Opinión

Mario y Zavalita se despiden de ustedes, última conversación stevensoniana en La Catedral

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Carlos Ramírez | Miércoles 20 de diciembre de 2023

Al poeta Marco Antonio Campos,

por nuestros héroes desfilando

Como los grandes toreros, el marqués de Vargas Llosa se despidió semprunescamente de ustedes como el periodista Santiago Zavala Zavalita y pronto aparecerá el último ensayo sobre Sartre, en modo del escritor conocido como Mario Vargas Llosa.

“En vida, hermano, en vida” (poesía de Ana María Rabatté), el escritor peruano-español-francés –es decir: universal, las tres lenguas de la cultura-- cerró la última página de sus 71 años de periodista y 64 de escritor, a la espera de su anunciado cierre de ensayista con una recuperación nada menos sobre su amigo-enemigo Jean-Paul Sartre.

Vienen ahora --o debieran venir-- las evaluaciones sobre una de las figuras de la narrativa que estuvo presente en el debate de la realidad y la ficción desde la aparición de su primer libro de cuentos, Los jefes, en 1959. Por sí, para sí y porque sí, los últimos casi tres cuartos de siglo de la cultura, las ideas y la política hispano-iberoamericana, a veces con mucha intensidad, en ocasiones ocupando un espacio, pero nunca pasando desapercibido, dejaron el sello de Vargas Llosa.

Desde hoy se abre un espacio en el imaginario cultural La Catedral para discutir a Vargas Llosa, recuperando aquella cantina en el centro de Lima donde un joven periodista bebe con el reencontrado zambo Ambrosio –chofer de su padre-- y reconstruye, con técnicas modernas muy faulknerianas en tiempos y personajes, a la dictadura de Manuel Odría (1948-1959) y su temible jefe de la represión Cayo Bermúdez. La novela Conversación en La Catedral la publicó Vargas Llosa en 1969 y se ha considerado la mejor de su bibliografía amplia: “la terminé en Puerto Rico, en 1969, luego de rehacerla varias veces. Ninguna otra novela me ha dado tanto trabajo; por eso, si tuviera que salvar del fuego una sola de las que he escrito, salvaría ésta”, anotó en el prólogo de la edición de 1998, casi treinta años después.

La de Vargas Llosa es una vida, obvio, novelable, quizá con retazos de sus propios textos; pero, siguiendo sus instrucciones, tal vez sea mejor utilizar el estilo libre de quien ve otra vida desde fuera y no del que observa --aunque sea de manera crítica-- sus propios aconteceres.

Vargas Llosa se despidió de manera simultánea del periodismo y la literatura en la última página (303) de la edición de Alfaguara de su novela-punto final: Le dedico mi silencio. “Ahora me gustaría escribir un ensayo sobre Sartre, que fue mi maestro de joven. Será lo último que escribiré”. Pero antes del esperado ensayo de Sartre –lo adoró, lo repudió, lo reencontró entre los fantasmas ancianos del Sena, quién sabe ya con qué sentimientos intelectuales--, Vargas Llosa puso punto final también a su columna Piedra de Toque que comenzó a publicar en medios peruanos y luego la formalizó en El País hace 33 años, en 1990.

La bibliografía del Vargas Llosa periodista es amplia: están procesados catorce libros desde su primera colección de textos periodísticos –en modo, cierto, de estilo de ensayo— titulado Entre Sartre y Camus, de 1981. De esa bibliografía, dos colecciones resumen el espíritu totalizador de Vargas Llosa: Contra Viento y Marea en tres tomos que recogen de manera cronológca textos de 1962 a 1988 y los tres tomos de Piedra de Toque en la muy pulcra edición de Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores que comienza también en 1962 pero que se extiende a 2012.

Aunque puntual, los artículos y columnas de Vargas Llosa posteriores a 2012 fueron menos polémicos. Con tiempo y circunstancia, Vargas Llosa ajustó cuentas ideológicas en 2018 con su libro de memorias ideológico-intelectuales La llamada de la tribu, en el que pasó revista a su quiebre ideológico que comenzó en 1971 con la ruptura con el socialismo autoritario de la revolución cubana, su descubrimiento de la economía de mercado en 1986 con un texto sobre el economista Hernando de Soto, su fascinación por la conservadora Margaret Thatcher –“Elogio de la dama de hierro”— el 27 de noviembre de 1990, hasta llegar a su candidatura presidencial en 1989-990 –registrada en su libro de memorias El pez en el agua— ondeando la bandera del liberalismo económico en modo de neoliberalismo financiero.

El arco ideológico de Vargas Losa –del comunismo del Partido en Perú— al liberalismo de mercado podría convertirse en un círculo con el cierre que le dé –si acaso la termina en el corto plazo-- su ensayo sobre Sartre. De haberlo convertido en su héroe ideológico, lo redescubrió --¿renació?-- en su texto del 6 de mayo de este año en El País y parece hasta irritado por la marginación del célebre caminante de Saint-Germain-des-Prés y el Café de Flore. Un párrafo de este texto podría ser la clave del ensayo que viene –si llega y ojalá llegue--:

Me resisto a creer la tesis del viejo librero, de que nadie lee ahora a Sartre. No puede ser posible. La verdad es que uno de los más grandes pensadores que ha tenido Francia ha sido él, que lo demostró tanto en sus novelas como en sus ensayos, en los que fue igualmente original y rupturista. Es verdad que fue difícil seguirlo en algunas iniciativas, como en el discurso que pronunció a los trabajadores a las puertas de las usinas de Renault, y algunos excesos parecidos. Y ahora debería venir el tiempo de la reflexión y el análisis comparativo. Adversarios tan decididos como Raymond Aron y Jean-François Revel lo señalaron como un fuera de serie de su generación y ahora cabría hacer un distingo entre sus textos serios y los gestos, a menudo disforzados, que marcaron su compromiso político. No hay todavía un ensayo que examine su obra literaria, pero sus cuentos y novelas alcanzaron un vasto público y recibieron una atención que pocos autores han tenido. Al mismo tiempo, sus ensayos filosóficos deslumbraron a quienes los escudriñaron de la manera impersonal con que había que leerlos.

La ruptura de Vargas Llosa con Sartre estalló en su texto de revaluación del adversario de Jean-Paul: Camus. En 1975 Vargas Llosa optó por el autor de el hombre rebelde: “Albert Camus y la moral de los límites”. A la muerte del filósofo, Vargas Llosa escribió el perfil más completo –quizá sea la columna vertebral del último ensayo en la cocina periodística— “El Mandarían”, un guiño a la caracterización de los intelectuales usada por Simone de Beauvoir en su novela Los Mandarines, donde narra el conflicto Sartre-Camus de 1951. Y como otro punto referencial, sin duda que Vargas Llosa revaluará su prólogo a su libro Entre Sartre y Camus,

Con recuerdos a Semprún asistimos a Zavalita-Varguitas se despide de ustedes y al adiós en vida del escritor Mario Vargas Llosa, un personaje bifronte que rememora también al Stevenson del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.