Opinión

Intelectos colectivos

TRIBUNA

Óscar Díaz | Martes 09 de enero de 2024

Racionalizar las cosas implica parcelarlas y, por tanto, la categorización es una labor de exclusión: supone dar una regla, una medida. ¿No es acaso esa la etimología de «canon»? Pese a ello, en Intelectos colectivos (La Caja Books, 2023, trad. de Javier de la Morena), McKenzie Wark nos entrega una lista de veintidós pensadores para comprender nuestro presente en marcha, teniendo como fuente su docencia en forma de clases y seminarios. Resulta evidente que, como afirma el refrán, ni son todos los que están, ni están todos los que son; para nada la autora pretende agotar el campo o concluir una nómina exhaustiva, sino que la clave del conjunto descansa en la invitación a contemplar el desenvolvimiento del pensamiento contemporáneo bajo la lupa del intelecto colectivo, término acuñado por Marx en el contexto de los Grundrisse. O lo que es lo mismo: pasa por apartarse de la idea de sistema y de genio como aquel capaz de crear en solitario e interpretar así el mundo.

De un tiempo a esta parte, parece difícil encontrar la silueta que marcó los hitos del pensamiento en el pasado: la del intelectual público. ¿Dónde se esconden? ¿Alguien los ha visto? Cuando Wark remarca el declive de esa figura, uno no puede evitar esbozar una sonrisa al recordar la quincuagésima carta o manifiesto que 200 o 500 o 1000 intelectuales han firmado para solicitar una destitución, quejarse al gobierno o pedir que del olmo caigan peras. Pero semejante proceder es antiepocal, si puede decirse así: el intelectual público y su trabajo solitario quedan desplazados por el trabajo intelectual colectivo, una práctica que da cuenta de la horizontalidad de los saberes, de la colaboración y el entrelazamiento de disciplinas, y de la ausencia de jerarquías a la hora de abordar los fenómenos, por ejemplo, técnicos o científicos, en los que no cabe que la filosofía se erija como la reina, como aquella que posee la primera y la última palabra que inaugura y cierra la reflexión. Las diversas disciplinas conforman una urdimbre cuya heterogeneidad mapea la realidad que están enfrentando.

El intelecto colectivo enseña que el conocimiento está diluido en el todo social y también un modo de vida mejor a través de la comprensión. Si, para Deleuze, la filosofía era un arte de inventar y fabricar conceptos, el lector podrá aquí encontrarlo en ejercicio; conceptos como servidumbre maquínica o capitalismo cognitivo que vienen a responder a problemas abiertos, cerrar brechas y enfrentar injusticias epistémicas, por usar el término de la filósofa Miranda Fricker, pues gracias a la creación conceptual uno logra en ocasiones vencer la desventaja y conseguir el reconocimiento (piénsese en su análisis del acuñamiento de la noción de «acoso sexual» que permitió sacar a la luz algo que vivía a oscuras). Las ideas que se encuentran en Intelectos colectivos colaborarán en esta tarea. Se trata de un mapa actualizado, un canon del pensamiento para el siglo XXI y un bello manual heterodoxo para entender el presente cogidos de la mano de estos veintidós autores y autoras (uno más que en la edición original inglesa de 2017) cuya luz toma forma de constelación: Amy Wendling, Kojin Karatani, Paolo Virno, Yann Moulier-Boutang, Maurizio Lazzarato, Franco Bifo Berardi, Angela McRobbie, Paul Gilroy, Slavoj Žižek, Jodi Dean, Chantal Mouffe, Wendy Brown, Judith Butler, Hiroki Azuma, Paul B. Preciado, Wendy Chun, Alexander Galloway, Timothy Morton, Quentin Meillassoux, Isabelle Stengers, Bruno Latour y Donna Haraway.