Nuevo tirón de orejas del Papa y esta vez lo ha hecho ante los miembros de la Federación Internacional de Universidades Católicas (FIUC), a los que ha recibido en audiencia en el Vaticano con motivo del centenario de su fundación.
FRANCISCO ha sido una vez muy claro: “En un tiempo en el cual incluso la educación está volviéndose un negocio, y grandes fondos financieros sin rostro invierten en las escuelas y en las universidades como si fuese la bolsa de valores, las instituciones de la Iglesia deben demostrar que tienen una naturaleza diferente y que se mueven de acuerdo a otra lógica. Un proyecto educativo no se basa solo en un programa perfecto, ni en un equipamiento eficiente, ni en una buena gestión corporativa, sino en una pasión más grande, se debe notar una búsqueda común de la verdad, un horizonte de sentido”.
Supongo que aquí, en España, a más de uno estas palabras habrán hecho recorrer su cuerpo como una corriente eléctrica, pues han olvidado en muchas ocasiones los propósitos de sus fundadores y más cuando el Papa les ha recordado que “no es suficiente conceder títulos académicos, es necesario despertar y custodiar en cada persona el deseo de ser. No basta diseñar carreras competitivas, se debe promover el descubrimiento de vocaciones fecundas, inspirar caminos de vida auténtica e integrar la aportación de cada uno dentro de las dinámicas creativas de la comunidad”.
En el mundo hay casi dos mil universidades católicas. Casi nada. Un potencial de la Iglesia Universal, que en muchas ocasiones es olvidado por las Iglesias particulares. Un tema que el Pontífice no quiso tampoco obviar pues a los representantes universitarios les recordó que “en un tiempo de gran fragmentación, debemos tener la audacia de ir contracorriente, globalizando la esperanza, la unidad y la concordia, en vez de la indiferencia, de las polarizaciones y de los conflictos que desagraciadamente continúan en medio de un escenario de guerra, la tercera guerra mundial a pedazos. Por eso es esencial que las universidades católicas sean protagonistas en la construcción de la cultura de la paz, en sus múltiples dimensiones que se tienen que afrontar de modo interdisciplinar”.
Una nueva lección de FRANCISCO que va tratando en este mes de enero temas fundamentales y que muchos pasan de ellos, pues interesan solo los asuntos cercanos y “con- y son palabras del Papa- la tentación de encerrarse detrás de las paredes, en una burbuja social de seguridad, evitando los riesgos y desafíos culturales y dando la espalda a la complejidad de la realidad puede parecer el camino más fiable. Pero, ¡esta es una mera ilusión! Porque el miedo devora el alma”.
La Iglesia española prepara un Congreso de Educación y sería bueno que tuviera presente estas palabras del Papa . Sobre todo que todos recuerde, recordemos, que “la educación no es un negocio”.