En Argentina es preocupante el creciente rezago en las pruebas internacionales sobre el estado de la educación, en las que hemos visto cómo países que nos reconocían como vanguardia educativa en América Latina, hoy nos superan..¿Podemos salir de esta crítica situación? Por cierto que sí pero para ello tendremos que emprender un proceso que habrá de proyectarse sobre varias generaciones.
Este siglo es el tiempo de la globalización impulsada por rápidos avances científicos y tecnológicos; por eso, la fortaleza económica de una sociedad hoy depende críticamente de su capital humano. La población de una nación es la depositaria de ese capital, que es decisivo para impulsar el progreso y mejorar las condiciones de vida. El nivel de conocimientos acumulados en la mente de los habitantes, gracias a la educación es la garantía del avance social. Pero los saberes nuevos dependen fundamentalmente de la educación. Nelson Mandela dijo que “la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”. Muchos pueblos han entendido la idea. Mientras Juan Bautista Alberdi decía en el siglo XIX que “gobernar es poblar”, la extrapolación al siglo XXI de su aserto podría expresar que “gobernar es educar”.
El presidente Milei ha enviado un proyecto de ley al Congreso de la Nación que incluye modificaciones en una gran cantidad de sectores, razón por la cual se la ha denominado “Ley Ómnibus”. El sector de educación no escapa de dicho proyecto que propone una serie de disposiciones para el sistema educativo que en términos generales son positivas sin embargo presentan algunos detalles insuficientes. Una medida positiva es la implementación de un examen final al terminar el ciclo secundario, sin embargo no establece obligatoriedad a las universidades de utilizar dicho examen para regular su ingreso sino que lo establece como una opción optativa y no modifica la característica de ingreso irrestricto que propone la ley vigente, esto sucede en muy pocos países en el mundo y los resultados entre aquellos países que exigen exámenes versus los que no los exigen podemos observarlos comparándonos con nuestros vecinos Brasil y Chile, cuyos estudiantes deben realizar exámenes previos al ingreso a la universidad.
Este tema es relevante cuando se da importancia al ritmo de acumulación de capital humano calificado de la población el cual es fundamental para el progreso económico de una nación. En el presente siglo XXI la graduación universitaria es un factor clave para la acumulación de capital humano calificado principalmente asociado a los grandes avances científicos y tecnológicos de los últimos años. Sin embargo, al compararnos con Brasil y Chile, se observa que tenemos el doble de estudiantes pero la mitad de graduados. En Argentina no rige ningún tipo de examen de evaluación de conocimientos al final del nivel secundario ni tampoco exámenes generales de ingreso a la universidad debido a que están prohibidos por la Ley 27.204, que los considera “restrictivos”, mientras que en Brasil rige el Examen Nacional de Enseñanza Media ENEM y en Chile la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES).
Al comparar nuestras cifras con Brasil y Chile, se observa que la evolución de la graduación universitaria total entre los años 2013 y 2021 es liderada por Brasil con un incremento del 33 por ciento, seguido por Chile con el 32 por ciento y Argentina con el 21 por ciento. Argentina presenta la mayor cantidad proporcional de estudiantes, alcanzando los 557 estudiantes por cada 10.000 habitantes, mientras que Brasil y Chile presentan 408 y 355 respectivamente. Sin embargo, ocurre lo contrario cuando se observa la cantidad de graduados cada 10.000 habitantes, dado que Argentina presenta apenas 31 mientras que Brasil presenta 61 y Chile 55. Estas diferencias también se observan en la eficacia en la graduación ya que de 100 ingresantes en el año 2017 se graduaron en Argentina en el año 2021 unos 28 estudiantes mientras que en Brasil lo hicieron 46 y en Chile 69.
La graduación universitaria se fortalece cuando ingresan los estudiantes secundarios bien preparados, especialmente en el último año del secundario. Esta preparación naturalmente tiende a reflejarse en una mayor graduación final, es decir mayor acumulación de capital humano.