El último “cambio de opinión” de Pedro Sánchez sobre los actos de terrorismo sólo puede calificarse de infamia. Se trata de una mentira repetida hasta la saciedad que demuestra que el Gobierno cede sin pestañear ante todas y cada una de las exigencias de Puigdemont. Hasta hace un par de días, Félix Bolaños, Pilar Alegría, Patxi López y Óscar Puente aseguraban que se trataba de “líneas rojas” que el PSOE nunca se saltaría. Que esos delitos no cabían en la ley de amnistía. Hasta que llegó Junts y exigió que la ley debía ampliarse a todos los actos del “procés”, incluso los calificados por el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional como terroristas. Y, entonces el PSOE, se arrugó y aceptó la enmienda del partido del prófugo de Waterloo que le blinda definitivamente ante los posible recursos en los tribunales europeos. Cuando se apruebe el texto en el Congreso, el golpista catalán podrá volver a España como un héroe, después de haber huido cobardemente en el maletero de un coche.
Así se salta Pedro Sánchez sus propias “líneas rojas”. Con su desvergüenza habitual, ahora afirmará que hay distintas categorías de delitos terroristas. A saber: los cometidos por los secesionistas catalanes cuando intentaron dar un golpe de Estado y el resto. Porque, para él, el vandalismo de las algaradas de Tsunami Democrátic, en realidad, son simples gamberradas, a pesar de que el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional sentenciaran que se trataba de actos terroristas.
Resulta difícil vaticinar lo que es capaz de aceptar Pedro Sánchez para permanecer en La Moncloa. Ahora, al comienzo de la legislatura, se salta las “líneas rojas” que marca el propio PSOE. Pero, en teoría, quedan 4 años de “Gobierno progresista”. Desde la misma noche de las elecciones el 23-J, El Imparcial vaticinó que el líder socialista se inventaría una fórmula para que pudiera celebrarse un referéndum de autodeterminación en Cataluña a sabiendas de que se trataba de un requisito para obtener el apoyo de Puigdemont. Y ocurrirá. Pero, ahora, ya nadie es capaz de conocer los otros planes del prófugo de la Justicia española. Nadie es capaz de adivinar las “líneas rojas” que se saltará Sánchez, todos los sapos que se tragará y hasta qué punto se humillará para amarrar el poder y contar durante toda la legislatura con los 7 escaños de Junts. Pero es indudable, que el desguace de la Constitución ya ha empezado. Porque en España, el que hace y deshace las leyes se llama Carles Puigdemont, un golpista cobarde huido de la Justicia.