El paso de Podemos al grupo mixto del Congreso y su independencia de Sumar creo que es una oportunidad para que se sume a una moción de censura contra Sánchez, lo que para ellos supondría una venganza respecto a la conducta que éste ha tenido y una oportunidad de oro de sacar más escaños en unas elecciones cercanas que sería el propósito de esa moción. A primera vista parece descabellado, pero ¿no se ha aliado Sánchez con la extrema derecha de Junts entonces por qué la derecha del PP y VOX no van a utilizar a la extrema izquierda para sus fines? No es tan raro que Podemos piense: Sánchez acabó con nosotros, ahora es la nuestra. Leí en un Diario que Podemos asegura que garantizará la estabilidad del Gobierno, pero, bueno, una cosa son las palabras y otra cosa los intereses.
Por otra parte, creo que se le haría mucho daño a Sánchez poniéndole a su ministra Yolanda Díaz una querella en el Supremo de acuerdo al punto 1 del art. 201 de la Constitución por entrevistarse para negociar con el fugado de la Justicia Puigdemont, investigado ahora por terrorismo, obviando su deber de perseguir delitos de acuerdo a los artículos del Código Penal 408 y 410. Por algo Sánchez, que no es tonto, la ha enviado a ella, pues sabe que es un delito y por eso dice que verá al delincuente tras la amnistía. Y si esa decisión de enviarla a Bruselas no ha sido una idea sólo de Sánchez, también incurso en delito por no colaborar con la Justicia, sino una decisión colegiada del Gobierno ¿no sería éste también responsable? A más sabios juristas dejo el estudio y la iniciativa, pues me parece que hay un atontamiento generalizado en la oposición al Sanchismo. Pero creo que cualquier ciudadano que se reuniera en España con un delincuente perseguido por la policía, por ejemplo implicado en el atentado a Vidal Quadras, sería inmediatamente detenido, aunque no fuese una autoridad, tanto más si lo es.
Se dice que Pedro Sánchez quiere implantar en España un régimen del tipo de quienes se reúnen en el Foro de Puebla, o sea una dictadura disimulada. Sin embargo lo de Sánchez es mucho más grave porque de paso quiere destruir su nación, lo que no se ha visto nunca en la historia de los dictadores.
Quizás la mejor solución para implicar a Europa en el problema que nos acucia sería plantear un conflicto institucional que hiciera muy difícil el Gobierno de España, por ejemplo, que la mesa del Senado hiciera inviable la ley inconstitucional de amnistía, aunque se disfrazara de los nombres más estrambóticos, propios de quien hace como el sanchismo un uso alternativo del Derecho sin límites, como si la Constitución y las leyes fueran un chicle que se estira a voluntad. Mientras, se escuchan las declaraciones indecentes de Otegui acusando de Lawfare o politizar la justicia a ésta y al Estado entero que por lo visto invitaba amablemente a la banda a seguir con sus asesinatos, de los cuales hay aún trescientos sin esclarecer por ellos ni condenar ninguno.
Yo no me atrevo a dar por confirmada una de las dos hipótesis que se esgrimen para explicar el carácter político de Sánchez. ¿Su conducta obedece a un puro afán de poder o realmente tiene una ideología de extrema izquierda además de lo otro? Sin embargo, el hecho de que se haya mimetizado con Podemos y haya acabado con él, su odio a la derecha, su magnífica relación con Zapatero y sus amiguetes bolivarianos me inclinan a resaltar la segunda de las hipótesis.
En cuanto a la falacia y confusión del uso de ciertos nombres, me parece más exacto decir separatismo que independentismo, por algo catalanes y vascos secesionistas no utilizan nunca la palabra separatismo. Porque independentismo implica que esas regiones son como colonias subyugadas que tienen derecho a independizarse, mientras separatismo significa que una parte, y de las más privilegiadas, de una de las naciones políticas más antiguas de Europa pretende separarse del país que le ha dado todo, desde lengua a trabajadores, como un hijo sin entrañas.
Se habla con más propiedad diciendo Hispanoamérica que Latinoamérica, porque sólo Brasil tiene un idioma que no es el español, y además decir que el español es latino es una redundancia. Quienes insisten en el segundo vocablo suelen ser los que se han tragado el cuento de la leyenda negra sobre España. Otra cuestión es que hay políticos y periodistas que insisten a propósito de la ruptura sanchista
del país, en que hablar de Estado de derecho es más apropiado que hablar de democracia. Pero no es así. Y aunque la palabra democracia es ambigua, fundamentalmente consiste en la separación de poderes, la expresión Estado de derecho tiene dos significados: Estado de derecho como ideal democrático y conjunto de leyes simplemente, democráticas o no. En este caso no se puede decir que una dictadura no sea Estado de derecho, porque no hay sociedad sin leyes que pueda subsistir. Por eso es menos ambiguo en el caso español hablar de ruptura de la democracia auténtica- división de poderes- que ruptura del Estado de derecho.