Opinión

Bolitas

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 17 de enero de 2024

Cuando la clase política entra en celo de urnas la cosa se pone interesante. Acuden a la brama del voto para el encuentro más íntimo con el ciudadano o ciudadana. La excitación cobra incluso tintes eróticos y lo digo por la excesiva proximidad de algunos o algunas candidatas que no reparan en el frenesí de dejarse oler e incluso tocar. En estos tiempos un voto en el estraperlo de los subvencionados se cotiza a precio de engaño. -¡Quienes cojan más bolitas, tendrán gratis una paguita!-

Con estos alardes de proximidad la recaudación de sufragios eclosionan en aquellos que gozando de bobería ingénita se dejan llevar por un desgarro emocional al sentirse queridos en un mercado municipal o en una playa con bolitas, (pélets o pellets, según los expertos). Yolanda Díaz ha madrugado para el photocall como experta buscadora de miniaturas plastificadas. Lo ha hecho a sabiendas de que su aportación en limpiar las playas es para levantar los ánimos de los trabajadores de la mar. Algo parecido al estilo Marilyn Monroe cuando fue a Corea a entretener a las tropas americanas. (Soy consciente de que este ejemplo pueda causar extrañeza).

¿Cuáles son los colores de un verbo? –me pregunto yo. Y no es por aquello de alucinar en colores, dicho en lenguaje coloquial, sino que cuando el político se mezcla con el pueblo prima más el colorín del acto, bien sea de palabra como de gesto. Lo que cuenta es el buen fin de la instantánea. Digo esto porque la presurosa doña Yolanda nos dejó una de sus perlas cultivadas ante los medios gráficos playeros: “Hemos venido a limpiar Galicia, no a posar” Así, tan resuelta como es ella y sin temer los juicios de los hombres, se ha echado a la espalda la natural y ardua tarea de pulir Galicia por entero sin reparar su Señoría en la cantidad de fauna y flora que atesoran sus montes, ríos y hasta el mismísimo mar Cantábrico.

Y todo ello para demostrar que el frotar se va a acabar en este país por aquello de que entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores ocurrencias es conmocionar al electorado con lo primero que surja. Otra cosa es aprovechar la causalidad, ya saben, esa ley de mínimos de la cual se producen efectos que, en el caso de Galicia y sus bolitas no es otra que la celebración de elecciones el próximo 18 de febrero. Y como en esto de urnas vírgenes siempre trae causa el lucimiento personal por aquello de voto que vuela a la cazuela, pues eso.

Sabido es que doña Yolanda siempre aspira a más y que no da puntadas sin hilo. La subida del salario mínimo interprofesional lo ha sido por el procedimiento del tirón y lo ha hecho por las bravas. Ella y los sindicatos. De un plumazo, porque la patronal está cansada de tanto ejercicio de poder y tanto diálogo, para que al final lo resuelva el rodillo del gobierno y luego si hay que improvisar, pues allá películas. Y de ahí otra vez las causalidades por vísperas de urnas que todo suma, máxime tratándose de Sumar, -valga el pleonasmo- Y es que el poder cuando apunta a la baja, ya saben, la ruptura al estilo de Pimpinela por el conflicto con Podemos, no cabe otra que recurrir incluso al juego de la bolita, dicho sea sin intención peyorativa.

Una cosa es la genuflexión para coger en la playa una bolita de esas y otra es manifestar públicamente el haber ido a limpiar Galicia, que se antoja tarea agotadora y por tiempo indefinido. Mucho me temo que mientras dure ese peregrinar limpiador, doña Yolanda nos privará de sus hazañas, ora acabar con el paro, ora dar con el paradero de los miles de trabajadores fijos discontinuos, sin olvidarnos del drama que padecen los jóvenes españoles cuya precariedad laboral ha convertido a España en líder de la tasa de desempleo juvenil de toda la Unión Europea.

Lo peor de esto es el agravio comparativo respecto de otras Autonomías, que sabedoras de la generosa mano de obra de doña Yolanda esperan impacientes su presencia para coger aceitunas en los bellos campos olivareros de nuestra geografía. Ánimo, doña Yolanda, que usted es joven y puede, además conviene sumar en méritos porque el electorado todo lo ve y lo sabrá valorar en su justa medida. Por cierto, de Prestige nada de nada. Lo digo porque las bolitas andan descarriadas por casi todos los mares del planeta.