Bajo las órdenes de Lionel Meunier y con la participación de la exquisita agrupación vocal Vox Luminis, el Teatro Real presentó anoche, en versión de concierto semiescenificada (con puesta en escena de Benoit De Leersnijder) una de las obras esenciales de la historia de la música, Rappresentatione di anima e di corpo de Emilio De’ Cavalieri, drama sacro con prólogo y tres actos, a medio camino entre el género del oratorio y el de la ópera y una obra que marca perfectamente la transición de la música del Renacimiento a la del Barroco.
Estrenada en 1600 en el Oratorio de Santa Maria de Vallicella de Roma, tradicionalmente la obra ha estado adscrita al género del oratorio, pero sus características dramáticas, como su representación escénica, o la inclusión de un coro al lado de los solistas y la orquesta, la configuran ya como un exponente muy cercano al género de la ópera. Se adscriba a uno u otro género, es decir, ya se trate de una ópera piadosa o un oratorio (en este caso sería el primer oratorio), lo indiscutible es su posición fundamental en la historia de la música.
Este drama sacro en tres actos fue compuesto por Emilio de’ Cavalieri (1550-1603) sobre libreto del presbítero y predicador Agostino Manni (1547-1618), perteneciente a la orden de Felipe Neri. Manni era también autor de laudas, un género poético muy cultivado en el siglo XVI y de sólida tradición en toda Europa, primero en latín y luego en las lenguas vernáculas. Es la época de los autos sacramentales, donde abundan los personajes alegóricos que representan cualidades morales u otras abstracciones, de la enseñanza moral, del diálogo entre el alma y cuerpo como concepción dual cristiana. Estas obras acaban con el alma y cuerpo en armonía y, convencidos, invitan a la alabanza a Dios, lo que suele acompañarse de un baile general. Todo esto es aderezado con una música plagada de matices, timbres orquestales, ritmos, solos expresivos, variados conjuntos, efectos de eco entre instrumentos y entre voces.
De’ Cavalieri es un compositor de primer orden de la época. Era muy conocido como director en los círculos musicales y artísticos de Roma, y fue uno de los compositores integrantes de la conocida como Camerata Fiorentina o Camerata de’ Bardi, que, junto con Jacopo Peri y Giulio Caccini -los miembros más activos de la agrupación-, iniciaron compositivamente la trayectoria dentro del Barroco primitivo. La Camerata se propuso recuperar la tragedia griega -que creían que era toda cantada- y crear el estilo del recitativo. Precisamente, otra de las polémicas en torno a esta agrupación y la citada transición hacia la ópera es quién de los tres fue el primero en utilizar la monodia, es decir, en independizar una voz cantada como contraposición a la polifonía de los madrigales renacentistas. En Rappresentation di anima et di corpo se refleja la influencia del Concilio de Trento y la Contrarreforma, dado que el propósito de su concepción fue didáctico-religioso, es decir promover la fe católica. Las representaciones polifónicas impedían que el texto se entendiera correctamente por lo que la expresión “recitar cantando”, en la que se imitaba el canto, pero acentuando dramáticamente las palabras para despertar “afectos” en el público, cobra un especial sentido en esta obra de De’ Cavalieri. Según los testimonios que han llegado a nuestros días, su estreno debió de constituir un espectáculo impresionante. Tuvo lugar en el mes de febrero del citado 1600 y se programaron dos representaciones -tras declarar Clemente VIII el año como jubilar-, que sustituyeron al carnaval, prohibido ese año.
La partitura de la Rappresentatione, publicada meses después del estreno, contiene ya líneas vocales independientes y es la primera impresa con bajo cifrado. Alessandro Guidotti, el editor, le añadió un prefacio y una serie de advertencias con multitud de indicaciones interpretativas, aunque muy pocas sobre la escenografía; como que los músicos deben permanecer escondidos detrás de una tela. Atribuye ciertos instrumentos a determinados personajes, por ejemplo, al Placer, añadiendo detalles sobre el vestuario idóneo para cada uno. Desgraciadamente, no ha quedado ninguna iconografía sobre las representaciones de esta ópera-oratorio.
Ayer, el público del Teatro Real pudo disfrutar de una ejecución musical y vocal excepcionales, tal y como nos tiene acostumbrados la agrupación vocal Vox Luminis, que junto con un excepcional reparto en las voces solistas, actuó bajo las órdenes de Lionel Meunier. Precisamente este director de orquesta francés, que se formó musicalmente como cantante y flautista y comenzó su carrera como bajo en distintos conjuntos vocales, fue quien fundó la citada agrupación vocal, cuyo repertorio abarca la música inglesa, italiana y alemana del siglo XVII y principios del XVIII.
Pese a lo anterior, es de lamentar que la que se anunciaba como una representación en versión de concierto semiescenificada fuera “un poco más allá”, en la escena, de lo que el público está acostumbrado en obras barrocas, dado que una pantalla de vídeo en continuo movimiento (tanto la escenografía como el concepto de vídeo son de Emile Lauwers) dificultaba la concentración en la música de los asistentes, según los comentarios a los que ha podido tener acceso este diario.
Hay que destacar la grabación de Rappresentatione di anima et di corpo realizada por René Jacobs en 2015 para la Akademie für Alte Musik Berlin; la más reciente es la dirigida por Giovanni Antonini en 2023.