Se agrava la situación internacional. Guerra en Europa, guerra en Oriente Medio, contiendas en África y en Asia, incertidumbre política. La situación nacional bordea la crisis porque el Gobierno necesita la aprobación de veinte partidos para cualquier iniciativa parlamentaria. La crisis económica galopa y la deuda, no sólo en España, se agiganta y alarma.
Pero el pueblo español ha reaccionado este fin de año con el más abierto espíritu de diversión. Todo borrado. Las fiestas prolongadas hasta la madrugada. Comilonas incesantes y la manifestación más evidente de disfrutar del presente sin pensar en el futuro.
El pensamiento de Bergson, de Camus, de Gide, de Sartre se mantiene en triunfo. Horacio tenía razón. El gran poeta clásico inspiró el pensamiento de una buena parte del siglo XX y perdura en el XXI. El carpe diem, quam minimum credula postero”, de Horacio a Leuconia, aprovéchate del día de hoy y cree lo menos posible en el de mañana, forma parte de la esencia activa de una parte considerable de las mujeres y de los hombres de España.
Trato de comprender, no de juzgar. Lo que ha ocurrido el fin de año forma parte de una realidad social y psicológica imparable. Vertebra una parte sustancial de las nuevas generaciones. No hay que pensar en el futuro. Es necesario disfrutar lo más posible del presente y ya veremos qué pasa el día de mañana.
España, que concentra cada año el doble de turistas que la población nacional, se ha incorporado definitivamente a la vacación, al descanso y a la diversión. Tal vez el futuro pasará factura. Pero el presente no puede ser más satisfactorio para las gentes capaces de borrar los horizontes emborrascados y pensar solamente en cómo pasarlo bien.