Bajó LaLiga su telón en 2023 este sábado, en el Metropolitano. Regresó a su cuarta jornada para resolver el partido entre Atlético y Sevilla que fue aplazado el pasado 3 de septiembre (por una alerta de lluvias torrenciales en Madrid). Ambos equipos se pusieron al día en un intercambio de dudas y de inercias contrapuestas. Cuando debían haber jugado, los capitalinos estaban arriba en la tabla y los andaluces, abajo del todo. En el presente, los colchoneros parecen haber agotado su fuelle y los visitantes intentan renacer con nuevo nuevo entrenador.
Quique Sánchez Flores fue contratado la pasada semana para sacar a los sevillanos de los puestos de descenso. Dirigió un entrenamiento y goleó en Granada. Era el primer triunfo liguero del colectivo nervionense en casi tres meses. Diego Alonso no ganó a nadie, literalmente, desde que sustituyera a José Luis Mendilíbar. Están necesitados de buenas sensaciones los sevillanos, como les ocurre también a los rojiblancos, que venían de caer en sus tres últimos encuentros a domicilio y de ceder la racha triunfal en casa el pasado martes, ante el Getafe.
Desplegaron sobre el césped unos y otros, pues, un buen puñado de incertidumbre. Y los técnicos alinearon lo que pudieron, lo que les queda intacto a estas alturas. Quique sorprendió al mandar al banquillo a Yussuf En-Nesyri. Apostó por Suso y Ocampos en punta, en una decisión llamada a engrasar el modelo de cierre y contragolpe que va a tratar de aplicar en el Pizjuán. No quiere ni pensar en asumir riesgos en la salida de juego. Orden, verticalidad y seguridad defensiva son sus preceptos. Por eso ha recuperado la zaga de tres centrales, una disposición que le valió para anular el insistente juego aéreo local, con Sergio Ramos muy destacado en esa labor.
No le salió bien la ausencia de un delantero referencial al estratega visitante, como tampoco rindió como se esperaba Ivan Rakitic. El croata, que abrió su actuación con un chut desde el centro del campo -minuto 2-, fue víctima de un flujo continuado de imprecisiones, si bien no fue el único. En su equipo y en la otra trinchera se contaminaron bastantes jugadores. La tarde no iba a asistir a una oda al juego combinativo, hecho que igualó las fuerzas y que restringió las ocasiones de gol a un escueto listado.
La más clara del primer acto encontró a De Paul -el mejor de la fecha- filtrando un pase por el centro y a Álvaro Morata topándose con el meta Dmitrovic en el mano a mano -minuto 7-. Padeció el atacante uno de esos días de desacierto con balón que le vuelven irregular. Y le ocurrió algo semejante a Antoine Griezmann, si bien su categoría maquilla los días grises. Intento con varios zurdazos superar el récord goleador de Luis Aragonés. Se ha ganado la licencia para disparar desde donde quiera y un lanzamiento desde media distancia pasó cerca del larguero -minuto 19-. Sin embargo, su esquema echó de menos la clarividencia con la que rompe defensas.
Koke asumió el rol distribuidor en la medular, aportando una fluidez y armonía que se mitigó a medida que avanzó el mintutaje. Antes de llegar a la media hora ya había ajustado el Sevilla sus filas. Negaron la capacidad de maniobra a Griezmann y cerraron los pasillos interiores con acierto. Replegaron a placer los andaluces y sólo las conducciones veloces de Samuel Lino parecieron inquietarles. La orden de Diego Pablo Simeone pasó por apilar centros laterales y en el primer acto ganaron cinco córners -por ninguno concedido-.
El 'Cholo' juntó por izquierda a Lino y a Rodrigo Riquelme para examinar la consistencia del canterano Juanlu. La argucia trató de sacar tajada de las once bajas que arrastran los andaluces y los avances se centraron por ese perfil, con Nahuel Molina un tanto tímido -sigue el argentino sin despegar, fue suplido en el intermedio-. Por ahí arribó la asistencia del brasileño para el zurdazo muy angulado de Morata que repelió Dmitrovic -minuto 31-. Poco más produjo la ofensiva rojiblanca antes del encaminarse a vestuarios. Un tiro a puerta en 45 minutos.
El balance de situación convenció a Quique. Su once sólo remató una vez al arco defendido por Oblak, en una recuperación alta y pared entre Suso y Ocampos terminada en cabezazo centrado del argentino -minuto 7-. La prioridad para establecer el deseado renacer clasificatoria es mejorar la cohesión defensiva. Y el Sevilla cumplió este precepto. Diferente, sin duda, fue el análisis de un Simeone que aplicó un doble cambio en la reanudación. Dio un giro atacante, incluyendo la creatividad de Correa y la potencia de Marcos Llorente. Y recogió premio de inmediato: en el minuto 46, Koke avistó el desmarque del carrilero, que centró y recogió el despeje de Ramos para marcar con una volea frenética rasante.
La convicción de Llorente ejemplificó la subida de revoluciones mandada por Simeone. Presionaba con todo el Atlético otra vez y jugaba más rápido. Ahí Sánchez Flores entendió que no bastaba con su planteamiento contemporizador. Suso y Ocampos habían lucido muy alejados de Óliver Torres, con lo que la construcción de contragolpes quedó reducida. El técnico dio entrada rápido a En-Nesyri y a Sow, y acabó por competir también con Rafa Mir. Sus futbolistas adelantaron líneas y ganaron ambición, con personalidad. Apretaron en la presión y se hicieron con el gobierno del duelo.
Avisó Ocampos en el minuto 63, al chutar de zurda para el despeje de Oblak. La dirección de los centros al área ya apuntaba hacia la portería del arquero esloveno, por lo que el 'Cholo' dio la alternativa al anti-aéreo Soyüncü -por un Koke agotado-. Quiso echar el cerrojo el técnico argentino, mas no esperaba que el zaguero turco se expulsase a los cuatro minutos de acceder al campo. Pisó el talón de Ocampos en el centro del campo y vio la roja directa (VAR mediante). Sus escasas oportunidades de jugar no justifican semejante pifia. Dejó a su equipo en inferioridad numérica con 20 minutos por delante.
Se desplegó entonces el Sevilla para dibujar el asedio definitivo al tiempo que Griezmann dejaba su lugar a Reinildo Mandava, el pilar defensivo que se lesionó hace 10 meses y que apunta a ser fundamental en 2024. Rafa Mir, En Nesyri y hasta Sergio Ramos se agolpaban en el área de Oblak, esperando un buen centro que no acabaría por llegar. El central regresó al Metropolitano por vez primera sin la camiseta del Real Madrid y lo probó en un lanzamiento de falta, desde la frontal, que se marchó por encima del travesaño. No llegó a la orilla la mejoría exponencial sevillana del segundo tiempo y Lino todavía regaló a Lorente un cara a cara con Dmirovic que resolvió el portero visitante. El último braceo sevillano, un testarazo cruzado de Kike Salas -minuto 91-, clausuró el ejercicio de supervivencia global que llevaron a término los colchoneros. Para no desengancharse de la pelea por el liderato. Pese a las dudas de diciembre, son ya 24 duelos seguidos sin derrota en casa (con 22 victorias).