Le ha echado valor político a la convocatoria anticipada de las elecciones gallegas. Si gana por mayoría absoluta habrá confirmado su presidencia nacional del Partido Popular. Si no alcanza esa mayoría absoluta quedaría condicionado a los alcances interiores del partido. Porque no se trata de un envite. Se trata de un órdago a la grande.
Alberto Núñez Feijóo, hombre inteligente y razonable, político responsable y serio, ha cometido errores de consideración al frente del Partido Popular, y son muchos todavía los que no están seguros de que siga actuando como un presidente autonómico en lugar de como el presidente nacional. Se creyó el “efecto Feijóo” cuando en las elecciones del pasado 28 de mayo la gente no votó en favor de Feijóo, sino en contra de Sánchez.
Alberto Núñez Feijóo, se incorporó a la presidencia del partido con una ventaja abrumadora en casi todas las encuestas. Sin embargo, el 23 de julio no alcanzó la mayoría necesaria para gobernar. El líder socialista, aplastado en las elecciones autonómicas y municipales, se mantuvo sentado en la silla curul del palacio de la Moncloa.
Pedro Sánchez tiene ahora una gobernación casi imposible y una legislatura disparatada. Feijóo ha echado el primer pulso en Galicia. Y lo ha hecho con valor y firmeza. Dentro de un mes sabremos si ha acertado o no. Si ha ganado el órdago o si lo ha perdido comprometiendo su permanencia al frente del partido. En Génova y sobre todo en su entorno las posiciones son diferentes y en algunos casos contradictorias. Feijóo conoce mejor que nadie Galicia y la situación gallega. Los analistas más serios confían en que el desafío lanzado se basa en realidades ciertas de la situación popular en aquella autonomía.