Opinión

Las medidas de Zapatero: nunca es tarde, si la dicha es buena

Lunes 03 de noviembre de 2008
Uno de los miedos que más frecuentemente atiza la izquierda contra la derecha es su presunto afán en recortar el gasto social. En estos tiempos de crisis, es habitual escuchar en boca de José Blanco y demás gentes del aparato de Ferraz la idea de que, si el PP estuviese en el poder, ya habría reducido los subsidios de desempleo, pensiones y becas. Asustar es algo consustancial a la política española. Eso sí, debate sobre propuestas concretas, poco. Lógico. No se puede debatir sobre lo que no existe. Ante la que está cayendo, el Gobierno parecía sobrepasado por los acontecimientos, sin capacidad de reacción. Pero al fin lo ha hecho. Ya se conocen las iniciativas de Zapatero para abordar los problemas económicos de España. Y no todas son malas: un motivo por el que debemos felicitarnos, en la medida que el gobierno, que es de todos, también sus aciertos son de todos.


Algo tendrán, cuando los agentes sociales las han recibido con un cierto interés y hasta la oposición ha puesto más énfasis en el retraso con el que llegaban que en las presuntas deficiencias de su contenido. No hacer demasiada sangre con esto último puede interpretarse en clave de aceptación. O lo que es lo mismo, que en el seno del PP hay cierta anuencia para con las medidas propuestas. Ampliar al plazo de amortización en las cuentas ahorro-vivienda de 4 a 6 años, incentivar a desempleados que quieran convertirse en autónomos o montar una empresa, bonificar a empresas que contraten a parados de larga duración o con cargas familiares o rebajar el porcentaje de retención del IRPF en determinados casos, son recetas serias, dignas, al menos, de tenerse en cuenta. Destaca de entre todas ellas la posibilidad de que los parados dejen de pagar la hipoteca durante un máximo de 2 años, cuando confluyan una serie de circunstancias especiales. Quizá ésta última sea la más polémica, por la picaresca a la que puede dar lugar pero, en cualquier caso, al menos ahora puede decirse que hay medidas sobre las que hablar. ¿Tarde? Sin duda. La crisis no empezó ayer. Pero ahora lo que toca es ponerlas en práctica y esperar resultados. A poder ser, sin más cortinas de humo.