Cultura

Entrevista al actor Víctor Clavijo y al director Francisco Javier Gutiérrez por La espera

(Foto: EFE/ Zipi Aragón).

CINE

Javier Mateo Hidalgo | Lunes 18 de diciembre de 2023

El cine español cierra este 2023 con unos resultados igual de sobresalientes que en estos últimos años. Podría decirse que la segunda década del segundo milenio ha traído un resurgir del séptimo arte en nuestro país. Al regreso de Víctor Erice con el largometraje de la mano de Cerrar los ojos, hay que sumar otros interesantes films como Chinas de Arantxa Echevarría, Un amor de Isabel Coixet o las pertenecientes al género de animación como Dispararon al pianista de Fernando Trueba o Robot Dreams de Pablo Berger.

Además de todos estos títulos más o menos promocionados en circuitos comerciales, destaca otro que está sorprendiendo por su audacia y calidad. Nos estamos refiriendo a La espera, de Francisco Javier Gutiérrez. La propuesta resulta innovadora ya en su planteamiento, cuya naturaleza resulta un híbrido de géneros: desde el realismo o tremendismo —según el término otorgado a la historia pergeñada desde la literatura por Camilo José Cela en La familia de Pascual Duarte— con notas de denuncia histórica y social seguimos con la novela e incluso el cine, con Los santos inocentes de Miguel Delibes y su adaptación al celuloide por Mario Camus, o el film La caza de Carlos Saura, que se menciona en los títulos finales—, aproximándose por ello al western y aderezándose con dosis de suspense e, incluso, fantasía y terror —en concreto, terror rural o folk horror—. Como vemos, se trata de un compendio de estilos que solo un cineasta con destreza puede hilvanar con absoluta naturalidad. De ahí también que sorprenda y mantenga en vilo al espectador, haciéndole en todo momento partícipe para desentrañar el sentido último del argumento. La riqueza del mismo sugerirá distintas interpretaciones, pudiéndose decir —al modo de Ortega— que habrá tantas películas como personas la disfruten.

La espera ha pasado por festivales nacionales e internacionales tan prestigiosos como el Festival de Sitges —formando parte de la Sección Oficial—, el Fantastic Fest de Austin o el Oldenburg Film Fest.

Huelga decir que un proyecto de estas características necesita, para salir adelante, de unos intérpretes solventes, capaces de dar credibilidad a lo fijado en un guión, protagonizando una fotografía impecable y dejándose guiar por una dirección eficaz. En este sentido, la mayor responsabilidad recaerá en Víctor Clavijo, quien encarna el rol principal de la historia: Eladio, guarda de una finca en tierras andaluzas durante los años setenta del pasado siglo, el cual se verá sometido a todo un calvario como víctima de sus propias circunstancias. Él mismo asistirá a toda una metamorfosis por dentro y por fuera, resultado de ese viacrucis, que le dará apariencia de auténtico Cristo moderno. No será baladí que en un momento de la película surjan escenas documentales del NO-DO, con la imagen de la talla de un Jesucristo en pantalla portando la Cruz como parte de la pasión de la Semana Santa.

Junto a Clavijo, figuran en el reparto auténticos pesos pesados de la interpretación cuyas reputadas trayectorias avalan esa categoría del secundario, con tanta tradición en nuestro país con el teatro, el cine y la televisión: desde Ruth Díaz —Fortunata y Jacinta, Cuéntame cómo pasó, Vis a vis, el pueblo—, pasando por Manuel Morón —El Bola, AzulOscuroCasiNegro o La Peste— a Pedro Casablanc —Días contados,1898: Los últimos de Filipinas o Policías, en el corazón de la calle— o Luis Callejo —Tarde para la ira, Palmeras en la nieve o El barco—. Destaca además el debut de Moisés Ruiz como Floren, hijo de Eladio. A pesar de su corta edad, su profesionalidad le permite firmar un personaje de forma verdaderamente solvente.

Respecto a Víctor Clavijo, hemos disfrutado de sus interpretaciones en Hospital central, Hermanos y detectives, Holmes & Watson: Madrid Days o El Ministerio del Tiempo. Excepcional actor, puede considerarse el de este último film como su papel más brillante hasta la fecha, donde el público podrá disfrutar de su maestría.

A fin de profundizar en su personaje y en la propia película, Clavijo ha tenido la generosidad de permitirnos realizarle la siguiente entrevista, que transcribimos a continuación:


P: Tu papel protagonista representa un auténtico regalo para un actor pero, a su vez, supone un tour de force interpretativo. ¿Cómo surgió la posibilidad de participar en el film y qué te llevó a aceptar este rol?


R: Javi contactó conmigo directamente.Yo ya había colaborado con él en Tres días hace 15 años. Somos amigos y hemos mantenido el contacto durante todo este tiempo —fui a visitarle incluso a Los Ángeles—. En el mes de abril o mayo del año pasado me dijo que tenía el guión de una película pequeñita y quería que yo fuese el protagonista. Le dije: “sí, por supuesto, cuenta conmigo” antes de leer el guión (risas), pero insistió en enviarme el libreto para que lo conociese antes de aceptar. Me pareció brutal, un reto muy complicado y difícil. Pero Javi tenía muy claro que quería que lo hiciese yo. A partir de ese momento tuvo lugar el proceso de preparación del personaje: antes de empezar a rodar la película, me pidió que me dejase crecer la barba durante cuatro meses, también que me dejara las uñas largas y que perdiera peso —llegué a perder 7 kilos—. Lo que me llevó a aceptar el reto fue ese personaje, completamente alejado de mí y de lo que había hecho hasta ahora. No tenía muy claro cómo iba a afrontarlo —al principio eso siempre asusta—. Era un personaje de un entorno rural, casi analfabeto. Además, requería un cambio físico, arrojarse a la piscina emocionalmente poniendo las tripas encima de la mesa tanto en expresión corporal como vocal. Lógicamente todo eso me sedujo pero también me dio mucho vértigo. Cuando te enfrentas a un reto de estas características, puedes fallar en cualquiera de las tres metas que tienes por delante, que son: la construcción física, la construcción vocal y la construcción emocional del personaje.


P: Imaginamos la dificultad del desafío. No obstante, el haber trabajado con Javier en Tres días seguramente te brindó esa confianza que necesitabas para sacar adelante el papel, haciéndote sentir seguro.


R: Totalmente, para mí era una red de seguridad. El conocer a Javi en lo personal y profesional hace que sienta admiración por él. Tenía mucha curiosidad por ver lo que iba a hacer con la película y estaba convencido de que iba a sacar oro. Por su inconformismo, se iba a atrever también a llevarme a un lugar al que a lo mejor otro director podría no haberme exigido llegar. Como es amigo y lo hace desde un lugar cariñoso, digamos desde el amor, uno se pone en sus manos. No es un salto sin red porque la red es él, pero hay que hacer un acto de fe y sabía que estaba en muy muy buena manos.


P: Al final, un buen director es el que sabe poner a prueba al actor para que demuestre al público que es capaz de meterse en cualquier tipo de papel, como tú lo consigues.


R: Claro, por eso te decía que otro director seguramente se hubiese conformado con menos o no habría sabido cómo pedirme lo que Javi me ha pedido. En ese sentido tengo esa complicidad con él y con pocas indicaciones ya entiendo lo que quiere o lo que le gusta y sé cómo llevarlo a cabo. Si Tres días también fue una película muy exigente física y emocionalmente y me entregué al 100%, en La espera me ví dando el 150 de mí mismo, tuve la sensación de ir a morir todos los días. Como los toreros cuando salen a la plaza, a ese nivel de entrega. Tenía por seguro que si no aportaba ese nivel de entrega, el personaje no iba a estar en el punto que requería.


P: Eladio sufre un auténtico descenso a los infiernos a raíz de una decisión personal, aunque en cierto sentido se encuentre entre las cuerdas. Se asemeja en ese sentido a la imagen de Jesucristo. Lo vemos en detalles físicos del personaje y en escenas que remiten a esa “pasión crística”, como las imágenes de Semana Santa que aparecen en un televisor.


R: En efecto, fue deliberado. Javi quería que adelgazase, en primer lugar porque los guardeses de campo de esa época eran gente muy enjuta y fibrosa, que comía poco y gastaban muchas calorías al estar constantemente en movimiento recorriendo la finca y pasando hambre; en segundo lugar, porque se buscaba emular y dar una apariencia de calvario crístico a la historia. Hay muchos elementos religiosos en la película, como esa procesión que comentas que él ve en la televisión, el corazón del cochino envuelto en una corona de espinas o la serpiente como elemento del pecado original y la corrupción. También mi imagen en la cama con unos calzoncillos blancos, donde queríamos emular —sin hacerlo evidente— la imagen de un Cristo muerto tendido en el lecho.


P: Es curioso cómo ese cambio externo e interno va efectuándose progresivamente en el personaje. ¿Cómo tuvo lugar la preparación a la que te sometiste para encarar un personaje tan complejo, incluyendo el cambio en el registro de voz?


R: Lo primero fue entender psicológicamente qué tipo de personaje era. Quizás es un poco lo que más me costó, aunque encontré la clave a partir del segundo día de rodaje. Para meterme en él, pasé dos días alojado en una finca. La recorrí con el dueño y éste me enseñó cuál era el trabajo de los guardeses, lo que hacían diariamente. Después me dejó solo en un coto de caza durante bastante horas para “pistear” —aprender a leer las pistas en el suelo de los animales furtivos o saber si ha pasado por allí un cazador furtivo—. Así empecé a entender cuál era la psicología derivada del trabajo que desempeñaba un hombre así. Uno acaba entendiendo que son personas que aman la soledad y arrastran muchas veces a su familia a ese aislamiento de un núcleo urbano o más civilizado. Lo hacen casi por una adicción a la vida solitaria en el campo. Es gente a la que le cuesta desprenderse de ese empoderamiento que les da sentirse dueños del campo. Empiezan a entender cómo funciona la Naturaleza. También dedujimos que el personaje había sido cazador furtivo, como sucede con muchos guardeses. Ello les hace entender cómo funcionan para anticiparse a ellos y evitar que entren en las fincas. Asumimos que Eladio había mantenido a su familia cazando furtivamente o trabajando en el campo de sol a sol. Era un hombre duro, sin oficio con un pasado alcohólico, pero que ahora quiere demostrarle a su mujer y a su hijo que puede salir adelante con un trabajo digno y dándoles una vida digna. Ese es su empeño. Aún así, me costaba trabajo también encontrar la voz rota del personaje. Como prácticamente no está acostumbrado a la expresión oral, no colorea las frases, carece apenas de inflexiones y de una riqueza léxica. Es analfabeto. Sin embargo, es muy emocional. Eso fue lo siguiente que entendimos, la referencia que disparó mi imaginación. Este hombre se sentía como un soldado del campo. Muchas veces, la clave para que un actor pueda abordar un personaje es una tontería como ésta. A mí me colocó en el sitio exacto entender que era un soldado del campo fiel, además, a su amo. Con un código del honor, una ética. Además, partimos de que el personaje se encuentra en una relación de pareja rota. La mujer se siente aislada porque el oficio del marido le ha robado la posibilidad de vivir con otras personas, en una ciudad o en un pueblo un poquito más grande. Lo ha asumido debido a que las mujeres de esa época, lamentablemente, tenían que doblegarse a las decisiones de los maridos. Él la ama como ama a su hijo, por supuesto, pero no tiene la inteligencia emocional para expresar sus sentimientos, con lo cual están en un momento de absoluto distanciamiento. Aunque él termina aceptando el soborno precisamente por contentarla a ella, por darle un poco más de dinero, o una televisión. Es decir, una serie de caprichos para mitigar la situación de frialdad emocional.


P: Más allá de la propia realidad de tu personaje, tienes que afrontar escenas que cruzan el umbral de lo onírico o fantástico. En este sentido, hay que romper una lanza en favor de los excelentes efectos especiales del film.


R: Lo meritorio de la película es que no hay apenas nada generado por ordenador. Se siguen las técnicas de efectos especiales (FX) de los años ochenta, intentando evitar la postproducción digital, como homenaje a ese tipo de cine. Además casa muy bien porque, como la película se desarrolla en los años setenta, tiene sentido que la atmósfera de los sueños se ajuste a la estética de los efectos especiales de las películas de esa época.


P: El simbolismo de La espera confiere a esta obra una complejidad y un potencial sorpresivo verdaderamente impactantes. ¿De qué forma crees que la audiencia puede recibirla?


R: Yo creo que el público no debe esperar una película de terror al uso. No es una película de sustos sino psicológica, con una gran tensión dramática, donde el terror subyace a lo que está pasando. Está enmarcada dentro del subgénero de terror folk, que no es sino un subgénero del cine de terror ambientado en un entorno rural. Además, tiene que ver con los ritos ancestrales y atávicos asociados a la tradición, muy propios de la vida en el campo. A todo ello hay que añadir elementos de drama costumbrista, de thriller o de película de venganza que deriva hacia el género fantástico. Y toda esta esta unión de cosas tiene lugar de una manera muy sutil, como una una muñeca matrioska donde unas figuras albergan otras, estando todas contenidas en la misma película. En definitiva, creo que al público le va a sorprender muchísimo al atravesar por todos estos géneros de una manera muy natural y orgánica. Y, sobre todo, va a pasar mucha angustia con el calvario del personaje. Todo su viaje es un viaje de la culpa, del tormento. Una de las cosas que ha conseguido la película es que el público conecte de inmediato con la psicología del personaje, empatizando con él. Hay como cuarenta minutos de mi personaje en silencio en la pantalla. Algo que suponía otro de los grandes retos, pues no sabíamos cómo iba a sostenerse aquello, pero nos dimos cuenta que el público durante la proyección estaba completamente absorto.


P: ¿Cómo describes tu experiencia en el rodaje, el trabajo con Francisco Javier Gutiérrez y con otros actores tan sobresalientes como Ruth Diaz, Manuel Morón, Luis Callejo, Antonio Estrada, Moisés Ruiz o Pedro Casablanc?


R: Ruth hizo una prueba, un casting, y a Javi le gustó muchísimo —solo había hecho pruebas a dos actrices—. Aunque no era andaluza, le gustó mucho a nivel emocional y por cómo daba en pantalla. Su físico podía asociarse a una mujer de campo, a la pareja de un guardés —los dos enjutos—. Funcionábamos muy bien como personajes emparejados. Fue todo un reto para ella prepararse el acento, pero lo ha hecho fantásticamente bien. Yo ya había trabajado con ella hace quince años en una TV Movie y además nos conocíamos de la Escuela de Arte Dramático. Había una complicidad heredada de esos años, de modo que la experiencia fue una maravilla. Aunque con Manuel Morón era la primera vez que trabajaba, nos conocíamos bien dentro de la profesión. Ha sido también un gustazo porque los dos hablamos el mismo idioma en cuanto a método. Sus consejos me ayudaron a profundizar más en la psicología de mi personaje. Creo que ha construido un Don Francisco fantástico, un señorito que da mucha grima. Como buen actor, le encantan los personajes de complejidad psicológica. No le importa que no caigan bien al público, él los hace como se requiere y los borda. Ese tipo de caracteres tan despreciables los hace muy bien. Por otro lado, Antonio Estrada ha sido un descubrimiento. Yo no lo conocía personalmente ni como actor. Interpreta al guardés Saulo y posee un físico muy especial, con mucha fuerza en pantalla. Como intérpretes nos entendimos también muy bien desde el principio, trabajando al nivel de la sutileza. Respecto al niño, Moisés Ruiz, era su primer trabajo en cine. Hizo el casting con otro chico y a Javi le gustó mucho también su físico. Pensaba que pegaba con esa familia y le gustó la profesionalidad que demostraba para su edad. Y eso que pasó momentos bastante duros, especialmente con el maquillaje —apenas podía respirar, le picaba y no podía rascarse— y con las horas de rodaje —que eran para él agotadoras—. Pero aguantó. Lleva la profesión por dentro, se la toma muy en serio porque la adora, lo entiende como algo vocacional. Pienso que con la formación necesaria y con los años puede ser un gran actor. Con Luis Callejo fue igualmente fantástico. Nos conocíamos desde hace muchos años, somos de la misma promoción de la Escuela de Arte Dramático y hemos hecho una obra de teatro y un corto juntos. Con él hay confianza, entendimiento y complicidad. En la película llegó y clavó el personaje. Interpreta un guardia civil memorable, simpático y sonriente, muy alejado del cliché o arquetipo del guardia civil de los años 70 de mala hostia. Él se lo lleva a un lugar mucho más interesante, es un actorazo. Y, por último, el colofón fue Pedro Casablanc. Lo curioso fue que el actor que iba a hacer ese personaje se decidió dos días antes de que se rodase su secuencia, en la última semana de rodaje de la película. Javi quería que lo hubiese hecho otro actor, José Luis Gómez —que leyó el guión y le gustó mucho—, pero finalmente no se pudo sumar. Entonces yo caí en Pedro y le llamé por teléfono, comentándole que necesitábamos su ayuda para filmar a un personaje durante dos días de rodaje en la siguiente semana. Él aceptó, vino e hizo lo que hizo. Para quitarse el sombrero.


P: Resulta incomprensible que, debido a su calidad, este film no haya recibido ninguna nominación en los Premios Goya. ¿A qué crees que se debe está decisión?


R: Lo primero, evidentemente, es que solamente hay cinco nominaciones por cada categoría, y ahí es muy complicado hacerse un hueco. Pero, por encima de esto, lo que sí tengo claro es que la mayoría de los académicos no han visto la película. Ten en cuenta que son 2000 académicos y tienen para ver aproximadamente 200 títulos —entre documentales, películas o cortometrajes—. No hay tiempo material para ver todas la películas. Deberías estar consagrado uno o dos meses en cuerpo y alma. Al final se les echa el tiempo encima, no votan todo los académicos en la primera ronda de votaciones y lo que votan son las 15 o 20 películas que más les suenan. Las que han oído hablar durante el año —porque se han promocionado, estrenado o han ganado festivales—. Por eso, desde mi punto de vista, las nominaciones se reparten entre los 15 o 20 títulos que han sonado más a lo largo del año. Ha jugado en contra nuestra que no habíamos estrenado todavía y carecíamos de promoción —en el último momento no recibimos subvención del ICAA, sólo se contó con una pequeña ayuda de Canal Sur y con financiación privada—. Al no hacer campaña de publicidad permanente y no haberse estrenado, la mayoría de los académicos no conocían el título. Es así de lamentable, no se me caen los anillos por decirlo porque funciona así. Muchos conocidos que han votado y no han visto la película así me lo han transmitido. Esto le ha pasado a nuestra película y a 50 más. El sistema parte de esta injusticia.


Clavijo ya había colaborado con Francisco Javier Gutiérrez encargándose nuevamente del papel protagonista en el film 3 Días, que obtuvo la malagueña Biznaga de Oro en 2007. Dicho título, cuya temática versaba sobre el pánico de la población frente a la inminente caída de un meteorito gigantesco en la Tierra, supuso un hito más en la carrera del cineasta cordobés, especializado en cine fantástico y de terror. Tras sus primeros cortometrajes, busca otorgar una mayor difusión a sus trabajos y en 2001 crea su propia productora: Unfiled Films. Tras títulos como Brasil (2002), Ese mismo año realiza para TVE la pieza La habitación de Norman —homenaje al film Psicosis— y obtiene el Premio Universal Studios. Tras fijar su residencia en Los Ángeles, será elegido cinco años después por Antonio Banderas y Antonio Pérez para realizar el film antes mencionado que le valdrá entrar en la Sección Oficial Panorama del Festival de Berlín. Será así como salte a los medios internacionales, llegando a filmar la tercera entrega de The Ring Rings (2017)— y siendo dos veces nominado al Méliès de Oro —en las categorías de Mejor Película y Cortometraje Fantástico Europeo—.

Buscando ahondar en todos estos temas—y, sobre todo, en su última película—, el director nos ha concedido también parte de su tiempo para contestarnos a las siguientes cuestiones.


Pregunta: La espera destaca por su original naturaleza, mezcla de diferentes géneros. ¿Cómo tuvo lugar su génesis y de qué forma la definirías, de cara al público?


Respuesta: Su génesis fue resultado de mi anterior película, Rings, más de estudio o encargo. Me encontraba muy encorsetado creativamente y echaba de menos trabajar como en mi primera película, Tres días. A mi juicio, el cine está dejando a un lado su sentido de obra artística o de experiencia única, que es como yo lo entiendo, por lo que me enamoré de él y decidí dedicarme a esto. Me tomé un tiempo para escribir y para levantar la financiación, que por cierto no ha sido nada fácil. Para que te hagas una idea, llevo con este proyecto desde 2019 sin recibir ayudas ni del Ministerio ni de televisiones —tan solo de Canal Sur, que nos ha echado una mano con la preventa y siempre se han portado bien conmigo y con el cine andaluz—. El resto ha sido Spal Films, yo mismo y Nostromo. Gracias a la unión de todos y a la ilusión de hacer algo diferente —que te deje algo de poso, que asuma riesgos— existe esta película. Creo que el público agradece películas que intentan caminos diferentes. En cuanto a cómo definir la película, es complicado. Podría definirse como una especie de thriller a fuego lento, con alma de western y un elemento sobrenatural. La idea de la historia surgió a partir de dos motivaciones para sentarme a escribir: la primera, el recuerdo de mi infancia en esos pueblos de la sierra de Andalucía, de la zona de Andújar, en los que crecí cuando iba a ver a mis abuelos. Me parecía tan árido y seco, tan brutal el mundo de la caza que pude ver —el de los los guardeses— que me impactó. Ese universo al que un chaval como yo era tan ajeno y que pude conocer durante la temporada en que iba a ver mi abuelo al pueblo —lo perdí muy pronto—, y conocía a sus amigos. Me parecía algo muy nuestro y olvidado y quería rescatar esa esencia tan de aquí, con una identidad personal y cultural muy propia. Partir de ahí para tocar temas universales: la importancia de la toma de decisiones y sus consecuencias inevitables; la culpa, la fragilidad, la oscuridad y la belleza de la naturaleza humana.


P: En definitiva, aquello que nos atañe y preocupa. En el fondo, las buenas películas, son aquellas que dejan su poso, te permiten quedarte reflexionando en la sala, cuando la historia concluye y sobre la pantalla surgen los títulos de crédito finales.

R: Totalmente de acuerdo, precisamente eso es lo que pretendía a nivel cinematográfico. Una reacción clara a lo que estaba viendo en Hollywood —la dirección que estaba tomando, las plataformas y los streamers—, hacer una película evocando aquellas de un ritmo diferente con las que crecí. Films para un público adulto, como las que se emitían en el programa La clave de José Luis Balbín. Aquellas que se fueron grabando a fuego lento en mi cabeza. Allí vi por primera vez grandes títulos que tenían ese sabor del cine de los años 60 y 70. Un cine fantástico pero también bastante duro y sin concesiones, que a mí me dejaba pensando —como tú dices— cuando terminaba. Si recuerdas, tras la emisión del film el programa daba paso a un coloquio muy interesante conformado por catedráticos, novelistas o periodistas. Las películas elegidas eran aquellas sobre las que valía la pena conversar, pues trataban temas cruciales. Yo quería hacer algo de ese calibre. Aunque todavía surgiese ante mí como algo abstracto —no sabía exactamente por dónde me iba a llevar la página en blanco—, pero en esa dirección. Un homenaje a ese cine.


P: El film destaca por su impactante y arriesgado desenlace. ¿Cómo esperas que el público reaccione ante él?


R: Como bien dices, eso es lo más arriesgado de la película. Era consciente de ello desde el guión y a la hora de rodarlo. Recuerdo que junté al equipo para hablar con ellos. Todos estaban preocupados. Les dije: “Todo lo que llevamos hasta ahora filmado nos lo vamos a jugar en lo que grabemos en este último día y medio. Si no queda bien, no vale nada de lo que hemos hecho”. Es un final técnicamente complejo —requería de determinados efectos y trabajar con la imaginación—. También hay un cambio también tonal de la película, que no va a dejar indiferente. La gente que entre con una mente abierta, a abrazar una película diferente, va a apreciarlo. Algo así pasó un poco con Tres días, que fue una película divisiva en Berlín cuando la estrenamos. Eso es bueno, pasa con películas que asumen riesgos e intentan romper moldes. A veces te puede salir bien o te puede salir mal, pero creo que es responsabilidad nuestra como directores hacer algo así, provocar a la gente, que vea algo diferente, que salga de la sala y decida si les ha gustado o no. Pero habiendo disfrutado de una experiencia diferente, única. Era un movimiento de ficha arriesgado, pero personalmente creo que ha quedado bien. La gente que disfruta del cine y, en especial, del cine de género, que va con la mente abierta, creo que lo va a agradecer y a respetar.


P: Por supuesto. Es una película que está dando mucho que hablar y donde cada espectador va a sacar sus propias conclusiones. Es bueno que no haya una respuesta unívoca, que se dé pie a distintas interpretaciones. Es lo que enriquece el cine y lo que enriquece a su público.


R: Así es. Se trata de una película con varias capas subliminales. Toca muchos temas morales y tiene hasta un componente bíblico, de reflexión acerca del pecado original, de la culpa, de las consecuencias de los actos y del juicio final. Es algo que se va desvelando a lo largo de la película. No se intenta adoctrinar o criticar determinadas cuestiones. Simplemente se pone un punto de atención o foco en algunos temas que todos arrastramos, los cuales pueden ser extrapolables a otros países y a problemas de hoy en día porque son la raíz de todo. A ellos ha de enfrentarse el propio protagonista, un hombre de naturaleza buena. Eladio tiene sus principios, sus valores, pero por una decisión que a lo mejor ha valorado mal —aunque con intención buena— su mundo se ha trastocado. En ese descenso a los infiernos su entorno sufre una serie de consecuencias. Como dices, tiene la interpretación que como espectador puedas aportar. Creo que es importante que salgas del cine y puedas aportar tu enfoque, comentar lo que has visto y, sobre todo, disfrutarlo.


P: Este nuevo largometraje supone un título más en tu afianzada y meritoria trayectoria en el cine fantástico o de ciencia ficción, tan poco desarrollado dentro del cine español. ¿Qué es lo que te hizo decantarte por estas temáticas profesionalmente y por qué piensas que en nuestro país se han desarrollado tan escasamente?


R: En primer lugar, me decanté hacia el cine fantástico por la amplitud que tiene. Los que lo conocemos y vamos a festivales como el de Sitges, vemos que hay una gama increíble de propuestas, es un género que se divide en tantos subgéneros y tratamientos —desde hiperrealista a hiper fantástico o minimalista— que me hacen sentirme muy cómodo y disfrutar en él. En segundo lugar, porque con el cine fantástico puedes revolver el interior del espectador como no podrías hacerlo desde otros géneros. Jugar a un nivel inconsciente y con determinados temas con cierta intensidad. En mi película, hay momentos del personaje protagonista que están más dentro de su mundo que fuera, en la propia realidad. Creo que son reflejo de lo que está procesando internamente. Por otro lado, en nuestro país cuesta mucho levantar proyectos de cine fantástico.


P: Y curiosamente los que se hicieron en su época, aquellos que se engloban dentro de lo que se conoce como Fantaterror, estaban hechos con muy poco dinero y tiempo, haciendo uso de una gran creatividad. Paradójicamente, aunque ahora han sido mitificados, en su tiempo la industria no daba nada por ellos.


R: No hemos cambiado nada, y prueba de ello es esta película, que tocando ese tema ha sido castigada precisamente por eso. No ha despertado el interés de instituciones o desde una televisión pública como es Televisión Española. Lo digo con objetividad, porque llevo mucho tiempo viviendo en Estados Unidos. Cuando volví, pensé que una película más de autor, de género fantástico y que tocara temas universales, con una identidad muy nuestra en cuanto a cultura y tradiciones, no iba a tener dificultad de financiación —además, al hacer una película de estas características, tan “de aquí”, pierde la posibilidad de obtener financiación extranjera—. La sorpresa para mí ha sido la falta de apoyo. Y lo que me ha preocupado más es que si yo, que tengo ya una experiencia y una cierta garantía en los resultados en cuanto a premios y taquilla —mi última película recaudó 100 millones—, me encuentro con tantas dificultades para hacer un proyecto así de sencillo —tenía un presupuesto muy comedido—, qué no se encontrarán los chavales que salen ahora de las escuelas de cine e intentan hacer algo… Es un problema complejo que arrastra España desde la época, como dices, del Fantaterror. Y fíjate, está considerado un subgénero del cine, no tiene cabida en premios como los de la Academia, por ejemplo. Cuando hay festivales como el de Cannes, que ha premiado a Titán —que no es una película para todos los gustos pero es una apuesta valiente— o hace mucho tiempo el de Berlín, cuando dio el Oso de Oro a El silencio de los corderos, o vemos como muy normal en Estados Unidos las nominaciones a los Oscar al cine fantástico. Es cine de calidad y hay grandes directores de toda la vida, desde Alfred Hitchcock a Fritz Lang, que lo han trabajado y se respeta. Pero en España no, hay una especie de complejo y unos géneros muy marcados: cine hiperrealista o con un punto de drama, o una comedia —es bastante interesante lo que pasa en España— o un thriller muy a la usanza, muy americanizado —eso también lo veo desde fuera—... Lo que están fomentando es un poco más de lo mismo.


P: Y al final, se pierde nuestra identidad, nuestra personalidad. Se hace cine español que no parece español, sino de otros países.


R: Completamente. Es que ya no hay diferencias. Es rodar una película de thriller en España, con una casa en una colina con paredes de cristal, que parece que estás en Los Ángeles… Es un quiero y no puedo. Tenemos tanta riqueza cultural, tanta variedad, tanto paisaje y tantas cosas más en España que desperdiciamos de cara al cine... Y no lo utilizamos por nuestro propio complejo. Decir que, para que una película sobre el fin del mundo venda —como me pasó con Tres días—, no puede ambientarse en España porque no hay quien se lo crea —debiendo recrearse como si sucediera en Estados Unidos—, es algo que nos define desde ese complejo y que yo no comparto. Por eso, defendí todo lo contrario en su momento con Tres días —en esa combinación de cine apocalíptico en la sierra de Andalucía— y ahora lo defiendo con La espera. Tenemos una personalidad, una fuerza y una riqueza que tenemos que explotar y apoyar. Aunque sin duda hay otros directores que intentan sacar proyectos así aquí, igualmente te digo que no encuentran apoyo ni de instituciones ni de televisiones, lo cual es muy triste.


P: En este proyecto vuelves a contar con el gran Víctor Clavijo en el papel protagonista. ¿Qué destacas de él como intérprete y cómo es trabajar con él, repitiendo colaboración en un segundo título?


R: Como bien dices, Víctor es más que un buen amigo. Lo conozco desde hace 15 años, cuando en Tres días pude ya trabajar con él, ver el talento que tiene y su nivel de compromiso. En serio te digo que si para esta película no hubiera podido contar con Víctor, sería difícil que existiese. Su papel requiere de un nivel de compromiso importante. Se lo dije cuando le llamé, que era una historia muy compleja y complicada y, encima, probablemente tendríamos dificultades a nivel de presupuesto. Su personaje requiere de una transformación física y emocional muy importante, genera mucho desgaste. Víctor no tiene un compromiso de 100%, sino de 200%. Es verdad que tengo mucha confianza con él y puedo plantearle proyectos como éste. También él tiene conmigo la confianza de saber que le voy a llevar a buen puerto, pese a todas las dificultades. Como te digo, es una relación muy fuerte. A mí Víctor me inspira: me lleva a escribir personajes para él e imágenes visuales. Creo que se nota también cuando acerco tanto la cámara, cuando retrato sus facciones marcadas. Tuvo que perder mucho peso, pues el personaje requería un desgaste que tenía que verse en pantalla —esos rasgos casi cadavéricos recuerdan a los de los personajes de el Greco—. Que Víctor llegase a ese nivel de compromiso, de intensidad y de trabajo día a día es muy meritorio. Tenía un talento brutal en Tres días y ahora, con el tiempo y como pasa con los buenos vinos, ha ganado como actor.


P: Además de Víctor, tu película se encuentra poblada de grandes secundarios de la escena española, como Ruth Díaz, Manuel Morón, Luis Callejo, Antonio Estrada o Pedro Casablanc. ¿Cómo tuvo lugar el casting? ¿Pensaste en ellos mientras escribías sus personajes o su elección tuvo lugar a posteriori?


R: Los tenía en mente casi en su totalidad ya desde un principio. Desde Los Ángeles veo todo el cine español que puedo, y hay un cierto perfil de actor que encaja en mi manera de trabajar con los actores —en sensibilidad y sutileza— y sé que puedo llevarlos a mi terreno. Por ejemplo, había pensado ya en Manuel Morón para Tres días e intenté que participara en ella, pero en esa época estaba ocupado y no fue posible. Cuando rápidamente empecé a ensamblar el reparto para La espera, hablé con él nuevamente y enseguida me recordó que teníamos una colaboración pendiente y aceptó porque quería hacerlo. Luis Callejo también tiene una fuerza y personalidad muy interesantes para este mundo que estaba recreando. Él también tenía una agenda ocupada pero creyó que esta película iba a ser algo especial y aceptó. Aunque hace una aparición muy breve, es un papel muy importante.Tiene un punto de incomodidad necesario en ese momento de la película. A Ruth la tenía en mente también, era mi primera opción. Fue complicado porque participaba en la serie de El pueblo y tenía que estar yendo y viniendo. Pero le valió la pena el sacrificio y le hicimos una prueba que en realidad era un mero trámite —tenía bastante claro que el papel era para ella— y lo único que hizo fue confirmármelo. Resultó perfecta para ese papel tan sutil y de tan pocas palabras. A Antonio Estrada lo pude conocer en un proceso de casting y fue la excepción en ese sentido. Después de unas pruebas, vi que en efecto estaba en sintonía con la película. Tiene una manera muy minimalista que funciona con la línea de la película. Moisés fue producto de un casting al estilo Tres días. En ella hice una prueba a tres chavales y en ésta un casting de chicos de Andalucía —Sevilla y Conil—. Me pareció que era ideal y creo que tiene futuro. Es muy comprometido y profesional. Como le dije: “Estar al nivel del reparto que tienes alrededor y no destacar negativamente está muy bien”. Para Pedro Casablanc no hay palabras. Se come la pantalla.


P: ¿Que antes de cineasta hayas sido intérprete influye en tu tarea como director de actores y actrices?


R: Sí.Y fíjate que no considero que haya sido realmente un intérprete. Eso sí, desde los 12 a los 14 años estudié interpretación y de los 18 a los 22 hice teatro en la Universidad, representando obras de Molière o de Paco Nieva. Pero a mí siempre me ha interesado más contar la historia. Mientras lo hacía también quería entender el otro lado, el otro punto de vista del actor. Esa experiencia obtenida en mi época de juventud me ha servido muchísimo, porque trabajar con los actores, con todas estas inseguridades, miedos y retos a los que se enfrentan con cada papel saliendo desnudos frente a la cámara, es algo que entiendo de primera mano. Yo no valoro un casting de la misma manera que si no lo hubiera hecho nunca. He tenido que hacer castings para papeles de obras de teatro y me los peleaba. Sé lo que puedes dar de sí en un casting. El actor se convierte en amigo y con él rompo la barrera que me separa como director, hablamos del personaje y disfruto con esa parte. Me resulta muy cómodo y enriquecedor. Aprendo de ello y creo que son gente maravillosa, muy apasionada porque es un trabajo fruto de la pasión.


P: La decisión de formar tu propia productora y el salto internacional que vino después debió de suponer una decisión arriesgada y, por ello valiente, dentro de tu trayectoria. ¿Qué te ha aportado tu experiencia profesional fuera de España?


R: Pues mucha seguridad y también mucho conocimiento. Hay una perspectiva muy amplia de lo que es tanto la industria internacional, americana y española. A España la veo —con sus virtudes y defectos— de otra manera y la pongo más en contexto. Trabajando en Estados Unidos desarrollas una capacidad de resistencia y una capacidad de navegar situaciones muy complejas, no solamente de rodaje —todos los directores nos enfrentamos a problemas de improvisaciones o presupuestarias— sino a niveles ya más complejos de lo que está detrás: la producción, la distribución, la política interna de un estudio, o la responsabilidad que tienes como director de llevar a buen puerto un proyecto una vez que te has comprometido —independientemente de tu gusto más personal—. Hay un componente de compromiso y de responsabilidad con quien ha estado allí, en este caso un estudio —como Paramount—. Es una franquicia y tiene que recuperar lo invertido. La mentalidad de estar moviéndote entre ese lado y la parte creadora, que siempre es más egoísta, es difícil de equilibrar. Mi productora la guardo para cosas muy específicas, como poder sacar adelante proyectos más personales como La espera. Con todo el aprendizaje y el conocimiento que tengo de la industria y la posibilidad de contactar a determinada gente en Estados Unidos, creo que puedo ayudar a proyectos tanto de allí como de aquí. Esperemos que cada vez sea más el último caso, en España.


P: La fotografía de Miguel Ángel Mora para el film es excelente, subrayando esa sensación de desasosiego presente en la trama a través de la huella que el paisaje deja en los personajes: la aridez del terreno en esos tonos amarillentos, el calor, sudor y sed que propicia la dureza del clima y la suciedad y surcos faciales del duro trabajo de campo. ¿Podría decirse que ese paisaje es un personaje más en el argumento?


R: Completamente. Si te fijas en la manera en que también me gusta mover la cámara y colocarla, ves cómo me acerco mucho al rostro. Hay momentos en que el plano lo cubre, la orografía de la propia cara, las facciones, la expresión de la mirada. Eso es igualmente trabajo del maquillaje maravilloso de la película, que consigue que se vean las marcas del tiempo, el trabajo y el sudor. Amparo y Fina han hecho una excelente labor. Esto, junto con la fotografía, es muy importante. Yo no me meto en un proyecto sin tener muy definida una paleta de colores, una estética o un tempo. En este sentido, es un gustazo trabajar con Miguel Ángel, que es un amigo al que quiero desde la época de los cortos. Se ve claramente el resultado de su trabajo en La espera, como ya hizo con Tres días.


P: Otro elemento fundamental será la música, compuesta por Zeltia Montes, capaz de construir una atmósfera sonora en ocasiones imperceptible pero ineludible en el impacto que ejerce sobre el espectador. ¿Qué factores influyeron en la elección de esa banda sonora?


R: Zeltia es maravillosa. La conocí en Los Ángeles antes que aquí, cuando estaba ,empezando a “hacer las américas”. Desde entonces quería trabajar con ella. En Rings no pude porque tenía a Hans Zimmer —era el original de la franquicia— y a Matthew Margerson, que fue el que tuvo mayor responsabilidad en la partitura —Zimmer se encargaba de la parte más general, del concepto y de algunos temas más específicos—. Margeson siempre trabaja con Matthew Vaughn. Como este proyecto era de estudio, dejé pendiente con Zeltia colaborar en el futuro. Me enteré que vino a España y obtuvo el Goya a la mejor música original por la composición para El buen patrón. Zeltia tiene una formación clásica impresionante y una sensibilidad exquisita. Poca gente habría sido capaz de hacer lo que le pedí. No solamente esa música atmosférica general —muy compleja por sutil y nada típica—, sino sobre todo esa pieza final, un Lacrimosa que es parte del Requiem, en latín, con coros y que habla del juicio final. Quería que compusiera un Lacrimosa con unas variaciones para una secuencia de 10 minutos. Hizo algo sinfónico de un nivel tal que tuvimos que ir con la orquesta y los coros —el conjunto que pudimos permitirnos— a Budapest para registrar la grabación de la banda sonora. Cualquiera que sepa de música y aprecie su finura, se da cuenta del trabajazo que hay. No es simplemente la música de una película, de un thriller. Es toda una atmósfera que va oprimiendo cada vez más desde que aparece —es verdad que la primera parte de la película es más silenciosa— hasta ese final.


P: Los títulos finales dejan alguna sorpresa, como el agradecimiento de los productores a La caza de Carlos Saura por su influencia, o un igual pero enigmático recuerdo a Denzel Washington a través de la frase As you said, one for my soul (“Como tú dijiste, uno para mi alma”). Podrías resolvernos este misterio?


R: Durante la postproducción de Rings tuve la oportunidad de conocer día a día a Denzel. Él estaba haciendo Fences —era el director y estaba en el proceso de montaje— y yo estaba puerta con puerta con Denzel. Pude conocerlo, primero de una manera tímida —no quería molestarle— hasta que se me acercó y me preguntó por el proyecto, sobre quién era el director (risas). Fue muy divertida la manera de conocerlo. A partir de entonces tuvimos una relación de ir todos los días a la oficina a comentar. Él estaba con su película y quería mi opinión, un punto de vista externo para algunas cosas. Hablando llegó un momento en que le descubrí a nivel humano. Denzel es una persona muy especial, muy conocido en esa faceta. En Los Ángeles se habla mucho de cómo ayuda a la gente. Es una persona muy humana, con un gran corazón, que se preocupa por los demás. Quería ponerlo en agradecimiento por todas esas charlas que tuvimos en la postproducción de Rings, donde me apoyó a sobrellevar mi primera película de estudio. Hablando de cuál iba a ser mi siguiente paso, tuve unas cuantas conversaciones con Denzel y me dijo: “Mira Javier, hay directores más de factoría, y por lo que te conozco eres un director que también tienes una sensibilidad artística, que necesitas cuidarte, cuidar esa pasión para que no se apague como le ha pasado a muchos directores que están en el circuito americano. Conociéndote, sería un error que continuaras haciendo otra película de encargo, de estudio, por tu sensibilidad artística. No hay problema en que hagas películas de estudio, pero la siguiente debe ser una para tu alma”. Y yo le prometí que la siguiente la iba a hacer para mi alma.

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