Hace un mes aproximado, falleció en su domicilio de Milledgeville (Georgia) el hispanista norteamericano Louis Milton Bourne (1942-2023). Lo hallaron muerto el 23 de diciembre después de alertar a la policía amigos suyos españoles, pues no respondía a las llamadas ni contestaba a mensajes digitales. Había anunciado su llegada a Madrid el día 15 del mismo mes. Louis era profesor emérito de lengua y literatura española en el Georgia College & State University, pero había vivido casi cuarenta años en Madrid, adonde regresaba por Navidad y en vacaciones de verano. En la sede madrileña de la Universidad de Nueva York inició el doctorado con una tesis sobre Rubén Darío, dirigida por Antonio Regalado y sostenida en el centro neoyorkino (1998), publicada luego en Málaga. Asiduo de tertulias, actos y especialmente del Museo del Prado -poesía pictórica-, vivió como traductor y profesor de inglés en diversos organismos (más de un año en Radio Exterior de España), empresas y para particulares. Pertenecía a la Real Academia de Doctores de España. Su verdadera vocación era la poesía, la traducción al inglés y la pintura. “Mis traducciones también son poemas, pero con el guión de otro poeta”, me escribió en cierta ocasión, subrayando la palabra “poemas”.
Desde Vicente Aleixandre, Premio Nobel de 1977, traducido por Bourne en antología de 1966 (The Crackling Sun), otros poetas de la generación del 27, Alberti, Gerardo Diego, Jorge Guillén, diseminados en revistas inglesas o norteamericanas -Poetry Review, Sunk Island Review, Stand, New Directions, International Poetry Review, Illuminations-, y poetas de décadas posteriores hasta los años 80, 90, primera del siglo XXI, el goteo traductológico de Bourne ha sido ejemplar y sin apenas reconocimiento alguno. Inclúyase en esto el casi sordo agradecimiento de los autores escogidos. Se trata de una verdadera selección antológica de la poesía española contemporánea en lengua inglesa. Cabe citar, del 36, a Carlos Bousoño, Blas de Otero, José Hierro, José L. Hidalgo, Rafael Montesinos, Rafael Morales (estos dos últimos poetas representantes del garcilacismo); del 50, especialmente, a Claudio Rodríguez, José Á. Valente, Francisco Brines, Gil de Biedma, Edmundo de Ory (postismo), Ángel González, Manuel Álvarez Ortega, José M. Caballero Bonald, Manuel Mantero, Victoria Atencia, Antonio Gamoneda; del 60, a Rafael Soto Vergés, Jesús H. Tundidor; del 70 y novísimos: Clara Janés, Pureza canelo, Justo Jorge Padrón (The Circles of Hell. On The Cutting Edge, Memory of the Fire, de 1981, 1988 y 2004, respectivamente), Jaime Siles, Antonio Colinas, Guillermo Carnero; del 80: Andrés Sánchez Robayna (The Book, Behind the Dune, 217), Carlos Marzal y otros poetas, tanto españoles como hispanoamericanos. Entre estos, Octavio Paz, Roberto Juarroz, Nicanor Parra, Germán Belli, Arturo Corcuera, Olga Orozco, Reinaldo Arenas, Heriberto Padilla, Jorge Valdés, Jorge Valls, Rafael Bordao. Asimismo, portugueses, particularmente Casimiro de Brito, rumanos, como Ion Caraion, y de otras nacionalidades, en cuya versión al castellano intervenía también Justo J. Padrón. Tradujo además poemas de David Gascoyne, Rodney Pybus, Galway Kinnell, Robert Bly, de quien deja una antología pendiente de edición. Dirigió, por otra parte, la revista The Carolina Quartely (EEUU, 1962-1964) y fue redactor jefe de Equivalencias (Madrid,1982-1993), revista internacional de poesía editada por la Fundación Fernando Rielo y dirigida por su amigo Justo J. Padrón. Contribuyó asimismo como asesor literario y autor en la Revista Iberoamericana. SERTA. Poesía y Pensamiento Poético, editada por la UNED desde 1996 hasta la actualidad.
Únanse a todo esto los numerosos artículos, estudios y conferencias sobre novelistas en diversas publicaciones literarias y profesionales, entre otros los narradores Juan Goytisolo, Javier Marías, Jesús Ferrero, Antonio Ferres Bugeda, etc.
La vocación poética y traductora de Bourne quedó sellada en 2021 con la creación de una beca anual (Professor Louis Milton Bourne Fellowship) en el Centro Rey Juan Carlos I de España de la Universidad de Nueva York y el Master of Fine Arts in Creative Writing in Spanish. Va destinada a estudiantes con escasos recursos económicos e interesados por la escritura en español y la traducción inglesa. Doy fe, por otra parte, de que pensaba donar asimismo su legado español al malagueño Centro Cultural Generación del 27 o al Instituto Cervantes, más inclinado a la primera opción que a la segunda. Esto queda, no obstante, en el aire, pendiente de si Bourne redactó testamento o consta su voluntad en algún escrito, pues solo conservamos el testimonio verbal de sus últimas intenciones. La preferencia obituaria de sus cenizas eran, por otra parte, mitad y mitad, como su vida trasatlántica, Virginia y Madrid.
Además de poeta, crítico literario y traductor minucioso, Bourne poetizaba la imagen con ojo pictórico y fotográfico. Dominaba el “punctum” resaltado por Roland Barthes. Fue un singular retratista con la cámara. Deja una verdadera y copiosa semblanza fotográfica de las generaciones poéticas antes mencionadas. Sus traducciones y fotos serían un magnífico testimonio de la creación poética española en lengua inglesa desde 1927 a lo que será un siglo en 2024. Algo que España, esto y otras múltiples posibilidades, nunca supo promocionar pese a las instituciones estatales, diplomáticas y autonómicas, esparcidas por el mundo. La presencia hispana en Estados Unidos ya supera a la población de España. Nuestra cultura echa por la borda su lengua olvidando la raíz histórica, cuando no la banaliza, posterga e incluso desaira “a tergo”.
Como poeta, Louis (Milton) Bourne concentró su obra española e inglesa en dos respectivas publicaciones, Los Recodos del Río. Poesía Reunida, 1981-2011 (2013) y The Thought of Seeing (2019). El “punctum” del foco poético capta el instante diluido o irradiado de una surgencia dinámica: el ritmo. En él se concentran el ojo, el oído, el tacto vibrante de la lengua al articular el lenguaje, el movimiento del cuerpo caminando por calles, campos, llanuras, bordeando ríos, y alzando la mirada, desde el contorno, al cielo lúcido de Castilla o al horizonte rizado del mar en sus costas peninsulares, especialmente la mediterránea. El colorido y olor vital que siempre atrajo y sedujo a extranjeros y cuya huella se notaba en el talante artístico de Bourne, con Hemingway, Gerald Brenan, Robert Graves, Ian Gibson, Antonio Regalado, cuyo origen madrileño se transterró a Nueva York, ida y vuelta continua, como Jorge Guillén, Pedro Salinas, Jaime Ferrán, Manuel Mantero, etc. Lo dice el propio Louis en el breve Prefacio a The Thought of Seeing: “España fue una revelación en lengua y cultura. La vida en Madrid traduciendo a poetas españoles, el interés por la flora, se convirtieron en una preocupación por las cicatrices de la historia, las vidas de los campesinos, los castillos de los recuerdos perdidos”, donde describe a la poesía como “un vuelo a un lugar desconocido”. Vuelo desde cotas concretas, un paisaje, cuadro, rostro, oficio, labor rural, huella histórica, circunstancias socialmente vivenciadas.
En su vida literaria influyó el mundo cultural irlandés, sobre todo el folklore, la canción folk, viva aún en Norteamérica -Louis cantaba muy bien-, y la formación clásica de Oxford, en cuya universidad cursó un segundo ciclo de estudios, tras el primero en Carolina del Norte. Seguía a los poetas contemporáneos estadounidenses y su estela traductológica. Continuaba en esto, tal vez, la huella de Robert Frost, Joseph Brodsky, Jon Silken, Seamus Heaney. Bourne circuye en la métrica escanciada del ritmo la sinergia y sinestesia del foco antes mencionado. Su vestigio pervive en el verso de los poemas españoles, en cierto modo ocasionales. Y en ambas tradiciones resuena el fondo latino, románico, cuya onda expansiva aún continúa en el idioma y cultura inglesa. Es una de nuestras tesis culturales persistente, sobre la que departimos ambos en varias ocasiones y actos públicos. La romanización perdura globalmente en el mundo cultural y lingüístico, no solo de Occidente. A España le corresponde rentabilizar este patrimonio, pero los españoles, sus políticos, mandarines culturales, académicos, económicos, parecen ciegos de foco, sordos a la vibración milenaria, lisos de tacto, hipoestésicos, y con parosmia endémica. Solo interesan el agio, lucro, el pillaje de un país colonizado.
En la poesía contemporánea estadounidense predominan la innovación métrica del “sprung rythm” (combinación numérica en el verso de sílabas acentuadas e inacentuadas), ideada en la segunda mitad del siglo XIX por el jesuita inglés Gerad M. Hopkins y difundida por su amigo Robert Bridges, el “insight” (imagen dinámica y profunda de intuición concreta de la realidad) resaltado por el “criticism” americano, especialmente a partir de T. S. Eliot, y el canto épico, vital, de Walt Whitman, romanizado por Ezra Pound con la poética gradación escotista aplicada a la gramática y al ritmo de ideas, concentradas al unísono en un “opsigne” de música concreta, diría Deleuze, compacta, bajo la influencia oriental del I Ching. Recordemos que Bourne pasó años de su pubertad en la India y Egipto. En el fondo de esta tradición subyace, a nuestro entender, la “ilación sensitiva” del cardenal John H. Newman trasladada al ritmo como inferencia natural poética. Newman influyó considerablemente en Hopkins. Por otra parte, en Estados unidos, y en paralelo, la figura y filosofía literaria de Ralph W. Emerson -viajó dos veces a Europa- actúa aún hoy como sombra cultural implícita en el imaginario colectivo norteamericano, pero desde la particular “infinitud del hombre privado”. Y George Santayana, otro español transterrado a Norteamérica (Harvard) y revenido a Europa (Oxford, Roma, donde murió), explicita el trasfondo trópico de este a priori perceptivo.
Tanto en una como en la otra técnica rítmica citadas (“sprung rythm” e “insight”) subsiste como ideal sensofónico la métrica latina y románica (Dante, Petrarca, Jorge Manrique, Garcilaso, Góngora y un selecto etcétera). Pues bien, en la poesía de Bourne resuena como guía este fondo elucidado además críticamente por su amigo Carlos Bousoño, a la zaga del común maestro Dámaso Alonso. El ojo intuye, piensa, pinta, toca, canta, huele: siente. Y el río suena, reverbera.
“Poetry is a flight to an unknown location, armed with a chart to find a way, and ordinances of emotion to make a verbal friend”. En la poesía buscaba Louis Bourne la amistad de la palabra, su sentido moral, ético.