La resaca es un mal conocido, pero no por ello resulta sencillo de combatir. Eso es lo que debieron pensar el Real Madrid y su hinchada este domingo, en la visita del Almería al estadio Santiago Bernabéu. Regresaron a casa los capitalinos después de conquistar la Supercopa de España en Arabia Saudí y de caer en Copa del Rey ante el Atlético. Y en el descanso del partido de esta tarde se descubrieron cayendo por 0-2 frente al colista de LaLiga.
Carlo Ancelotti recuerda que los meses de enero no le han resultado favorables durante su mandato en Concha Espina. Por eso, y para evitar los efectos nocivos del 'jet lag' copero, decidió alinear a su once de gala. Toni Kroos ocupó el eje y la delantera habitual se colocó en punta. Quería el técnico transalpino sanar rápido de la herida dejada por el último derbi y, a su vez, dar un golpe liguero. Mas se topó con el cansancio acumulado. Se niega a rotar de verdad el estratega italiano y en eventos como este se evidencia que esa postura admite debate. Se midieron al último clasificado, que todavía no ha ganado una sola vez en este curso. Eso sí, la estadística tiene trampa, pues los andaluces son el sexto equipo que más remates genera del campeonato y llegaban tras empatar con el Girona (chutaron 20 veces) y provocar que el Atlético y el Barcelona pidiesen la hora en sus respectivos campos.
Ese bagaje, que no está germinando en puntos, se presentó en la casa del favorito y picó rápido. Una pérdida de Nacho en la salida de juego derivó en la conducción astuta de Sergio Arribas, la asistencia de Robertone y el derechazo a las mallas de Ramazani -minuto 1-. Dio en la diana a la primera el bloque preparado por Gaizka Garitano y esta muesca les sirvió para ahondar en un plan que pasó por esperar en su campo, con intensidad. Y por contragolpear con veneno, apoyado en sus flechas.
Al Madrid le faltó ritmo y chispa. Efecto normal de la exigencia reiterada sin descanso. Acumuló pases el conjunto local intrascendentes y cuando quiso verticalizar se mostró impreciso y precipitado. Vinicius desbordó bien por su banda, aunque no gozó de finura en la finalización. Tampoco apareció Rodrygo y Bellingham dejó en el primer acto un regate de seda pegado a la cal y poco más. No chutó entre palos el sistema madridista. Todos los intentos (5), siempre desde fuera del área, no tuvieron puntería. El más destacado fue un centro de Carvajal que casi se cuela tras ser tocado por Akieme.
Tampoco pudieron presumir de su rendimiento Tchouaméni y Nacho. El mediocentro francés no llegó a tiempo -como la presión de su equipo- ni generó fútbol con fluidez, y al central se le notó apagado. Ancelotti le quitó en el descanso, después de que regalara un mal despeje hacia el pico del área que Édgar González, exitoso en el novedoso rol de líbero, utilizó para clavar una volea de zurda en la escuadra -minuto 43-. Un golazo de bandera que premió la competitividad almeriense. Jugó bien con su físico el Almería y brilló su centrocampista Lopy en ambas fases.
'Carletto' no esperó para corregir su hieratismo inicial y ejecutó un triple cambio en el intermedio: entraron Joselu, Brahim Díaz y Fran García, y se marcharon los grisáceos Nacho, Mendy -también señalado- y Rodrygo -tocado-. Y subieron los madrileños sus revoluciones, al fin. Prendieron a toda velocidad la mecha del asedio con una lluvia de centros laterales, que ahora tenía un rematador como destino en el área. El paisaje se tornó en un duelo aéreo continuado y la tensión local alcanzó ratios razonables para un partido de LaLiga.
Obtuvo premio automático el Madrid cuando Kaiky cometió mano y penalti en un cuerpeo con Joselu. El VAR se lo indicó al colegiado y Bellingham facturó el 1-2 -minuto 57-. Por el centro, raso y con categoría. Se tambaleó desde entonces un colista restringido a achicar cerca de su portería, con el meta Luís Maximiano deteniendo un testarazo de Joselu a centro del omnipresente Fran García -minuto 60-. Aun así, todavía asestaría un zarpazo severo. En el 67 cazó una contra excelente y Arribas anotó otra diana. Pero el VAR rescató de nuevo a un Madrid avisadísimo. El trencilla señaló falta previa a Bellingham de Lopy -manotazo suave en la cara de esos que se pitan desde este verano y que enfadan a cualquiera-.
Poco a poco se construyó un desenlace de traca. Vinicius conectó un remate a gol, tras el buen centro de Tchouaméni -mejorado en el rol de central-, y el árbitro lo anuló por mano. Emergió entonces el VAR, por tercera vez, para dar validez al 2-2. Lo cierto es que el cuero golpeó en la zona situada entre el hombro y el codo del delantero brasileño. Fronterizo. Más leña para el incendio arbitral. La tecnología retrató al colegiado, dio oxígeno al Madrid y cabreó al Almería. Y se granjeó un protagonismo que alimenta tanto a sus detractores como a sus defensores. En todo caso, ayudó para que el choque se nivelase de cara al momento decisivo.
"El Almería tiene calidad pese a sus pocos puntos", dijo Ancelotti en la previa. Un día después lo comprobó. El escuadrón andaluz viaja a 10 puntos de la salvación pero complica al más pintado. Su honor está quedando salvaguardado a pesar de los resultados y del cambio de entrenador. Terminó la tarde presionando con valentía en el feudo del 14 veces campeón de Europa. Casi nada. No llegaron a la orilla de milagro, con una parada milagrosa de Luis Maximiano en el área pequeña ante Vinicius y con Bellingham rozando dos golazos. En el minuto 99 Brahim centró, el talentoso inglés prolongó y Carvajal marcó para provocar el estallido de la tribuna. El líder sigue firme pese a todo.