Dos periódicos impresos de Madrid -ABC y El Mundo- coinciden hoy en llevar a su primera página el escándalo continuado del partido Bildu por sus homenajes a la banda terrorista ETA. No sólo los bilduetarras no han pedido perdón ni condenado los crímenes cometidos, tampoco los atroces atentados perpetrados, sino que, de forma sostenida, según ambos diarios, ensalzan a los criminales en cuanto se les presenta la ocasión. Una vergüenza para el Estado de Derecho, una vejación pare el Gobierno de la nación, un alarde de cinismo de Otegui y los suyos conocedores de la debilidad de Pedro Sánchez. Sin los seis escaños bilduetarras en el Congreso de los Diputados, la investidura sanchista no se habría producido. Sin los seis escaños bilduetarras, el PSOE no podrá sacar adelante ningún proyecto de ley. Pedro Sánchez entregó a los sucesores y ensalzadores de ETA la alcaldía de Pamplona, amén de otras concesiones que algunos presumen pero que desconocemos.
Según el diario ABC, se celebraron en 2023 con el aliento de Bildu casi 500 actos en favor de ETA. Miriam Villamediana en una sólida crónica informativa da cuenta de cómo los criminales de ETA se han beneficiado de actos apologistas en su favor. Muchos de ellos se produjeron mientras Pedro Sánchez negociaba el apoyo de los seis diputados bilduetarras a su candidatura.
El diario El Mundo, en un sólido informe de Manuel Marraco, se refiere a 136 actos concretos de homenaje a ETA y demuestra con datos incontrovertibles que muchos de ellos se produjeron durante la negociación de Pedro Sánchez con Bildu. Los seis diputados bilduetarras resultaban imprescindibles para la investidura y ni Pedro Sánchez ni su entorno se sonrojaron cuando Bildu homenajeaba a ETA mientras negociaban que el líder socialista permaneciera en el poder.
Un escándalo de relieve, en fin, que las fiestas navideñas no pueden disimular. El “ande yo caliente y ríase la gente” resume la actitud personal de Pedro Sánchez al que habrá que reconocer habilidad extrema en la negociación para permanecer en el poder y cinismo elevado al cubo para disimular lo que no es más que un miserable gesto político, especialmente vejatorio para los dirigentes socialistas que durante largos años cayeron asesinados por ETA, mientras defendían la democracia y la libertad.