salió de su área y derribó al delantero. El colegiado interpretó que estaba ladeado y que Ruben Dias seguía de cerca la jugada pero una cartulina roja en vez de una amarilla, no le habría sorprendido a nadie. Olise, acariciando el larguero con el lanzamiento de falta, dejó un aviso a navegantes.
Aunque nadie temía por el partido. Menos aún tras el arranque del segundo acto cuando la posición de Rodri, que fue a rematar una falta lateral en fuera de juego, acabó en gol anulado pese a no tocar el centro de Julián Álvarez. Apenas 90 segundos después se desquitaba el futbolista español, con su presencia en el área para fijar centrales y permitir a Lewis llegar desde atrás para marcar el segundo.
La desventaja de dos tantos, haber sumado uno de los quince últimos puntos en juego, invitaron a la displicencia de un City que desapareció a la hora del partido, con un zurdazo de Bernardo Sila al que voló Henderson para realizar la parada del partido.
El paso al frente del Crystal Palace, superada la tormenta, le metió en el partido con el tanto a placer de Mateta, tras la acción repleta de velocidad, castigando la espalda de la zaga 'citizen' y el pase preciso de Schlupp. Y cuando todo el mundo miraba el marcador en el tiempo añadido, un grave error de Foden, que dentro de su área fue a despejar lo más lejos posible el balón y golpeó la pierna izquierda de Mateta, que le robó la cartera. Acabó en un penalti que transformó con calma Olise para premiar la resistencia.
El Borussia Dortmund inició el camino hacia la despedida del título en la Bundesliga tras empatar 1-1 en su visita al Augsburgo para firmar su octavo tropiezo del curso en los 15 partidos que ha disputado con un errático saldo de 7 victorias, 5 empates y 3 derrotas con las que podría acabar la jornada a 13 puntos del líder.
Antes del inicio del duelo, el Dortmund sólo había ganado uno de sus últimos seis partidos y ya no podía permitirse más errores. Con el Bayer Leverkusen intratable y con el Bayern Múnich como único integrante de la resistencia, jornada a jornada el equipo de Edin Terzic se ha ido diulyendo como un azucarillo hasta llegar al partido número quince a once puntos del líder. Otro pinchazo más significaba el adiós definitivo al título a cinco meses del final de la Bundesliga.
Para colmo, a las numerosas bajas que ya tenía el Dortmund por la presencia en la enfermería de Julien Duranville, Youssoufa Moukoko, Felix Nmecha y Julian Ryerson, en los dos últimos partidos cayeron dos nombres más: Mats Hummels, sancionado tras su expulsión de la pasada jornada en el choque ante el Leipzig, y Karim Adeyemi, lesionado durante el partido de Liga de Campeones ante el París Saint-Germain.
Terzic recuperó a Thomas Meunier en el lateral derecho, apostó por Nico Schlotterbeck en el centro de la defensa y por Malen Donyell como sustituto de Adeyemi. Y, precisamente, Schlotterbeck y Malen, reclamaron su cuota de protagonismo en dos jugadas que serían clave en la primera parte.
El Augsburgo, inmerso en la pelea por salir de la zona intrascendente de la clasificación, intentó aprovechar las malas sensaciones generales del Dortmund en sus últimos encuentros. Y, pese a que los hombres de Terzic pudieron adelantarse pronto con dos ocasiones muy claras de Marco Reus y de Ramy Bensebaini, fue el Augsburgo el que primer abrió en el marcador por medio de Ermedin Demirovic.
En el tanto del delantero bosnio entró en escena Schlotterbeck. El central del Dortmund, empujado por Demirovic, perdió la posición y el jugador del Augsburgo robó la pelota y batió en un mano a mano a Gregor Kobel. Pudo ser falta o una probable ausencia de contundencia de Schlotterbeck. La escena dejaba lugar a muchas dudas, intervino el VAR y el árbitro Matthias Jollenbeck decretó gol.
El jarro de agua fría fue tremendo para el Dortmund, que hasta ese instante, el minuto 23, fue claramente mejor que el Augsburgo. Sin embargo, se repuso y durante el resto de la primera parte siguió a los mandos del duelo hasta que consiguió empatar por medio del otro protagonista de la tarde, Malen, que con la colaboración de Niclas Füllkrug subió el empate al marcador.
El atacante neerlandés aprovechó un taconazo exquisito de su compañero al borde del área y, con un disparo ajustado, consiguió un empate que, hasta ese momento, era claramente merecido. Era el mínimo premio que el Dortmund se había ganado sobre el césped y aún tenía 45 minutos por delante para conseguir la victoria.
En el segundo tiempo, el Augsburgo salió mejor al terreno de juego del WWK Arena. El Dortmund se libró por el punto de mira desviado de los jugadores del equipo de Jess Thorup, que no encontraron los tres palos en ocasiones protagonizadas por Phillip Tietz, Demirovic y Elvis Rexhbecaj.
Sin embargo, el Dortmund despertó en el último tramo. Se lanzó desesperado a por la victoria y pudo conseguirla. Dispuso de tres ocasiones claras que desaprovecharon Malen, Samuel Bamba -que debutó con el primer equipo- y Füllkrug. Sobre todo Bamba, con un cabezazo muy claro que mandó al limbo, y Füllkrug, que se encontró con una mano de Dahmen que desvió la pelota al palo en el minuto 88.
Al final, la suerte no estuvo del lado del equipo de Terzic, que sigue cuesta abajo y sin frenos en la Bundesliga. Sólo ha ganado uno de los últimos siete encuentrosy podría acabar la jornada en la sexta posición a trece puntos del líder, el Bayer Leverkusen, que recibirá este domingo al Eintracht Frankfurt.
Aún no funciona del todo como debería el Chelsea, que ganó tiempo frente al último de la clasificación, el Sheffield United, al que venció en la segunda parte, por medio del cambio de ritmo de Raheem Sterling y del gol de Cole Palmer, que también dio el 2-0 a Nicolas Jackson para aliviar el momento del equipo londinense.
Así se repuso de dos derrotas seguidas y venció su segundo choque en las últimas seis jornadas; aún lejos de la situación más acorde a su potencial, tan lejos del liderato, a 15 puntos ahora del Liverpool, y en una posición menor en la tabla que una victoria contra el colista de la tabla tampoco es nada concluyente para establecer su reacción.
El Chelsea compite en un alambre. A un detalle de ganar. A un detalle de perder. Esa es la realidad actual del equipo de Mauricio Pochettino, que camina intranquilo por la banda, pendiente de que su conjunto logre la constancia, la claridad, el desborde y la fortaleza que se presupone por su inversión, sus futbolistas y su historia, campeón europeo en 2021.
No hace tanto de entonces. El equipo es completamente distinto. Hoy es un proyecto en construcción, pero también en rehabilitación, tan dañado por el caótico curso de la pasada campaña, tan revolucionado y transformado, que su reencuentro con la elite aún está pendiente, quizá más que una cuestión de tiempo y de adaptación. Necesita mucho más.
En el 79 por ciento de la posesión que dispuso en el primer tiempo, en su 91 por ciento de precisión en el pase, tan solo conectó un tiro entre los tres palos. Nada más. No sólo eso, sino que, entre alguna acción de Nico Jackson, un tiro de Gallagher, la suplencia de Enzo Fernández, una jugada de Mudryk, el Sheffield generó la misma sensación de peligro, aunque más espodárica, sobre todo con el intento de Archer con el que tembló el Chelsea.
Cierto que ni siquiera fue a portería. Ningún tiro del conjunto visitante en 45 minutos lo hizo. Nadie probó las manos ni los reflejos de Djordje Petrovic, el sustituto del lesionado Robert Sánchez. Fichado por 14 de millones de euros al New England Revolution de la MLS estadounidense el pasado verano, es la oportunidad del guardameta serbio de 24 años.
No sirven de excusa las numerosas bajas que sufre (Marc Cucurella, Reece James, Robert Sánchez, Trevoh Chalobah, Ben Chilwell, Carney Chukwuemeka, Wesley Fofana, Lesley Ugochukwu, Noni Madueke y Romeo Lavia) para que el Chelsea hubiera disparado solo una vez a portería en más de 50 minutos, cuando logró el 1-0. En su segundo remate. En el 53.
No tardó mucho más en resolverlo todo, con el pase de Cole Palmer y el remate de Jackson, tras una acción de Sterling, para firmar el 2-0 y la sentencia del encuentro en el minuto 60.