Comunicación

Conferencia íntegra de Fernando Jáuregui

foro nueva economía sobre periodismo

Lunes 03 de noviembre de 2008
EL PERIODISMO EN INTERNET: ¿LO ESTAMOS HACIENDO BIEN?

Es verdad que vivimos tiempos extraños, tiempos en los que una red social llamada TUENTI, creada hace un par de años o tres por un muchacho que no llega a los 30 años, multiplica por 10 el número de visitantes de los dos principales diarios de nuestro país, tiempos en los que cualquier ciudadano que abra una bitácora y que tenga talento puede competir con nosotros, tiempos en los que el premio Príncipe de Asturias de la Comunicación se concede a dos multimillonarios que en un garaje crearon Google.

Tiempos en los que el epicentro de las elecciones norteamericanas de mañana, en lugar de estar en el NYT o en el Washington Post, ha pivotado hacia Huffington Post, un medio ciudadano, y Daily Kas, un blog, un simple blog que hay días que tiene más lectores. que Fax News.

Estamos hablando de esa revolución diaria que es Internet, capaz de sorprendernos cada hora. Internet nos ha puesto ante el espejo, no somos, los periodistas que trabajamos en este campo, tan importantes como nos creíamos. Y, al tiempo, somos mucho más importantes, individual y colectivamente, de lo que algunos ajenos a este mundo piensan.

Decía Esteban González Pons, que es un político comprometido con las nuevas tecnologías, que con la caída del muro de Berlín, la creación de Internet, el 11-s y la presente debacle financiera mundial, puede decirse que acabó la edad contemporánea y se inicia un período histórico nuevo para el que aún no tenemos nombre. Me parece que tiene razón.

Por eso, y porque me parece que hay que considerar ya la información en Internet como mayor de edad, aunque aún sea muy joven. Y porque hay que deshacer algunos tópicos y quién sabe si consolidar otros. Y, sobre todo, porque la información es el bien más caro a la persona, tras la vida y la integridad física, un bien y un derecho constitucional al que hay que tratar con mucho cuidado, Por todo eso, creo que hablar de lo que yo vaya hacerlo hoy es importante para todos. Importante por el mensaje; no, por supuesto, por el mensajero. Así que, por favor, no maten al mensajero, o sea, a mí, en esta ocasión.

Y por eso mismo tengo que agradecer especialmente a José Luis Rodríguez la oportunidad de estar hoy aquí, tratando sobre esta cuestión en este foro de prestigio en el que tantos grandes de la comunicación, con muchísimo más mérito que yo, me han precedido. De la misma manera que tengo que agradecerles a todos ustedes que hayan hecho el sacrificio de venir a escuchar lo que tengo que decir.
Ustedes, que son todos muy importantes para mí, van a contribuir a certificar esta mayoría de edad para este modo de comunicación, que ya digo de entrada que no tiene por qué excluir a ningún otro: ni la televisión mató a la radio, ni el vídeo al cine, ni Internet tiene por qué perjudicar, sino más bien complementar -y ya hay quien ha empezado a hacerlo con éxito, como el ABC de Ángel Expósito, a quien por supuesto agradezco mucho su generosa presentación- complementar, decía, al periodismo de papel, e incluso cooperar con él. Cada cual en su sitio y en su especialización. Cierto que, como dice Luis Sánchez Bardón, el OVO acabó con el vídeo -más o menos--, el correo electrónico con una buena parte del fax, el CO con el vinilo, el MP3 con la minicadena, el iPhone con ... Pero son derivaciones de una misma especie. Nada, o poco, que ver con el papel y la Red, que tendrán que encontrar sus propios espacios. Y buscar sinergias.

La verdad es que es un acto de valor por parte del presidente de este foro haber traído aquí la controversia, tan caliente, sobre la prensa digital. Es una oportunidad no para mí ni para mi grupo, que desde luego nos sentimos altamente honrados, sino que me parece que es una ocasión para hablar del sector como un colectivo. Y, sin arrogarme representaciones que nadie me ha concedido, vaya hablar de algunas líneas generales, de problemas que me parece que nos afectan a todos los que nos dedicamos a este, entre comillas, muchas comillas, cada vez, ay, más comillas,"negocio". Y digo que no me atribuyo representación alguna porque en este mundillo somos muy heterogéneos, y con unos me siento más identificado que con otros, y, como es natural, algunos se sentirán más próximos a lo que vaya decir que otros.
Casi cada día está naciendo en España un nuevo medio informativo digital. Especializados o generalistas, universales o locales, institucionales o ciudadanos, respaldado por otro medio en papelona, unos más válidos que otros, el caso es que somos ya centenares los que, con pretensión de llamarnos periódico digital, estamos poblando cada día, cada minuto, el ilimitado espacio de la Red con la intención de acaparar lectores y, por supuesto, anunciantes.

Periodistas recién llegados a la profesión, junto a otros, veteranos, que se sienten expulsados por razones varias de los medios tradicionales; innovadores entusiasmados por lo nuevo, exploradores, blogueros, gentes ajenas al periodismo que quieren comunicar algo, y algún que otro aventurero, que todo hay que decirlo, se han lanzado a la vorágine.

Muchos permanecen casi en el anonimato. Otros han creado empresas de auténtico éxito, periódicos Ion line' que son consultados a primera hora de la mañana, y durante todo el día, por cientos de millones -cientos de millones, sí¬de ciudadanos de todo el mundo. No podemos olvidar las potencialidades que nos da el hablar en español. A veces parece que aún no nos hemos enterado de que somos casi quinientos millones, y que la Red nos permite cruzar el charco hacia América con toda facilidad. Oportunidades elevadas al cubo para la comunicación y también para el ocio y el negocio. Así, el país que más consulta, tras España, mi grupo de periódicos son los Estados Unidos ... donde no tenemos una edición específica, aunque sí las tenemos en otros nueve países americanos. Interpreto que ocurre que en EEUU el interés por lo hispano crece, como bien saben, entre otros muchos, los señores Obama y McCain.

Y la cosa no decrece. Han pasado los tiempos del riesgo de explosión de la burbuja: ahora son momentos de mayor realismo, en los que los medios en Internet están dimensionados sin faraonismos, con mayores posibilidades de supervivencia... si saben adaptarse a lo que viene.
Porque, hablando ya de información, y no de tecnología, es cierto que estamos todavía en una situación no muy diferente a la de aquellos periódicos del siglo XIX que se creaban y desaparecían en función de las veleidades o protagonismos políticos o económicos de sus animadores, que se dedicaban a sacudirse de lo lindo los unos a los otros. Trincheras aisladas, egoístas, reinos de taifas que se consideraban, cada uno, el centro del mundo.

Y ahora hay demasiada dispersión, excesivos protagonismos y, qué duda cabe, demasiados fallos y defectos que deberían obligarnos a una severa autocrítica. Es verdad que hay periódicos digitales que, según mi criterio, no merecen el nombre de tales y que otros que sí lo merecen a veces cometen grandes errores de planteamiento. Pero, en general, el balance que yo me hago es positivo, y me parece que debemos pensar cuanto antes en una concentración que nos dé una mejor calidad, porque el periodismo, todo periodismo, necesita de medios económicos para ser un buen periodismo. Luego volveré sobre esto.

Y hay, además, que evitar que nos enfermemos de eso que Alfons Cornellá llamó "intoxicación", o sea, la intoxicación de tanta y tan variopinta información como cada día recibimos. Según cuenta el abogado Javier Cremades en su interesante libro 'Micropoder', la dificultad consiste en que conectar entre sí a los individuos de un público, puede provocar "cascadas de información" que les hagan perder su independencia de criterio. Porque, como dijo Felipe González, también se puede morir de éxito, de exceso de información en este caso: nunca ha habido más oferta y, sin embargo, me parece que la sociedad sigue sin estar bien informada del fondo de lo que ocurre (véase, si no, la crisis económica actual). También eso hay que evitarlo, morir de éxito, digo. Así que tenemos que aprender a administrar con sabiduría y prudencia los éxitos, los relativos éxitos si ustedes quieren, que hemos ido cosechando en esta década de claros y oscuros.

Recuerdo que Álex Grijelmo, presidente de la agencia Efe, fue el primero que, en este mismo foro, se atrevió a criticar, no de la manera parcial e interesada en que lo hacían otros, ciertos excesos de los medios de Internet, algunos vicios y determinadas corruptelas. Estuve parcialmente de acuerdo con él, aunque le dije que seguramente todo aquello era achacable también, de algún modo, a otros medios tradicionales y así había igualmente que decirlo. Y que generalizar no es lo más constructivo: hay de todo, en Internet y fuera de Internet.
Porque la verdad es que, en muchos aspectos, en España estamos todavía lejos de hacer un buen periodismo, en general, hablemos de Internet o de otros soportes: estamos demasiado sectorizados, somos parciales y hasta sectarios en defensa de intereses que poco tienen que ver con ese sacerdocio -pongan aquí también las comillas que deseen, pero sacerdocio es, en efecto- que es la tarea de informar. Quizá estemos demasiado politizados, en el peor sentido de una palabra, 'política', que no tiene, en sí, nada de innoble, sino todo lo contrario. Pero los periodistas no tienen por qué meterse a políticos 'paralelos', ni a aprendices de financieros, ni a seleccionadores de futbol desde su ordenador. Quizá estemos todavía demasiado influídos por algunos predicadores que se llaman periodistas y que no son notarios de la realidad, sino que pretenden forzarla para que pase por sus parámetros e intereses.

Pero, una vez dicho esto, tengo que salir en defensa del periodismo digital. También del que se hace aquí y ahora. Incluso de la mayor parte de este denostado periodismo de 'confidenciales' que casi nunca es, técnicamente hablando, de confidenciales -porque lo confidencial, por definición, es lo que se cuenta a un número necesariamente restringido de personas, lo que en este caso no ocurre-o
Con todas las limitaciones y excepciones que ustedes quieran, y sé que hay mucho de criticable, las líneas generales del periodismo que se hace en Internet son positivas y acordes con esa frase, que yo creo que ningún profesional de la comunicación debería olvidar, según la cual "noticia es todo aquello que alguien no quiere que se publique", en definición de Lord Northcliffe. Lo demás, añade Northcliffe, es hagiografía, publicidad, comunicado oficiala lisonja.

El periodismo en Internet (que sin duda, repito una vez más aún a riesgo de ser pesado, tiene mucho que depurar todavía), tiene menos clichés, menos ataduras, menos gastos y por tanto menos compromisos, y puede, cuando quiere -reconozco que hay quien no lo pretende, pero son los menos- puede volar alto.

Precisamente por eso somos más y mejor considerados por el ciudadano de la calle que por las instituciones y sus representantes. Hay quien ha intentado poner mordazas, puertas al campo, naturalmente sin conseguirlo. Y hay quien no entiende esta nueva forma de trabajar en comunicación. Ahora tenemos que hacer, lo digo adaptando la célebre frase del gran Adolfo Suárez, que sea políticamente normal lo que en la calle ya es normal o casi normal. Así, hay términos y conceptos, como 'blog', 'facebook' "widget", "creative
commons" o tuiter, o phising, o spam, o ... que están marcando nuestras vidas y que estaban ahí, en la realidad, mucho antes de su consagración en los medios de comunicación convencionales. Y mucho antes de su aceptación oficial y, menos aún, legal.

Que esa es otra: y lo digo aprovechando la presencia del ministro de Justicia, que me consta que no es ajeno al tema: es urgente una nueva regulación legal, a escala internacional, de los fenómenos derivados de Internet. Hay que cambiar muchas leyes, en España y en todos los países, para hacer, ya digo, legalmente normal lo que los ciudadanos viven con normalidad. Y para combatir algunos excesos que podrían acabar matando esta vía magnífica de comunicación. Pero, en fin, ya se sabe que la vida viene antes de la filosofía y de los códigos.

Y también se sabe que es muy difícil aceptar en los códigos que la realidad ya no es lo que era y, peor aún, tampoco es lo que parece.
y digo esto ahora aquí, delante de todos ustedes, muchos de los cuales son legisladores y representantes de poderes que aún nos tienen que asimilar, a los medios llamados virtuales, de una manera más plena y a los que tenemos que asimilar y aprender a respetar como merecen. Ya sé que nosotros, los medios, tenemos buena parte de culpa de que este encuentro no se haya producido hasta ahora, porque quizá hayamos querido ir demasiado lejos en nuestra ruptura con los convencionalismos y en una irreverencia que no siempre era, al tiempo, irreprochable. Acaso algunos han, hemos, querido ir demasiado aprisa, y ello nos ha alejado de gente bien pensante y bien intencionada para la que esta revolución ni era tan urgente ni tan fácilmente digerible ni, acaso, tan conveniente.

Pero es demasiado tarde para, como decía, poner puertas al campo. La información, este modo de informar, ya digo, es demasiado importante como para dejarlo solamente en nuestras manos, sin anclajes en amplios sectores de la sociedad, que no han acabado de entendernos. O que creen haber llegado tarde a esta era posgutenberg y hasta puede que postelevisión.
En mi grupo hemos creado un Consejo Editorial, presidido por el profesor Jiménez de Parga e integrado por una veintena de personalidades, entre ellas varios ex ministros, sindicalistas, economistas, empresarios, abogados y periodistas, con la misión de vigilar que lo que hacemos no se aparte de los postulados y normas que configuran una información. Y que, de paso, desde su alto magisterio, nos impidan olvidar dónde estamos anclados, cuál es el conjunto de la sociedad a la que servimos. Que no nos dejemos fascinar por la inmensidad del instrumento olvidando los valores más necesarios.

Se trata y sigo una opinión de Athur Clarke citada en el 'Micropoder' de Cremades de mantener un sano escepticismo frente a los visionarios de la nueva era virtual.

Considero, así, urgente que esta mayoría de edad que reclamo para los medios en Internet vaya acompañada de una mayor profesionalización y moralización, así como de un máximo rigor informativo en nuestros periódicos. Y de la búsqueda de nuevos modos de comunicar. Es algo que preocupa a muchos de los que los hacemos y yo creo que preocupa también a la sociedad en general. Porque la opinión pública sabe discernir muy bien qué es lo que le interesa, aunque a veces muchos nos empeñemos en convertirnos, de una manera forzada, en su intérprete.

No quisiera que esta reflexión se interprete de manera errónea: ni estoy abogando por quitar el pie del acelerador de una nueva forma de hacer información ni, menos aún, desde luego, por alguna clase de censura o autocensura, que es lo que algunos quieren decir cuando hablan de autorregulación o de la implantación de determinados códigos deontológicos, que a veces no son sino una barrera para frenar el ir más lejos en esa manía nuestra de que la noticia sea, repito, todo aquello que alguien quisiera evitar que salga a la luz.
Pero, sí, hay que acabar con algunos vicios, como el anonimato en la interactividad, que tanta difamación, tanta publicidad encubierta, tanta mentira, posibilita; o la falta de investigación de la noticia, el mezclar la información con el juego (lo lúdico no es información). O el forzar los titulares -y los contenidos¬- en beneficio propio. O minimizar lo importante a favor de lo sensacional o lo simplemente interesante. O sobrevalorar la aportación, sin duda globalmente positiva, de los blogs o del llamado periodismo ciudadano, que erróneamente tratados, pueden acabar contribuyendo a matar el nuevo periodismo.

Hay quien cree y sigo citando a 'Micropoder' que los blogs son la forma más activa y sorprendente del nuevo periodismo de participación. Atención, porque creo que esta afirmación no puede considerarse hoy una verdad absoluta.
Estamos hablando de una nueva forma de hacer periodismo, pero no podemos ni debemos sacralizarla: hay recién llegados, por muy jóvenes, a este terreno de juego que piensan que la realidad es lo que aparece en la pantalla del ordenador -o del teléfono móvil- y todo lo demás es virtual. Como hay quien piensa que lo mismo vale una reflexión unipersonal que una crónica periodística, el grito aislado de un blog que el peso de un medio informativo. Un blog puede ser una forma de hacer periodismo, por qué no. Puede ser parte de de un medio de información, un buen complemento, pero, por sí solo, no es un medio de información, pienso.

Un medio de información necesita sedimentación, reflexión, experiencia, profesionalidad y un conjunto de gente lanzada a una misma empresa de informar según los cánones convenidos acerca de lo que es información. Y ello requiere investigación, contraste, tiempo de conocimiento. Hay una 'generación Google' a la que le parece que toda la cultura universal se contiene en los buscadores -muy útiles, por otra parte y no lo digo porque estén aquí la señorita Moreno y el Sr. Rodríguez Zapatero que representan a este buscador universal en España-. Pero en su peor versión, esta generación Google renuncia al periodismo presencial, que sigue siendo, en mi opinión, la esencia de la información real y 'verdadera', vamos a decirlo así. Hay muchos que, al amparo de las posibilidades de Internet, se conforman con lo que llega a las redacciones y no van en busca de la noticia, de manera que la esencia de esta se desvirtúa, convirtiéndose en un sucedáneo del comunicado que nos envían los interesados en que 'noticia sea todo aquello que alguien sí quiere que se publique'. O sea, todo lo contrario de lo que, a mi entender, sería lo deseable en un periodismo libre.

Y el periodismo libre es lo mismo de siempre, sea cual sea el soporte que utilice: contar y analizar la realidad, no inventarla. Narrar más historias verdaderas y hacerlo mejor que la competencia. Pluralidad en las opiniones. Asegurarnos de que lo que contamos es lo más exacto que se puede verificar. Internet, en este sentido, no es diferente a la hora de hacer periodismo que la prensa de papel, la radio o la televisión, o las agencias de prensa. Lo que ocurre, me parece, es que cada medio tiene sus especificidades, sus propias técnicas y tecnologías, que no pueden dominar la esencia de lo que es informar: son apenas herramientas.
Internet es, acaso, la más completa de esas herramientas para verter la información de siempre. Es, como lo definió Al Gore, la mejor autopista de la información, porque en ella cabe todo tipo de vehículos: escritos y audiovisuales, caben las hemerotecas sin límite. Y están la red, que llega a todos los rincones y todos los rincones conecta, y esa interactividad que posibilita que el papel del receptor sea tan importante como el del emisor, de manera que el periodista deja de ser el guru, el gran hacedor que decide por dónde ha de salir el sol cada mañana sin posibilidad de réplica.

Así, el papel del periodista vuelve a lo que yo creo que debe ser, el oficio grandioso y humilde que consiste en servir a la sociedad mejorando sus niveles de información. Ni más, ni menos. Pero tenemos todavía mucho que aprender: o que volver a lo ya inventado, ese periodismo presencial, crítico, informado. Y ahora es posible, además, hacerlo muy, muy participativo.

Porque ya no es posible el periodismo sin escucha activa, sin conversación, sin participación. No sé si así lograremos llegar a esas capas nuevas de la sociedad, a esas nuevas generaciones a las que me parece que no comprendemos bien, que no leen la prensa de papel, o la leen en proporciones alarmantemente bajas, que no escuchan los informativos de la radio, que no ven los de la televisión y que tampoco se han incorporado de lleno a los periódicos más 'tradicionales', si así se pueden llamar ya, de Internet. Y lo peor es que no sabemos hacia dónde galopa esta nueva realidad. Reconozcámoslo: los jóvenes usuarios de Internet no vienen a nuestros medios tanto como nos gustaría, prefieren pasar su tiempo en blogs y redes sociales. Y nosotros, en lugar de correr hacia donde está ese nuevo público abriendo el código de nuestras noticias, escuchándolos y compartiendo, estamos atrapados en una paradoja espacio-temporal, en unos intereses particulares y localistas, que muchas veces nos impiden reaccionar.

Claro que gran parte de la responsabilidad de la falta de conexión con los más jóvenes, y con los más mayores, la tenemos quienes hacemos estos periódicos tradicionales pero 'on line'. La gente no se identifica con los periódicos digitales como lo hace con los de papel. Nadie lleva orgullosamente bajo el brazo un periódico digital -entre otras cosas, porque es imposible-, nadie se enorgullece de leer 'este' diario y no aquel otro, como seña de identidad política o social. Las manchetas ya casi no importan. Me parece que la pautas de comportamiento son diferentes: los intemautas nos visitan apenas unos minutos, buscan lo que desean, lo leen y pasan a otro periódico, de manera que en media hora, como mucho, han acumulado la información que necesitaban tras recorrer varias cabeceras. Una especie de periodismo a la carta es la demanda, y no estamos fabricando una oferta suficiente para satisfacerla.

¿Qué hacer?
Mucho tiene que ver con la formación de nuestros nuevos profesionales y con las limitaciones de los 'veteranos' que estamos en esto. ¿Qué podemos hacer con un periodismo cuyo modelo de negocio es todavía el control de la información en la época del peer to peer y del copyleft?

¿Qué podemos hacer cuando en nuestras redacciones aún hay quienes piensan que todo lo nuevo es peligroso y no saben poner un link? ¿Qué podemos hacer cuando los jóvenes periodistas salen de las facultades sin saber poner un "tag" o añadir un hipervínculo?
y también, ¿Hasta cuándo vamos a esperar para crear modelos publicitarios suficientemente eficientes para absorber toda la publicidad que busca nuevas alternativas al papel y al audiovisual?

Hace falta una toma de conciencia colectiva para que el periodismo en Internet llegue a ser lo que tiene vocación de ser, lo que sin duda acabará siendo si la miopía, las ambiciones excesivas, los particularismos egoístas y los prejuicios no acaban con él. Quiero decir, y lo digo muy claramente, que tal vez no tenga sentido esta proliferación, quizá en alguna ocasión un poco amateur, de medios informativos en la Red, que acaso tengamos que unirnos de algún modo para adquirir mayor potencia y llegar a más gente.
Yendo a la práctica, pienso que probablemente hayamos de unificar algunos contenidos parciales, que nada (o poco) tienen que ver con el ideario de un periódico: secciones compartidas de tecnología, de deportes, de arte, de libros. Y advierto que eso, o lo hacemos nosotros mismos, o nos obligarán a hacerlo los anunciantes, hartos de nuestras demandas por separado, y también nuestros lectores, exasperados de tener que vagar en busca de lo que necesitan por diversos medios y por mares procelosos y a veces sin agua suficiente para la navegación.

Alguien sabio me dijo que la única salida era agruparnos. Y argumentó: al fin y al cabo, más difícil era fusionar algunos bancos, y se hizo. ¿Por qué nosotros no? Estoy convencido de que en pocos años las informaciones generadas por nuestros medios estarán disgregadas en otros sitios de la red, que los ciudadanos no tendrán que teclear la 'url' de nuestro medio para acceder a las mismas, sino que les llegarán de forma automática atendiendo a su perfil , costumbres y gustos. Que serán informaciones abiertas, editables, compartibles y distribuidas ... y a la carta. Al fin y al cabo, Facebook, Tuenti, son redes que cuentan con una difusión muy superior a la de cualquier medio 'on line', incluso que los mas importantes medios on line. Allí, o en la página de noticias de Google, que usa un algoritmo para seleccionar titulares de miles de sitios informativos, creando así una especie de kiosko global de noticias, estarán pronto las mejores perlas de nuestros periódicos, al alcance de muchos más de los que ahora nos visitan.

Eso, por lo que a este sector respecta. Ya ven que tenemos mucho sobre lo que reflexionar. Por lo que se refiere al otro lado del mostrador ... Hemos sorteado lo peor, los intentos de anularnos, de minimizarnos. Todavía ni el presidente del gobierno ni el líder de la oposición, ni tantos otros representantes de los máximos estamentos, conceden chats a medios de Internet -otros políticos, entre ellos la mayor parte de los aquí presentes, sí-o Ni la publicidad institucional llega a estos medios digitales con la ecuanimidad debida, suponiendo que llegase algo, que no llega en absoluto.

Es decir, tenemos que reconocer que no gozamos aún del reconocimiento que merecen nuestros 'hermanos mayores' en la prensa y en los audiovisuales. Y ya digo que no son la brevedad de nuestra historia, ni la incomprensión o los recelos de los otros, los únicos factores: aún tenemos que hacernos acreedores a muchas cosas. De la misma manera que la 'otra orilla' ha de hacer un esfuerzo de aproximación a este mundo que le es, pese a todo lo que muchos gobernantes proclaman acerca de su amor a las nuevas tecnologías, aún ajeno y bastante desconocido.

Pero ni generalicemos demasiado ni exageremos al hablar de nuestro aislamiento. Sería injusto no reconocer el papel que, en el desarrollo de la información en Internet, han jugado los grandes anunciantes privados (porque ya digo que lo que es la publicidad institucional. .. ). Si no hubiese sido por el Ibex y asimilados, por los BBVA, Santander, Repsol, gas natural, Iberdrola, Endesa, por citar solamente algunos casos, no se habría dado este desarrollo vertiginoso, aunque tan fragmentado, de los medios on-Iine.

Personalmente, debo agradecer que ni sucumbiesen a las presiones, incluso 'políticas' para dejar caer a este sector, que las ha habido y no hace mucho, ni hayan sucumbido a la tentación de ejercer, a su vez, presiones sobre el medio en el que colocan su publicidad. Ya sé que la publicidad ejerce, inevitablemente, su papel en la dialéctica de los medios, pero a mí, desde luego, nadie me ha pedido nunca nada de una manera directa ni, hasta donde sé, indirecta. Hacer otra cosa sería, sin duda, una manera de corromper el mensaje, de viciar la libertad de expresión. Como lo seria chantajear al anunciante, amenazándolo con un mal trato si no se anuncia en nuestro medio, o prometerle silencios cómplices y botafumeiro desmesurado si lo hace.

Y, desde luego, también sería injusto no reconocer, pese a todo lo que antes he dicho, el papel que juegan algunos políticos, todavía en minoría, en esta carrera hacia la inevitable -y ¿por qué habría que evitarla?-modernidad. Comprobamos el cuidado con el que los principales partidos elaboran sus páginas web y vemos la destacada función que Internet ha jugado en las elecciones norteamericanas. Las campañas electorales, entre otras muchas cosas, nunca volverán a ser lo que fueron: ahora se juegan, como tantas otras materias, en terreno diferente. El terreno indefinible, inexistente pero infinito, de la Red. Y también por eso decía, como ocurre con las transacciones bancarias o con el seguimiento 'on line' de las bolsas, que se va haciendo necesaria una nueva regulación legal en estos terrenos para hacer frente a esta revolución que, pese a llevar más de una década presente, se va adueñando poco a poco, pero con toda firmeza, de nuestras vidas, de nuestra forma de trabajo, de nuestros ocios. Si me atreviese, que me atrevo, me preguntaría, y lo hago, en qué están pensando esas Naciones Unidas que no se lanzan a estudiar, debatir y aportar algo sobre estos nuevos fenómenos, aunque verdad es que tampoco resuelven otros más apremiantes, comenzando por el hambre en el mundo. Pero, en fin, ¿en qué pensamos cuando no estamos legislando de manera global contra el spam, el phising, contra todos esos cacos que roban nuestro tiempo y, si pueden, nuestro dinero utilizando la red? ¿En qué cuando aún, en España, está vigente, en lo no derogado, la ley de prensa e imprenta de 1966, más cerca de la guerra civil que de nuestros días, cuando no había ni Internet ni democracia?

Ya ven, que es mucho lo que hay que pensar, muchos frentes a los que hay que atender para agarrar el tren del futuro, que ya lo llevamos en el bolsillo (el teléfono móvil) y que nos va a deparar todavía muchísimas sorpresas y algunos quebraderos de cabeza. Sobre todo, a los que no sean capaces, por pereza, negligencia o rechazo al cambio, de abordar ese tren.

Y concluyo: dicen que toda conferencia mediocre o incluso medianamente buena debe acabar, al menos, con una gran cita. Y, ya que he citado la palabra, yo podría concluir glosando de nuevo aquello que dijo el interesante y algo olvidado presidente francés George Pompidou, no dejemos que la pereza sea un elemento motor de la humanidad, sobre todo ahora que la humanidad vive los mayores retos de un siglo. Pero tengo una cita aún mejor: y se refiere a ti, José Luis Rodríguez. Ojalá, dentro de no muchos meses, no solamente yo, sino unos cuantos editores de los medios en Internet, podamos comparecer aquí, citarnos aquí de nuevo, en esta prestigiosa tribuna, para decir que sí, que hemos entendido el mensaje, que estamos trabajando juntos.

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